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Así se 'engancha' al alumno en clase

¿No ve la utilidad a lo que le enseñan, no hace actividades prácticas ni se divierte? No aprenderá

Marta Fdez. Vallejo
MARTA FDEZ. VALLEJO

La pandemia ha puesto en evidencia la importancia de las clases presenciales. Sí, pero no de cualquier clase. Los alumnos, cada vez más enganchados a las tecnologías y menos a los libros de papel, han elevado el listón en el reto de los docentes para captar su atención. «Debemos meter la vida real en las aulas», resume Nino Cervera, docente y divulgador en redes de buenas prácticas en los aprendizajes. Y primar la enseñanza «más práctica», completa el investigador Juan Fernández. Estas son algunas técnicas que utilizan para mantener el interés de los alumnos en clase.

Impactar en el arranque

Arrancar la clase con un gancho, como se hace en el cine y las series. «Dar un dato llamativo, una curiosidad o contar una anécdota captan la atención y predisponen a aprender más y mejor», señala Nino Cervera.

Pone ejemplos de estas píldoras para despertar el interés: «Edison necesitó mil intentos para inventar la bombilla. ¿Sabéis que dijo que no falló mil veces, sino que descubrió mil maneras de cómo no hacer una bombilla?». También se puede plantear un reto:«'¿Cuánto pesan las bacterias que tenemos en cuerpo: diez gramos, quinientos gramos o kilo y medio?'. Y dejas la respuesta para la siguiente clase».

Juan Fernández emplea otra estrategia para que los aprendizajes se vayan asentando. «Al empezar la clase invito a un alumno a que cuente a todos lo que recuerda de la sesión anterior. No pido voluntarios porque siempre contestarían los que ya lo saben». Plantea otra opción: arrancar con una pregunta para resolver en grupo o una creencia errónea y descubrir las razones por la que está equivocada.

Lo importante, al principio

El profesor no debe hablar más de 10 minutos seguidos sin intercalar alguna actividad con participación del alumnado. En total no más de 20 o 25 minutos de exposición del tema para dejar tiempo a la acción. «Ylos conceptos más importantes de la presentación, al principio, para que dé tiempo de tratarlos y no recortemos de la parte práctica de la clase», precisa Cervera. Aconseja variar la forma de dar la clase: introducir vídeos, lecturas, películas, juegos o retos que solucionar.

Contar una historia, incide el profesor Juan Fernández, es «uno de los mejores métodos de enseñanza». «La narración de historias hace que el contenido tenga sentido, que haya una conexión personal con el tema. Los buenos docentes suelen ser buenos narradores».

Y es importante terminar la clase en lo más alto: «Proponer un juego, un vídeo, un bingo con el vocabulario relacionado con el tema aprendido, una canción o una frase épica sobre el contenido que se ha trabajado o, incluso, una actividad de relajación», propone Cervera.

Aprender algo útil cada día

Imaginen que nos hicieran estudiar el abecedario birmano, nos preguntaríamos: ¿para qué me lo voy a aprender si es probable que no lo vaya a utilizar nunca? «Es posible que el alumnado perciba el contenido de las materias igual de desconectado de la realidad que el abecedario birmano para nosotros porque no ve su utilidad», advierte Nino Cervera, autor del libro '¿Eres el profe que te hubiera gustado tener?' (Plataforma Editorial). Pone un ejemplo: «Me pasé varios cursos estudiando las partes de la planta y no sé cuidar ni de un cactus».

Así que la tarea del docente es introducir en el aprendizaje algo que sea útil para la vida del alumnado y que esté relacionado con la materia que imparte. «Debemos encontrar en los contenidos algo actual, a lo que se tengan que enfrentar en su día a día». Lo que explicamos debe ser «aplicable», coincide Fernández. «No es igual analizar figuras literarias en un rap, trap o reguetón que en un texto clásico que ni tienen edad para entender y menos aprender, y que quizá la misma obligación de su lectura haga que aborrezcan leer para siempre», precisa Cervera.

Ténica de las tijeras y el reloj

Se trata de cortar de los contenidos lo que no es relevante y darle más tiempo a lo importante. Cervera apunta que si los alumnos deben estudiar el Imperio Romano «podríamos reducir el tiempo de aprendizaje de fechas históricas y batallas y dedicar más a su conexión con la sociedad actual: construcciones, leyes, palabras, cultura...».

Dar experiencias de éxito

«Deberíamos asegurarnos de proporcionar a los alumnos experiencias de éxito» en la escuela, apunta Juan Fernández, autor del libro 'Educar en la complejidad', (Plataforma Actual). Un alumno que ha logrado realizar un trabajo excelente no vuelve a ser el mismo porque descubre de lo que es capaz cuando se enfoca y se esfuerza, explica este investigador. «El objetivo debe ser que alguna vez en su etapa escolar experimente un éxito que le motive».

Sí a las redes sociales

Uno de cada tres chavales quiere ser influencer o dedicarse profesionalmente a la creación de contenidos para Internet. Pasan una media de siete horas diarias vinculados al mundo digital –desde música y series a redes sociales– y tienen cuatro dispositivos diferentes a su alcance. Fueron los resultados de un reciente estudio realizado por el Centro Reina Sofía sobre adolescencia y juventud.

«El móvil y las redes sociales son herramientas que manejan y debemos aprovechar», señala Cervera. Una publicación en Instagram para exponer un tema, un tutorial de YouTube o un podcast para adquirir algún conocimiento o un póster digital para un trabajo. «Eso, sí. Hay que enseñar su uso en el aula para que no se conviertan en elemento de distracción», advierte Juan Fernández.