RODRIGO PARRADO

«El optimista debe elegir estos días sus palabras»

Píldoras del psicólogo Juan Cruz para evitar el desánimo

Isabel Ibáñez
ISABEL IBÁÑEZ

Hay un dicho ciertamente escatológico y sumamente agorero que fue sublimado una vez por Borges al contárselo a su colega Bioy Casares en relación a la política: «Los optimistas sostienen que todos comeremos mierda; los pesimistas, que no alcanzará para todos». Él tendía a lo segundo: «Es un gran pesimismo pensar que soy el mejor escritor... ¡cómo serán los demás!», aunque lo aliñaba con ironía. Y sin ir a los extremos, ni Bob Esponja ni Calamardo, hoy parece difícil ver la botella medio llena, pero los 33 años que Juan Cruz acumula como psicólogo clínico, consultor y comunicador le llevan a creer firmemente en el ser humano y sus «capacidades para cambiar, transformar y mejorar ante cualquier circunstancia». Como la que padecemos hoy. Y si alguien necesita un empujón, le da 'píldoras online' en el programa 'Contigo en casa' (www.lacasaencendida.es), «para fortalecer el tiempo libre y descubrir herramientas de empoderamiento, autocuidado, motivación, autoestima y disminución del estrés».

–Incluso los más optimistas pueden estar resquebrajándose.

–Habría que hablar, más que de personas optimistas, de quienes desarrollan la actitud mental e inteligencia emocional para ver la vida desde el lado positivo en la adversidad. Todos vivimos momentos de incertidumbre, temor y estrés como respuesta adaptativa y ajustada, nos permite mantener las estrategias de autocuidado y protección necesarias. Si además de esto desarrollamos actitudes mentales y emociones positivas, podemos ser como aves y surfistas frente a vientos y olas, levantándonos más resilientes con cada envite de esta cuarentena.

–Como una medicina.

–Un reciente análisis publicado en 'Social Cognitive and Affective Neuroscience' ofrece la primera evidencia de que el optimismo juega un papel mediador en la relación entre el tamaño de la corteza orbitofrontal (región del cerebro situada detrás de los ojos) y la ansiedad. Otros estudios han demostrado que las personas más optimistas tienden a ser menos ansiosas porque los pensamientos positivos aumentan la actividad de esa zona.

–¿Qué pensamiento tiene el optimista empedernido estos días?

–Desde un optimismo empedernido, y entiendo rígido, se corre el riesgo de caer en un falso optimismo y en un sesgo que puede llevar a subestimar los peligros y tomar más riesgos que otros. Lo que actualmente podría ser muy perjudicial para la propia persona y su entorno.

–¿Y cómo imagina el optimista la vida al volver la 'normalidad'?

–Es consciente de que estamos ante un cambio global humano y social. Y que, como ocurre en las riadas, cuando pase sabremos su dimensión real, lo que ha arrastrado y lo nuevo a crear o cambiar. Dándose cuenta de lo que no funciona para transformarlo en oportunidad. Y continuar aprendiendo y practicando la solidaridad de lo que vivimos hoy.

«Con actitudes positivas en esta cuarentena podemos ser surfistas y aves frente a olas y viento»

juan cruz

–¿Puede una persona demasiado optimista molestar a los que no lo son tanto en esta crisis?

–Hay que actuar con cautela para no dañar, con grandes dosis de escucha activa, empatía y compasión; se están produciendo situaciones de mucho sufrimiento y gran calidad humana que hay que saber equilibrar. Quien practica el optimismo con la humildad de estar abierto a aprender y fortalecerlo, tiene la capacidad empática de ponerse en el lugar y momento que esté viviendo el otro. Y saber que por arriba habrá personas que están mejor, pero que por abajo hay muchas más que están peor. Y que en cualquier momento todo nos puede cambiar.

–Y tener cuidado al hablar.

–Sí, elegir sus palabras. A veces es mejor callar para escuchar a la persona y entenderla desde su lugar para empatizar y que pueda desahogarse, sin juicios, ni aportaciones de circunstancias personales. En cualquier situación de crisis se produce lo que técnicamente denominamos fases de adaptación a cambios, y es en la última fase de aceptación donde se suele empezar a mirar la situación con optimismo.

Con entrenamiento

–¿Los que no lo son pueden 'entrenarse' en el optimismo?

–El optimismo se disfruta en los momentos tranquilos pero se fortalece en los adversos; esta es una oportunidad para entrenarse y contagiarlo con más intensidad.

–¿Qué actividad de ocio no hay que descuidar, la más saludable para sentirnos optimistas?

–La cuarentena es una oportunidad para parar y organizar el tiempo para conectar con uno mismo, con el silencio, la respiración, la relajación e incluso la meditación y practicar mantener la calma. Hacer actividades que resulten agradables y para las que antes no había tiempo. Distraerse con la lectura, buenas películas, gimnasia, cultura, cocina saludable. O conectar con lo sencillo, lo realmente importante, y la naturaleza disfrutarla desde cualquier ventana o terraza. Dedicar más tiempo a las relaciones afectivas y amistades dentro y fuera del hogar. Fortalecer las creencias espirituales y la solidaridad incluso de forma 'online'. Terminar cosas pendientes y aprovechar para arreglar o cuidar lo que se tiene. Y sobre todo, enraizar lo que se quiere hacer, disfrutar o vivir cuando salgamos al exterior y normalicemos nuestra vida.