Mónica González junto a sus tres hijos: Eirik, Aixa y Neiza. / Arcadio Suárez

La Palma: un año de la erupción

«Un año después estamos peor. La sensación es de vacío absoluto, de vivir sin tener vida»

Mónica González vive un año después del volcán en un hotel. La lava se llevó su casa y aunque ha cobrado del Consorcio no le alcanza para un piso. Pide que se cumplan las promesas

Silvia Fernández
SILVIA FERNÁNDEZ Los Llanos (La Palma)

Mónica González Díaz salió de su casa en el pueblo de Todoque el 19 de septiembre del 2021, apenas una hora después de que el volcán entrara en erupción en la isla de La Palma. Hoy, un año después, tras haberlo perdido absolutamente todo, pasa los días como puede entre la habitación y la recepción de un hotel de Los Cancajos, al otro lado de la isla y lejos de su familia y allegados. «La sensación es de vacío absoluto. Es como vivir sin tener vida», apunta.

Unas mantas y unas almohadas fue todo lo que cogió de su casa para pasar junto a su familia -su marido y sus hijos de 20, 17 y 7 años- la primera noche de la erupción. «Supuestamente iban a ser un par de días», apunta Mónica, que no puede contener las lágrimas al recordar todo lo vivido y la incertidumbre en la que sigue instalada ella y su familia. «El volcán paró nuestras vidas el día que entró en erupción y seguimos en el mismo punto. Anclados y abandonados», apunta Mónica.

Desde aquel 19 de septiembre y hasta ahora su vida ha consistido en dar vueltas y alojarse en casa de familiares y amigos. En este tiempo ha residido hasta en tres viviendas gracias a la ayuda de otros palmeros. Hace siete meses el propietario de la vivienda en la que vivían en Santa Cruz de La Palma necesitó alquilarla y Mónica, que hasta entonces no se había beneficiado de los recursos públicos, pidió ayuda al Cabildo que los alojó en el hotel H10 Taburiente de Los Cancajos donde se encuentra actualmente y donde recibió a CANARIAS7.

Presiones para dejar el hotel

Desde hace unas semanas el Cabildo de La Palma les está presionando para que abandonen el hotel pero sus opciones son muy limitadas. El hotel, apunta, no es el mejor lugar para vivir pero por ahora es el único que tienen. «Si nos vamos de aquí nos quedamos en la calle. Cada día me levantó con eso y así no se puede vivir», manifiesta entre lágrimas.

En La Palma apenas hay pisos en alquiler y los que hay han duplicado o triplicado sus precios. A río revuelto, ganancias de pescadores y muchos propietarios han visto la oportunidad de hacerse de oro con los problemas de alojamiento de muchas personas. De costar 300 ó 400 euros los pisos están cerca de los 1.000 euros y eso es imposible sostenerlo para muchas familias como la de Mónica. Ella está de baja laboral y su marido cobra una pequeña paga por una minusvalía que padece. «Prometieron muchas ayudas. Dijeron que ninguna persona se iba a quedar sin vivienda pero un año después aquí estamos, igual o incluso peor», indica Mónica, que solo pide «un techo» para poder retomar su vida y seguir hacia adelante.

Esperanza de recibir una vivienda en Los Llanos

Su única esperanza es una llamada que ha recibido de la concejala de El Paso, Ángeles Fernández, que tras conocer su caso se ha puesto en contacto con ella y todo apunta a que se les va a conceder una vivienda. «Espero que nos den esa casa porque podríamos empezar a vivir», explica.

Mónica y su marido han cobrado hasta ahora 16.000 euros de los enseres y de las donaciones que han utilizado en parte para comprar lo imprescindible que necesitaban para vivir. También cobraron del Consorcio de Seguros por su vivienda cerca de 100.000 euros. Ellos eran de los pocos afectados que tenían asegurada su casa. Cuando les llegó el dinero decidieron pagar la hipoteca que les quedaba al banco y así saldar sus deudas.

«¿Para qué íbamos a seguir pagando una casa que ya no teníamos?», apunta Mónica. Así que con lo cobrado desembolsaron 35.000 euros para cerrar el crédito hipotecario con el banco. Hoy en la cuenta tienen 70.000 euros. Un dinero que no alcanza para comprar un piso y que si destinan al alquiler 'se lo comen' en pocos años y en nada, se ven sin ahorros y sin casa y con tres hijos en edad de estudiar. «La situación es muy dura. Yo últimamente, no sé si porque se acerca el año, no hago más que llorar. Perdimos todo y no nos están ayudando como dijeron», dice.

Hasta ahora Mónica no ha recibido una vivienda -se han entregado 139 y fueron unas 500 las familias que perdieron todo- porque, según le dicen, cobró dinero del seguro.

Tampoco le corresponde por esta circunstancia, según le dicen, ayuda al alquiler con lo que ella y su familia no tienen ningún respaldo de las administraciones ahora mismo salvo la pequeña esperanza que se acaba de abrir con la llamada del ayuntamiento de El Paso. «Estamos en el hotel y puede parecer una maravilla pero vivir aquí no es fácil», indica.

Igualdad de trato para todos los afectados

Mónica se queja de las diferencias que hay a la hora de aplicar los parámetros de las ayudas. «Conozco gente que cobró del seguro y más que nosotros y que ya le han dado una casa. ¿Por qué nosotros no?», se pregunta esta mujer, que al igual que muchos otros afectados de La Palma, se queja de la falta de transparencia e información cuando se piden los datos de las baremaciones utilizadas en la entrega de las viviendas a los afectados. «Solo pido vivir dignamente y que nos traten igual que al resto de los afectados. ¿Por qué para unos sí y para otros no?», se queja Mónica.

Hoy se arrepiente de haber ido con la verdad por delante y de haber tenido un seguro en su vivienda. Quizás de otra forma las cosas serían hoy diferentes. «Este volcán ha sido terrible. Yo todavía a veces lo siento como si estuviera en un sueño, como si no fuera real todo lo vivido», indica Mónica.

Una casa «no son solo cuatro paredes»

Asegura que siente un año después lo mismo que cuando murió su padre, al que una enfermedad se llevó de la noche a la mañana. «La gente piensa en un casa como en cuatro paredes pero es mucho más. Es tu hogar, tu refugio, donde tienes tus recuerdos, tu vida», indica.

Sus hijos son su principal apoyo y su primera preocupación. El mayor, Erik, estudia ADE en Tenerife y su intención es que los otros dos: Aixa y Neiza puedan hacerlo también. «Por eso tampoco podemos tirar de esos 60.000 euros. Nuestros hijos tienen derecho a estudiar y no que un volcán trunque sus vidas», indica Mónica, que recuerda con rabia las palabras de una trabajadora social, que hace unas semanas ante la petición de más ayuda le dijo que su hijo mayor, Erik, ya tenía edad de ponerse a trabajar. «¿Acaso tuvo él la culpa de que un volcán se llevase todo lo que teníamos para dejarlo sin futuro?», se pregunta Mónica.

Su hijo Erik asegura que e ste año «ha sido el peor de su vida» y confía en que esa vivienda llegue y la situación de su familia mejore. Sus hermanos pequeños Aixa y Neiza confían en poder volver a vivir en en el valle donde vive su abuela y sus amigos, y dejar cuanto antes el hotel.