Grullas en la Laguna de Gallocanta, en Zaragoza. / LOBO ALTUNA

El calor y la sequía espantan a las grullas de España

En 50 años, han adelantado 17 días su regreso al norte

Isabel Ibáñez
ISABEL IBÁÑEZ

Son toda una atracción turística. Por noviembre, miles de grullas comunes hacen su aparición en el pueblecito zaragozano de Gallocanta y se instalan en su laguna, muchas solo como descanso en su ruta hacia Extremadura y Andalucía, también a África y el sur de Asia, pero otras para quedarse. Llegan del norte de Europa, donde tienen sus zonas de cría, buscando un clima más agradable para pasar el invierno. Y allí se quedan los meses más fríos, hasta febrero, protagonizando un espectáculo digno de ver y oír cada vez que levantan el vuelo al amanecer para ir a alimentarse a los campos. Y de nuevo al atardecer, cuando regresan a la laguna formando enormes y oscuras 'uves'.

Desde que irrumpen en el horizonte sus siluetas recortadas en el cielo hasta que se marchan, atraen a numerosos visitantes, especialmente españoles amantes de la Naturaleza pero también muchos extranjeros, llegados incluso desde el lejano Japón. Allí son símbolo de paz: cuando la bomba atómica cayó sobre Hiroshima en 1945, la pequeña Sadako Sasaki, que vivía a kilómetro y medio de la explosión, tenía 2 años. A los 11 le detectaron leucemia. Una vieja leyenda nipona dice que los dioses concederán un deseo a quien pueda fabricar mil grullas de papel, y se puso manos a la obra. Con los prospectos de sus medicinas, a Sadako le dio tiempo de fabricar solo 644 y el deseo no llegó. Su estatua sujetando una de estas aves de origami adorna hoy un parque de la ciudad.

Las grullas aparecieron por Gallocanta con su griterío habitual en los años 70, cuando otros humedales del país fueron desecados para cultivar, y entonces enfadaron a los agricultores al comerse sus cosechas, pero hoy son más que bienvenidas, aunque a muchos les costara darse cuenta de que podrían ser fuente de ingresos. El problema ahora, quién lo iba a decir, es que se van antes de tiempo, de Gallocanta y de nuestro país en general; en realidad se viene produciendo a lo largo de los últimos 50 años, el periodo estudiado por los investigadores precisamente en esta laguna para llegar a la conclusión de que las grullas abandonan cada vez antes sus zonas de invernada en España por culpa del calor y la falta de agua en las lagunas. O lo que es lo mismo, que el suave invierno que vienen buscando se les convierte en verano asfixiante y prefieren regresar antes al norte.

Así, cada tres años adelantan su marcha de media un día, es decir, se van 17 días antes que hace cinco décadas, según el estudio publicado en la revista 'Avian Conservation and Ecology' en el que han participado investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), el Instituto Geológico y Minero de España y la Universidad Pública de Navarra. «El cambio climático está alterando el patrón migratorio de la grulla común», aseguran.

Sin agua para beber

Los resultados apuntan como culpables al «aumento de temperaturas y la reducción de la extensión de zonas encharcadas que estas aves utilizan para pernoctar a salvo de los depredadores», explica el investigador del MNCN Luis M. Bautista. «La disminución del agua libre también ha afectado a los escasos arroyos y canales que proporcionaban a las grullas el agua dulce necesaria para beber durante su parada en el entorno de la laguna de Gallocanta, cuyas aguas son salobres».

Le apoya en estas conclusiones el investigador del Instituto Geológico y Minero José María Orellana: «El aumento en los índices de desertificación en el sur de Europa que prevén los modelos climáticos supone un riesgo serio que provocará una alteración del hábitat de invernada de esta y de otras aves». Y añade que, más allá de cómo afecta a las especies en sus rutinas migratorias, «es previsible que esta alteración ocasione también un desequilibrio en esos ecosistemas que ocupan las grullas y otras aves de paso en nuestro país».

Gallocanta está doblemente reconocida, como Humedal de Importancia Internacional y como Reserva Natural. Es el mayor humedal salino de la Península Ibérica y el mejor conservado de Europa Occidental. Su origen es endorreico, es decir, el agua no tiene salida fluvial hacia el océano. Se encuentra situada a casi mil metros de altitud y tiene 7,5 kilómetros de longitud por 2,5 de anchura, unas 1.500 hectáreas que en los momentos de mayor humedad superan los dos metros de profundidad. Resulta un hábitat perfecto para estos animales;han llegado a contabilizarse 114.800 ejemplares en una jornada, sucedió en febrero de 2011, según la web de Gallocanta. Además de las grullas, otras 220 especies de aves han sido documentadas en la zona.

Grulla común (Grus grus)

  • Tamaño: De 1,10 a 1,40 metros de altura, 2,40 de envergadura y entre 3 y 7 kilos.

  • Velocidad: 80 kilómetros por hora en vuelo.

  • Longevidad: Vive hasta 40 años.

  • Características físicas: Color gris ceniza; cabeza y cuello gris oscuro; banda blanca a los lados y parte trasera de la cabeza, roja. Penacho en la cola. Macho y hembra son muy similares.

  • Carácter: Tímida y asustadiza, sus gritos se oyen a 5 km de distancia.