Miriam Ocariz. / V. H. S.

Miriam Ocariz: «Todos éramos felices»

La diseñadora guarda «muchos recuerdos» en casa de su madre en Quintana Martín Galíndez (Burgos)

LUIS GÓMEZ

A la diseñadora Miriam Ocariz le «maravilla» el verano porque, entre otras cosas, es «súper friolera».

– ¿Algunos nunca se olvidan?

– Más que los veranos, momentos relativos al verano.

– ¿Como cuáles?

– Guardo muchos recuerdos de la casa de la familia de mi madre en un pueblo de Burgos, Quintana Martín Galíndez.

– ¿Qué tipo de recuerdos?

– Sobre todo de la casa, del campo, del jaleo de la familia, de alegría, energía... ¡Y de los olores! El que más evoco es el de después de las tormentas.

– ¡Qué bueno!

– La casa, de piedra, tenía un portalón de madera de hoja doble. Recuerdo estar detrás de la puerta oliendo y viendo cómo llovía y pasaba la tormenta. Y luego cómo iba quedando ese olor maravilloso.

– ¿Sin miedo a las tormentas?

– Más tenía a todas las historias que te contaban de rayos que caían. Te imaginas corriendo, protegiéndote debajo de un árbol y dudando de si era ahí donde te tenías que meter o no. Me encantaban las tormentas porque llegaban después de mucho calor. Muchas me pillaron de camino a Frías, con una amiga o un primo.Te sorprendían y te ponías la toalla.

– ¿Le parecían interminables los veranos?

– Tenía mucha más facilidad de evadirme, pero no era muy buena estudiante y tenía tareas.

– ¿Vivió amores estivales?

– Bueno, muchos 'fichajes' y muchas emociones, sobre todo.

– ¿Lloraba al final del estío?

– No, pero tampoco quería volver al colegio. Tenía la sensación de que toda la gente que me rodeaba, pero especialmente la familia, porque la casa era de la familia, era feliz. A veces nos juntábamos 22 personas en aquella casa tan pequeñita. De mayor, esa sensación es mucho más difícil de conseguir.