SANDRA LODI

La siesta en el trabajo mejora el rendimiento

No es de vagos. Hay que acabar con su mala fama

Marta Fdez. Vallejo
MARTA FDEZ. VALLEJO

quién no le ha dado un ataque de sueño después de comer cuando volvemos a sentarnos delante del ordenador? Se te cierran los ojos, no puedes concentrarte, incluso sientes una sensación de pesadez o de dolor de cabeza y luchas para evitar una cabezada. Miras con envidia las butacas de la oficina, pero no, te da vergüenza y, al final,te levantas a por un café a la máquina para superar el sopor. Porque, no nos engañemos, quedarnos dormidos en el trabajo está mal visto, seríamos objeto de bromas y nos tacharían de vagos. Pues cometemos un error, la siesta laboral tiene muchas ventajas para la salud y la productividad laboral.

Las investigaciones realizadas no dejan lugar a dudas. «Han demostrado ya que una siesta corta, de quince o veinte minutos, mejora la concentración y el rendimiento por la tarde en el trabajo», señala Javier Puertas, vicepresidente de la Sociedad Española del Sueño (SES).

Existen evidencias científicas. «En el cerebro hay una estructura, la corteza prefrontal dorsolateral, que está siempre activa. Es importante en la toma de decisiones, la atención, la función ejecutiva, la organización, la memoria a corto plazo...», detalla Diego Redolar, profesor de Neurociencias de la Universitat Oberta de Catalunya. Todas ellas, facultades fundamentales en el trabajo. «Por su continua actividad, esa zona del cerebro se agota durante el día y una siesta corta le permite descansar, resetear y, a partir de ahí, optimizar el nivel de funcionamiento», precisa.

Esa cabezadita en el trabajo, por tanto, es «muy recomendable», ya que «aumenta sin duda el rendimiento laboral por la tarde». El efecto de «mejora cognitiva»nos dura hasta la noche. Y no solo funcionan en el ámbito laboral. Estos días, el joven campeón del US Open, Carlos Alcaraz, ha destacado como una de las claves de su preparación las llamadas 'power nap', minisiestas de entre veinte y treinta minutos, que el tenista hace antes de saltar a la cancha. Los expertos advierten que no hay que pasar de veinte minutos «porque afectaría al sueño nocturno».

En los convenios

Pero está la cuestión cultural. Porque sigue siendo una costumbre mal vista en el entorno laboral. Es una fama «injustificada», defienden los expertos. «Todo el mundo ve bien ir a tomar un café veinte minutos, pero si ese mismo tiempo se empleara para echar una cabezada lo veríamos poco serio, se asociaría a una persona vaga... Tenemos que quitar ese estigma al sueño como símbolo de algo frívolo, de pereza», insiste Puertas. Por otro lado, la siesta laboral «se ha vinculado a un hábito mediterráneo, de países poco productivos». Sin embargo, países como Japón o Estados Unidos ya fomentan este descanso en las empresas para elevar la productividad.

Los estudios realizados por Eduard Stivell, especialista en alteraciones del sueño, ponen cifras a los beneficios laborales de esa costumbre: aumenta el rendimiento por la tarde entre un 10% y un 12%. Y remite a ejemplos concretos: los trabajadores de las fábricas japonesas de Toyota empezaron a hacer una siesta de veinte minutos después del almuerzo y la producción de coches aumentó un 15%. Otro estudio de la NASA con 747 pilotos demostró que los que echaban una cabezada de veintiséis minutos cometían un 34% menos de errores en el trabajo y duplicaban sus niveles de alerta.

«En occidente tenemos un déficit crónico de sueño», alerta Puertas. Yespecialmente en España, donde se duerme menos horas que en otros países europeos –poco más de seis, frente a las ocho necesarias–. El vicepresidente de la Sociedad Española del Sueño ahonda en el problema: entre los 30 y los 50 años, la etapa de plena vida laboral, es cuando se crían los hijos y padres y madres acuden al trabajo durmiendo incluso menos de esas seis horas, por lo que la siesta sería una necesidad mayor.

«Es un tema que debería tratarse ya en las empresas y ser una reivindicación de los sindicatos para los convenios. Aunque entiendo que a los primeros que lo propongan les puede caer una...», se teme el especialista en sueño. Lo ideal, dice, sería lograr que las empresas dispongan de una sala específica, silenciosa y con poca luz y equipada con tumbonas para estas cabezaditas exprés.

No es habitual, pero no se trata de una demanda fuera de lugar. «Ya hay determinados puestos en los que la ley marca que el trabajador debe descansar cada dos horas por seguridad, como en fábricas en las que los empleados están en líneas de producción o tienen una gran carga física», señala Ismael Sánchez, presidente de la Asociación de Especialistas en Prevención y Salud laboral. Reconoce que introducir las reclamaciones de la siesta en convenios es complejo porque no se considera una medida tan urgente como otras que buscan proteger de accidentes al trabajador.

«Falta cultura del sueño, tenemos una concepción de salud del sueño más frívola», concluye Javier Puertas. No le damos la importancia que tiene. La propia Fundación Española del Corazón afirma que la siesta tiene, además de mejorar el rendimiento, otros beneficios físicos. «Baja los niveles de presión arterial y el ritmo cardíaco, reduce el estrés y disminuye el riesgo de sufrir un problema cardiovascular».

«Vemos bien salir 20 minutos a tomar un café pero echar una cabezada lo asociamos con la pereza»