Los móviles con la 'vida' más larga

El Gobierno prepara un etiquetado de reparabilidad para dispositivos y electrodomésticos

José Carlos Castillo
JOSÉ CARLOS CASTILLO

La tecnología de antaño estaba hecha para durar. Si uno desempolva su vieja televisión, reproductor VHS o consola de videojuegos, probablemente sigan funcionando como el primer día. Sin embargo, el teléfono móvil que compramos hace dos años ya presenta síntomas de agotamiento. Igual esa maquinilla eléctrica, la tostadora o el microondas.

A esto último se le conoce como obsolescencia programada: el afán de los fabricantes de electrodomésticos (tecnología en general) por comercializar productos con fecha de caducidad; que funcionen correctamente varios años hasta que se haga inevitable su reemplazo.

Clave en este sentido es la escasa reparabilidad de los aparatos: décadas atrás, las tiendas de servicio técnico estaban a la orden del día. Resultaba sencillo adquirir las piezas que prolongasen la vida útil de cualquier producto. Ahora, la tónica habitual es que sale más barato comprar una lavadora o frigorífico nuevos que repararlos, algo completamente intencionado por parte de las marcas.

El Parlamento Europeo ha emprendido cuantiosas acciones frente a la obsolescencia programada de un tiempo a esta parte. La última es el llamado ' derecho a reparar' (aprobado el pasado noviembre), que limita la electrónica de un sólo uso obligando a sus responsables a facilitar las reparaciones e informar sobre la facilidad para llevarlas a cabo.

Francia ha sido el primer país en acogerse a la norma, tras la implantación de un 'índice de reparabilidad' a comienzos de año. El mismo sobre el que ha manifestado interés el Ministerio de Consumo español, sin concretar a qué categorías de dispositivos incumbirá ni cuándo lo apreciaremos en los etiquetados comerciales.

ïndie de reparabilidad francés

Pero, ¿en qué consiste exactamente dicho índice de reparabilidad? El Gobierno lo define como «una clasificación de los aparatos eléctricos y electrónicos en una escala de cero a diez puntos». Dicha puntuación se calcula en base a cinco criterios objetivos: la documentación proporcionada por el fabricante para la reparación, la facilidad para desmontar el aparato, la disponibilidad de piezas de repuesto, la relación entre el precio de las piezas de repuesto y el del producto original; y otros «criterios específicos» relativos a la complejidad del software (programa informático) inherente.

Aunque serán los fabricantes o importadores quienes calculen el índice de los aparatos que comercialicen, las autoridades de Consumo y Vigilancia de Mercado supervisarán que el etiquetado sea correcto. Si seguimos el modelo galo, hablamos de una número junto al icono de una llave inglesa inscrita en un engranaje, sobre un fondo de color (de menor índice a mayor: rojo, naranja, amarillo, verde claro y verde oscuro). Ésto podremos apreciarlo tanto en el embalaje del artículo como en su ficha descriptiva, en el sitio web de la marca.

En el ejemplo bajo estas líneas observamos la mentada etiqueta respecto a un iPhone 12 mini de Apple. Su índice de reparabilidad es de 6 puntos sobre 10, lo que resulta de puntuar cada uno de los factores anteriormente enumerados y calcular la media aritmética. Hablamos en este caso de un smartphone difícil y costoso de reparar: haremos bien en optar por otro con una calificación superior si no queremos gastar mucho al cambiarle la pantalla (porque se haya roto) o la batería (por el desgaste natural tras numerosos ciclos de carga).

Obviamente también entra en juego la fiabilidad de cada fabricante: puede que un móvil tenga un índice de reparabilidad sobresaliente pero, en cambio, se estropee cada dos por tres debido a lo barato de sus componentes. La idea es que cada consumidor encuentre el término medio acorde a sus intereses; que cuente con toda la información posible para granjearse una inversión rentable a largo plazo. Véase también el etiquetado de consumo energético en televisores o lavavajillas (por citar dos supuestos): lo que nos ahorramos con un modelo económico queda en nada si luego encarece la factura de la luz.

En España, el índice de reparabilidad irá acompañado de acciones de sensibilización para que la ciudadanía se habitúe a consultarlo e interpretarlo, anunció hace unos días el ministro de Consumo, Alberto Garzón.