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El párroco Aday García Jiménez, en la casa museo de fray Andresito, en Ampuyenta, en el municipio de Puerto del Rosario. Javier Melián / Acfi Press
Aday García: «El mensaje de santidad de fray Andresito está vigente en el siglo XXI»

Aday García: «El mensaje de santidad de fray Andresito está vigente en el siglo XXI»

Religión ·

Dentro de los actos de las fiestas en honor al franciscano majorero, el párroco glosa su motivación cristiana y entrega a los pobres. El papa Francisco declaró venerable a Andrés García Acosta en 2016, aunque aún faltan dos pasos más para conseguir su canonización

Catalina García

Ampuyenta

Miércoles, 10 de enero 2024

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El mismo frío de invierno que sintió fray Andresito en su pueblo natal, antes de emigrar en 1832 para realizar su apostolado en Argentina, Uruguay y Chile, sacude la mañana y reverbera las palabras del párroco Aday García Jiménez sobre su motivación cristiana, la tramitación del proceso de canonización y su entrega a los pobres. El cura de Tuineje y Gran Tarajal glosa esta motivación del fraile majorero Andrés García Acosta (Ampuyenta, 1800-Santiago de Chile, 1853) dentro del programa de fiestas en honor al franciscano en Ampuyenta, en el municipio de Puerto del Rosario.

El fraile majorero es venerable, el primer escalón del proceso de canonización, desde hace poco más de siete años, recuerda el párroco Aday García. Aunque el recorrido para convertirle en santo arrancó en 1893, el papa Francisco fue el que dio este primer paso el 8 de julio de 2016 y que consiste en que la Iglesia reconoce las virtudes heroicas del franciscano de Ampuyenta. Desde entonces, el proceso está «esperando por el milagro que certifique su posible beatificación y luego canonización, que es el último paso hacia su veneración como santo. Esto es, que es procedimiento totalmente abierto y vivo, no estancado».

Retratos del franciscano majorero emigrado a América en 1832 en su casa museo.
Retratos del franciscano majorero emigrado a América en 1832 en su casa museo. Javier Melián / Acfi Press

Aday García (Montaña de Gáldar, Gran Canaria, 1989), al frente de las iglesias de Tuineje y Gran Tarajal desde julio de 2021, desgrana los motivos que llevaron a fray Andresito a entregar su vida a las personas más desfavorecidas. «Era un muchacho que aquí, en Ampuyenta, se ganaba el pan con el sudor de su frente, destacando ya por su bondad».

Andrés García, que se quedó huérfano de padre y luego de madre en una Fuerteventura de principios del siglo XIX que sólo daba necesidad y pobreza a sus hijos, se dedicó a cuidar cabras ante de decidir emigrar a América en 1832. «No quiero centrarme tanto en los pocos datos biográficos de fray Andresito antes de su viaje sino en que la vocación de todo cristiano es la santidad, no santidad como la imagen vendida a veces como muy alejada de los mortales y donde se remarcan las cualidades tan extraordinarias de los futuros santos que provoca el alejamiento de la gente y de la vida común de los cristianos. Y es totalmente lo contrario porque la misma vocación que sintió el fraile majorero la sentimos todos los que somos bautizados. El vivió en su contexto histórico del siglo XIX, fue como fue, pero también nosotros en este siglo XXI, en medio de una sociedad tremendamente distinta a la de Andrés García, también podemos vivir su misma motivación cristiana».

El reverendo Aday García que da una charla sobre 'La santidad: horizonte de vida de fray Andresito' en el marco de las fiestas en honor al franciscano majorero.
El reverendo Aday García que da una charla sobre 'La santidad: horizonte de vida de fray Andresito' en el marco de las fiestas en honor al franciscano majorero. Javier Melián / Acfi Press

El reverendo del sur majorero también trae a la actualidad las cualidades de Andresito de honradez, generosidad y de ser una persona justa y pacífica. «Son valores perennes que, en estos momentos de guerra, cuánta gente no desea esta paz y este horizonte pleno. El hombre y la mujer, tanto del siglo XIX como del XXI, siguen teniendo en su interior un ansia de plenitud y de felicidad que, para el cristiano, sólo lo llena Jesús. En aquel contexto y en el de hoy, por lo tanto, continúa siendo válido ese mensaje de santidad, ese ánimo de vivir como el fraile de Ampuyenta porque eso no muere: todas las personas vamos a seguir necesitando amar, tener pan, ser felices, tener tranquilidad».

Lo que García sí intenta explicar de la vida del fray es su dedicación casi exclusiva a los más desfavorecidos en América, en especial en Santiago de Chile. «Fue por vivirlo en carne propia en Fuerteventura» y señala a su casa natal, ahora casa museo. «Cuando uno sufre la pobreza, no puede hacer otra cosa que, con los medios que tiene, ayudar».

La mañana se levanta fuera de la casa museo: mismo frío, mismos valores.

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