Coronavirus en niños, un misterio aún sin resolver

Aunque a partir del próximo 26 de abril puedan salir a la calle «un rato al día», deberán seguir las mismas recomendaciones en cuanto a medidas preventivas para evitar riesgos, tanto de contagio como de transmisión

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

El próximo día 26 de abril los niños podrán salir de casa «un rato al día», como anunció el Gobierno el pasado sábado. Los padres han recibido la noticia con cierto alivio, pero todavía quedan muchas dudas por resolver. No solo sobre los criterios que definirán estas salidas, sino también sobre el papel que el COVID-19 juega en la vida de los menores, un misterio al que aún no se ha dado respuesta.

Una cosa sí está clara: este virus incide más en los adultos. De hecho, a nivel mundial, los niños y jóvenes menores de 18 años suponen entre el 1-5% de todos los casos diagnosticados (2% en China, 4% en Italia, 5% en Estados Unidos). « En España, la cifra que se maneja es del 0,9-1%, aunque esto no incluye los que hayan podido pasar la enfermedad de forma subclínica o asintomática», expresa Teresa Cenarro, vicepresidenta de la Sociedad Española de Pediatría y Atención Primaria (AEPap). «Tampoco se sabe si los los test rápidos del coronavirus que se están llevando a cabo tienen la misma sensibilidad en los niños».

Dada la poca información de la que se dispone, el investigador Jonas F. Ludvigsson publicó el pasado 20 de marzo, en la revista Acta Paediatrica, una revisión de los estudios publicados en el mundo, desde principios de año, que han analizado el impacto del SARS-Cov-2 en la población más joven. En total son 45 trabajos y la mayoría han sido desarrollados en China, aunque también en Europa (Italia) y Estados Unidos.

Sus conclusiones son las siguientes: los niños contagiados tienen un periodo de incubación de la enfermedad más corto (1 ó 2 días frente al máximo de 14 que se contempla en un adulto) y sus síntomas son más leves, fundamentalmente fiebre (menor de 39 grados), enrojecimiento faríngeo, tos y, con menor frecuencia, vómitos y diarrea. Además, tienen un pronóstico mejor, con menos morbilidad respiratoria (neumonías y Síndrome de Distrés Respiratorio Agudo) y menos muertes (solo se han registrado dos en todo el mundo, ambas en China). Por otra parte, la incidencia de casos severos y críticos va disminuyendo con la edad, pasando del 10% en menores de un año al 3% en el grupo de 16-17 años.

Las hipótesis que se barajan para explicar todo esto son varias. Entre ellas, que el receptor de la proteína S del virus, el ECA2 (enzima convertidora de la angiotensina 2), está menos maduro y puede hacer que el virus tenga una capacidad inferior de penetrar en las células sanas. Asimismo, los niños sufren infecciones virales constantes, de modo que su sistema inmune puede estar más preparado para responder rápidamente frente al SARS-Cov-2. Además, no suelen tener comorbilidades que empeoren la evolución del COVID-19 (enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión o insuficiencia respiratoria crónica), por lo que el proceso vírico se puede manifestar de forma más leve. «También se valora que la microbiota de su garganta y los gérmenes por los que están colonizados, que son diferentes a los de los adultos, les protejan», añade Cenarro.

Que no les afecte tanto, sin embargo, no anula su capacidad de actuar de transmisores de la enfermedad, algo que ocurre en otras enfermedades víricas respiratorias, como la gripe, y que también es posible en el caso del nuevo coronavirus, aunque no se sabe a ciencia cierta. Por ello, a pesar de que se les permita salir a la calle el próximo lunes, deben seguir las mismas recomendaciones en cuanto a medidas preventivas para evitar riesgos, tanto de contagio como de transmisión.