¿Quién usa mal los antibióticos?

El abuso durante décadas amenaza con un mundo sin un básico de la salud

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

El mal uso de los antibióticos no da para más. La Organización Mundial de la Salud ha alertado de que el mundo podría quedarse sin su principal arma contra las enfermedades infecciosas en el plazo de 30 años, si no se pone freno ya al actual desbarajuste. La medicina occidental se enfrenta a un desafío comparable sólo al del cambio climático. En 2050 –esa es la fecha estimada, aunque podría adelantarse–, la aparición de bacterias cada vez más resistentes a los antimicrobianos devolverá a la humanidad al mundo anterior al hallazgo de la penicilina. Tradicionalmente, los médicos han señalado a los pacientes como los responsables de una amenaza que cada año que pasa se convierte en mayor realidad. Pero hoy se sabe que lo que nos han contado no es del todo cierto.

«Durante décadas, los antibióticos se han usado de forma innecesaria, totalmente inapropiada. Es cierto que ha habido mucho desconocimiento, pero hoy somos plenamente conscientes de que estamos ante un desafío que pone en peligro la medicina tal y como la conocemos», resume la especialista Lucía Gallego, directora del Laboratorio de Antibióticos y Bacteriología Molecular de la Facultad de Medicina y Enfermería UPV/EHU. Durante décadas, los pacientes han venido recibiendo el mensaje de que ellos eran los principales responsables de los fallos, cada vez más comunes, de este tipo de medicamentos, esenciales no sólo frente a las infecciones, sino también para el buen desarrollo de infinidad de procesos quirúrgicos.

Con la pandemia, peor aún

Es cierto sólo en parte. Los usuarios han forzado en muchas ocasiones a los médicos de familia y pediatras de sus hijos a recetarles antibióticos que resultaban inútiles para el proceso que se trataba de combatir. Pero esas recetas, como ha reconocido la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas (SEIMC) –y la propia OMS– tienen que ser firmadas o autorizadas por profesionales de la medicina, que justifiquen su consumo. Muchas veces, los farmacéuticos tampoco han exigido el pertinente aval médico para dispensar el fármaco.

El caos provocado en los sistemas de salud por el estallido de la pandemia de covid tampoco ha favorecido esta situación. Ante las muchísimas dudas que generó el abordaje de la infección por coronavirus, especialmente en la primera y segunda olas, los profesionales sanitarios optaron por tratar a los pacientes con todo lo que consideraron oportuno. El objetivo entonces era frenar la confusión y salvar vidas, y con ese doble fin se intentó lo inimaginable. El tiempo demostró que el ingente uso de antibióticos que se había hecho en los hospitales –la demanda creció hasta un 40%– había resultado una medida inútil.

Con todo, la aparición de bacterias multirresistentes, inmunes al efecto de todo fármaco, tiene que ver más con una tercera causa de la que hasta hace muy poco tiempo apenas se ha hablado. El 70% de la producción mundial de antibióticos se la come la ganadería, sobre todo, y el campo. En Europa, está prohibido su uso como engorde fácil del ganado, pero aún se dan tanto para el tratamiento como para la prevención de enfermedades. Un informe de la Agencia Europea del Medicamento señala que el 99,9% de los antibióticos consumidos en España en 2015 fueron consumidos por vacas, cerdos, ovejas y otros animales de granja.Cada kilo de carne producida lleva en nuestro país 402 miligramos de medicamento, nada menos que seis veces más que en Francia y cuatro más que en Italia.

Y la guinda

A este panorama se une, para colmo, el desinterés creciente de la industria farmacéutica por buscar nuevas moléculas antimicrobianas desde el año 2010. La investigación en unos medicamentos que, por precaución, tienden a usarse cada vez menos ha dejado de interesar a los laboratorios, más preocupados por el desafío –incluso económico– de las enfermedades crónicas, según explica Gallego, codirectora de una jornada en la UPV/EHU, coordinada por el Ministerio de Sanidad y que se celebra el lunes de manera simultánea en varias universidades de España. La sesión busca introducir este debate en los planes de formación de los futuros profesionales de la salud.

En 2050, la resistencia a los antimicrobianos generará en el mundo diez millones de muertes. En Occidente, el cáncer quedará atrás como una de las dos principales causas de fallecimiento.

Sanidad en guardia

  • 3.000 muertos al año: El Centro Europeo para la Prevención y Control de las Enfermedades (ECDC) estima que cada año mueren en Europa 33.000 ciudadanos por infecciones hospitalarias causadas por bacterias resistentes. Los sobrecostes generados en la UEpor esta situación se estiman en 1.500 millones de euros. En España, las víctimas mortales se cifran en 3.000 al año.

  • El error más extendido: Los antibióticos son medicamentos que se usan para prevenir y tratar infecciones provocadas por bacterias. Resultan inútiles frente a las infecciones víricas. Tomar antibióticos para combatir infecciones leves como sinusitis, dolor de garganta o bronquitis es innecesario.

  • Patologías comunes sin terapia: Algunos antibióticos comienzan a ser ineficaces en un alto porcentaje, lo que –en algunos casos– expone a los pacientes a morir de patologías comunes como neumonía, diarrea, meningitis, infecciones hospitalarias, urinarias, gonorrea...

  • Lo que dice Europa de España: En Europa, España se sitúa en quinta posición en consumo de antibióticos y en la número catorce en cuanto al uso en hospitales.