Del hambre

Cómo no dejar para mañana lo que podemos hacer hoy

Pautas para evitar posponer tareas importantes en el día a día

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

Ya lo dice el refrán: 'No dejes para más tarde lo que puedas hacer hoy'. Pero la realidad es que aquello que no nos resulta suficientemente atractivo como para emprenderlo en el momento pasa directamente al 'cajón' cerebral del 'ya lo haré luego'. O mañana, o pasado, o el próximo lunes, como nos pasa con las dietas, el deporte, los estudios o la declaración de la renta.

– ¿Por qué lo hacemos?

– Al cerebro le cuesta centrarse en realizar tareas que le generarán satisfacción a largo plazo, así que las sustituye por acciones que le producen una gratificación inmediata (mirar redes sociales, comprar cosas 'online', chatear...). De lo que no se da cuenta es de que el tiempo que pierde en ello va en detrimento de la ejecución de las tareas importantes –explica Sandra Farrera, experta en Psicología Clínica y Forense y directora médica de Psicología de Top Doctors–.

Es lo que se conoce como procrastinación y ocurre, especialmente, cuando la actividad a realizar es nueva, requiere mayor esfuerzo de lo habitual o está sujeta a la valoración de otras personas. Así, «es más probable que posterguemos aquello que es novedoso, que no hemos elegido hacer por placer, que nos aburre o que nos genera dificultad, miedo, vergüenza o ansiedad, frente a aquello que nos place y nos motiva», expresa María Victoria Sánchez López, directora en GrupoLaberinto Psicoterapia para la Salud, en Madrid.

¿Y quién es más propenso a procrastinar? Los estudios no son concluyentes, pero sí hay algunas teorías al respecto. Por ejemplo, se sabe que «el cerebro de la mujer tiene tendencia a realizar muchas más cosas a la vez que el del hombre, por lo que le es fácil no postergar tanto las tareas, especialmente si esa acción va dirigida a otras personas», comenta Farrera.

Extrovertidos y perfeccionistas

Asimismo, sostiene que «las personas con rasgos obsesivos y perfeccionistas no procrastinan tanto cuando conocen bien la tarea a realizar, y la ejecutan antes que otros individuos cuando es una actividad novedosa, aunque también les lleva más tiempo». Sin embargo, cuando es una labor por la que serán juzgados, «tienden a retrasarla por miedo a la crítica y el rechazo», agrega Sánchez.

El carácter también influye. «Las personas extrovertidas posponer y postergan más habitualmente situaciones. Son dopaminérgicas, es decir, buscan hacer primero aquello que les genera placer e inmediatez, por lo que su procrastinación es mayor que la de las personas introvertidas, que suelen ser más reflexivas y con tendencia a seguir un proceso de trabajo que les haga sentirse bien con el esfuerzo realizado», declara Farrera.

Ella considera, además, que «en las nuevas generaciones hay mayor procrastinación, por las interferencias constantes que proporciona la tecnología». Sánchez, en cambio, no lo tiene tan claro: «En las familias, con frecuencia, hay un sesgo de memoria por el que los adultos se recuerdan en la adolescencia más responsables y organizados que sus hijos menores ahora y piensan que procrastinan más de lo que lo hacían ellos».

«Creencias adquiridas como 'tengo que hacerlo perfecto' o 'no soy capaz', influyen en la procrastinación»

Mª Victoria Sánchez López

Psicóloga

A pesar de todo, recuerda que cada persona tiene una historia y que esta dificultad puede tener orígenes y consecuencias diversas. «A veces el motivo es que invertimos mucho tiempo en otras tareas, como el trabajo, los estudios o mantener a raya a personas, pensamientos, sensaciones o emociones tóxicas, todo lo cual puede dejarnos sin energía que dedicar a otras cuestiones, como las gestiones del banco o el cuidado de la casa», asegura.

Y añade otra variable: la educación. «Lo que hemos aprendido desde pequeños en nuestro entorno nos lleva a repetir ciertas conductas y a tener determinadas creencias como 'tengo que hacerlo perfecto' o 'no soy capaz', que influyen mucho en nuestro desarrollo como adultos», dice.

Sea como fuere, el retraso que conlleva la procrastinación deriva en nerviosismo, culpabilidad, posible baja autoestima, bajo concepto, frustración y pérdida del control del tiempo, lo que puede repercutir en la calidad del trabajo que se hace a última hora. De ahí la importancia de prevenirlo. Las expertas nos dan algunas claves para conseguirlo:

El autocuidado

«En primer lugar, hay que identificar el origen de esta actitud (saturación, perfeccionismo, bloqueo, falta de energía…). Después, determinar la motivación para realizar las actividades (lo hago 'porque es bueno para mi salud', 'porque es importante para mi hijo', 'para evitar problemas laborales'…). Además, es muy importante saber cuáles son mis necesidades (por ejemplo, si necesito descansar más, comer mejor…) y poner límites cuando sea oportuno (decir que no a determinadas propuestas o actividades). Esto previene la saturación mental que a veces lleva a la inactividad y mejora el rendimiento», sugiere Sánchez, quien también recomienda calendarizar las tareas, priorizando lo urgente y lo importante, y valorar si hay un exceso de estas.

Técnica 'solo unos minutos'

Propuesta por la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik, parte de la idea de que a nuestro cerebro no le gusta dejar las cosas a medias. Es decir, cuando empezamos una actividad, nuestro sistema nervioso experimenta una activación cerebral semejante a la ansiedad que solo desaparece cuando damos por finalizada la tarea. Su sugerencia, pues, es centrarse unos minutos en la labor que queremos emprender. Así crearemos la ansiedad positiva suficiente para querer finalizarla.

Técnica pensamiento doble

Diseñada y desarrollada en la Universidad de Pensilvania (EE UU), sugiere anotar en un papel dos beneficios evidentes que nos reportará llevar a cabo el proyecto que queremos hacer y dos obstáculos que podemos encontrar al ejecutarla. «La fórmula es conseguir un equilibrio para motivarnos, porque si solo vemos la parte buena, o únicamente la mala, no obtendremos realmente el éxito esperado», declara Farrera.

Si ninguna de estas herramientas nos funciona y la procastinación nos supone una fuente de estrés o problemas crónicos las especialistas sugieren consultar con un profesional de la psicología.