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Por qué nos despertamos antes de que suene la alarma del despertador

Por qué nos despertamos antes de que suene la alarma del despertador

Los ritmos circadianos y los anuales son muy importantes en nuestra biología

Amanda Sierra

Achucarro Basque Center for Neuroscience

Domingo, 31 de marzo 2024

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Con la llegada de la primavera vuelven los vencejos, brotan las flores en los parques y las terrazas en las aceras y muchos nos sentimos más livianos de espíritu. La vida en la Tierra es cíclica. Hay un meme famoso en el que dos alienígenas bromean sobre la (escasa) inteligencia de la especie humana por celebrar que nuestro planeta haya completado otra vuelta al sol, pero lo cierto es que los ritmos diarios (circadianos, del latin 'circa', alrededor de, y 'diez', día) y anuales son muy importantes en nuestra biología.

Prácticamente todos los seres vivos de este planeta tienen un reloj molecular en cada una de sus células, desde una simple bacteria hasta una complejísima neurona. En las células hay proteínas específicas que se producen, se activan y se destruyen mutuamente, lo que origina un comportamiento cíclico que, ¡tachán!, dura aproximadamente 24 horas.

¿Coincidencia? No. Se trata de un caso de presión evolutiva para adaptar nuestra actividad, metabolismo y comportamiento a la duración del giro de nuestro planeta alrededor del sol, y que se originó al mismo tiempo que apareció la vida en la tierra.

Para asegurar que estos relojes moleculares están sincronizados con el ritmo de luz-oscuridad marcado por la rotación de la tierra, los animales utilizan un complejo sistema de hormonas, que se producen en una región pequeñita de nuestro cerebro llamada hipotálamo y llegan por el torrente circulatorio a todos los órganos.

Una de estas hormonas es la melatonina, que seguramente les será familiar a aquellos de ustedes que hagan viajes intercontinentales con frecuencia. La melatonina es sintetizada por nuestro cerebro de noche, y los viajeros con 'jet lag' –el desajuste que sentimos en el cuerpo al tener que adaptarnos a un diferente huso horario habitualmente tras un viaje de larga distancia– la toman para poder dormir porque le hace pensar a nuestro cerebro que, sea la hora que sea, es de noche y toca descansar.

Relojes, rutina y salud mental

Estos relojes moleculares son responsables también de que nos despertemos cinco minutos antes de que suene el despertador por las mañanas porque nos permiten anticipar qué va a ocurrir en nuestra rutina y adaptar nuestro metabolismo a las expectativas. Su funcionamiento es esencial para regular la reproducción, longevidad, y hasta la salud mental.

En otro sentido, pequeñas alteraciones del ciclo circadiano, como trasnochar los fines de semana o el cambio de hora anual –como el que ha tenido lugar este domingo–, no suponen ningún efecto en nuestra salud, ya que en unos pocos días el reloj vuelve a sincronizarse de manera automática.

Pero hay otras situaciones en las que los efectos son más evidents. Las personas que trabajan a turnos, a veces de mañana y a veces de noche, sufren graves alteraciones de su ciclo circadiano que se han relacionado con mayores riesgos de enfermedades cardíacas y metabólicas, aunque también hay que tener en cuenta que los trabajos nocturnos no suelen ser compatibles con una alimentación sana y con hacer ejercicio de manera regular. En ratones de laboratorio, la interrupción crónica de los relojes moleculares lleva incluso a reducir su supervivencia.

El ejemplo opuesto son los seres vivos adaptados a la vida en los polos. En la larga noche polar, los renos son capaces de mantener un ciclo metabólico de 24 horas gracias a sus relojes moleculares, aunque no estén expuestos a luz solar para sincronizarlos. Desgraciadamente, no se ha estudiado cómo se adaptan los inuits u otros pobladores del ártico a la falta de un ciclo de luz, y cómo puede eso impactar a su salud, aunque se sabe que tienen altas tasas de suicidio.

¿Sincronizar para curar?

Con toda esta información, es natural entender que se estén explorando los beneficios terapéuticos de la 'luminoterapia', que consiste en la exposición a una luz intensa que se asemeja a la solar. Un estudio reciente que revisaba 21 ensayos clínicos ha llegado a concluir que la luminoterapia tiene efectos beneficiosos moderados para tratar los síntomas depresivos, particularmente para aquellos asociados a la depresión estacional, que suele ocurrir cuando llega el invierno.

Los beneficios de la luminoterapia en otras enfermedades aún están por determinar. Pero seguro que un paseo por la playa para hacer ejercicio y resincronizar nuestro ciclo circadiano nos sienta bien.

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