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La actividad física vigorosa protege frente al cáncer y mejora la supervivencia

La actividad física vigorosa protege frente al cáncer y mejora la supervivencia

Más de 170 estudios en el mundo avalan ya el potencial del deporte como una poderosa arma de prevención

Lunes, 2 de marzo 2020

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El ejercicio comienza a ser tenido en cuenta como una terapia más contra el cáncer. Más de 170 estudios en el mundo avalan ya el potencial de la actividad física como una poderosa arma de prevención y mejor herramienta terapéutica. El último de ellos es un trabajo firmado en España, impulsado por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), que le atribuye capacidad para controlar la progresión de la enfermedad y para la mejora, en consecuencia, del estado físico y emocional del paciente.

Dirigido por el oncólogo Miguel Martín, presidente de SEOMy jefe de servicio del hospital Gregorio Marañón de Madrid, el informe incluye recomendaciones específicas sobre el tipo de ejercicio ideal, su intensidad y duración. «Aún no conocemos con exactitud los mecanismos que justifican este beneficio, pero es real», afirma contundente el especialista Miguel Ángel Seguí, coautor del estudio y oncólogo del hospital Pac Taulí de Sabadell. Los detalles del protocolo propuesto se detallan aquí. Eso sí, tampoco vale cualquier tipo de ejercicio. Con caminar, por ejemplo, no basta, según recuerda la especialista Beatriz Crespo, doctora en Medicina y en Rendimiento Deportivo, de la Fundación Sandra Ibarra, que ha organizado este pasado fin de semana en Madrid unas jornadas sobre este mismo asunto. «Ha de ser un ejercicio de fuerza, intenso, vigoroso», detalla la especialista. También completo:deben trabajarse las cuatro habilidades físicas elementales, que son la flexibilidad, la velocidad, la resistencia y, sobre todo, la fuerza.

  1. Correr

Correr durante 20 o 35 minutos constituye uno de los ejercicios más prácticos para protegerse frente a la enfermedad antes de que comiencen los tratamientos, en el tiempo que los especialistas llaman de 'Precirugía'. Para este momento se recomiendan tres tipos de ejercicio. Los llamados de resistencia –que permiten mejorar la fortaleza de los músculos y la capacidad física de las personas– activan el sistema cardiovascular. Además de correr, viene bien caminar a paso ligero y hacer bicicleta estática. En este tiempo también se necesitará mejorar la fuerza y realizar ejercicios de estiramiento, como yoga, para evitar una pérdida de movilidad.

  1. Yoga

El yoga puede ser una buena opción para el desarrollo de la fuerza durante las sesiones de quimioterapia o radioterapia. También valdría para la misma misión la práctica de pilates, el uso de bandas elásticas, los ejercicios con máquinas o la realización de un circuito de fuerza. En cualquier caso, dos veces por semana. La ciencia ha demostrado que los músculos en contracción liberan a la sangre unas sustancias llamadas miokinas, que tienen la capacidad de alcanzar muchos tejidos y células. Lo sorprendente es que actúan sobre las células malignas con un cierto efecto quimioterápico, inhibiendo su proliferación, según detalla el catedrático de Ciencias del Deporte Alejandro Lucía. En esta fase de la enfermedad, deben seguir trabajándose la resistencia y la fuerza.

  1. Bicicleta

Estática o convencional, la bicicleta forma parte del arsenal terapéutico para el trabajo de la resistencia, tanto física como emocional, de los supervivientes de un cáncer. La actividad física permite liberar adrenalina a la sangre, un mecanismo natural que frente al cáncer de mama se ha mostrado eficaz tanto para la prevención como para evitar recaídas. La evidencia científica del ejercicio como terapia está especialmente desarrollada en los tumores de pecho, colon, esófago, riñón, hígado y endometrio, pero los especialistas consideran que resultaría beneficioso frente a cualquier enfermedad oncológica. «Siempre merece la pena», afirman. La ciencia lo corrobora.

  1. Banda elástica

Las bandas elásticas se aconsejan especialmente cuando se está en terapia hormonal, un tratamiento que busca bloquear la capacidad del cuerpo para producir hormonas o modular la forma en que actúan. El objetivo en uno y otro caso es detener o ralentizar la progresión del tumor. También ayudan a este objetivo otros ejercicios de fuerza como yoga o pilates y el uso de mancuernas o máquinas de gimnasio, dos veces por semana y siempre bajo control profesional. El ejercicio hecho de manera regular tiene, además, la ventaja de que permite un «ambiente fisiológico saludable», lo que en términos de enfermedad se traduce como una menor inflamación crónica. Esto es, una mejor salud general.

  1. Estiramientos

En las fechas posteriores a la cirugía o a una reconstrucción mamaria, los estiramientos resultan prácticos para impedir agarrotamientos y, lo mejor, estimular contra los tumores unas células del sistema inmune llamadas 'asesinas naturales' ('natural killer'). Las sesiones de rehabilitación deben estar controladas por un profesional y supervisadas por el especialista. No conviene 'automedicarse' ni con el ejercicio. La recomendación profesional incluye de 20 a 40 minutos de ejercicios de resistencia (como caminata, bicicleta, bailar, ojo nunca nadar); y trabajar también la fuerza, con gomas elásticas y escaleras.

Para la prevención

  • 1. Camine a paso ligero, subiendo cuestas y notando que le falta la respiración.

  • 2. Suba y baje escaleras andando. El objetivo es mantener a tono la musculatura.

  • 3. Levántese de la silla quince o veinte veces seguidas, cada día. Con la edad es un ejercicio que cuesta por la falta de tono.

  • 4. Haga ejercicios de estiramiento en su casa, con las gomas elásticas, sujetas por ejemplo a un picaporte, pero siempre con seguridad.

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