Rodrigo Parrado

¿Renta mi dinero en el banco?

No, la inflación se está comiendo tu hucha

ISAAC ASENJO Madrid

Cualquier tiempo pasado quizás pudo ser mejor, pero lo que está claro es que más barato era seguro. Porque ahora que se cumplen 20 años desde que llegó el euro a nuestros bolsillos, podemos quejarnos con razón de lo que antaño le pasaba a nuestros mayores. Dicen que iban al cine y aún invitaban a su pareja con algo más de tres pesetas y nos parecía imposible. Sin embargo ahora uno es protagonista de la subida de precios de las últimas dos décadas y sabe que cualquier cosa que antes parecía cara, ahora nos resultaría tirada de precio. Eso si el valor del dinero en el tiempo se mantuviera igual. Porque hay dos efectos que hacen que el dinero del pasado valga más que el del presente y sólo nos damos cuenta en ocasiones. Lo primero es la inflación -palabra que llevamos oyendo bastante tiempo porque no deja de subir y que nos indica el incremento de precios constante y de forma generalizada durante un período de tiempo determinado- y lo segundo es el paso del tiempo en sí mismo, ya que en dos décadas el dinero ha devaluado más de un 30% su precio. La inflación se ha incrementado un 37%. «Lo que comprabas en 2002 con 1000 euros, vale hoy 1.444, ya que el incremento de inflación al ser compuesto, supone de manera 'lineal' un incremento de un 44%», explica Aurelio García del Barrio, director del Master Global MBA con especialización en finanzas del IEB.

«Cualquier moneda vale hoy menos que mañana en una situación inflacionaria (lo que es absolutamente normal en economía)», añade el experto, que explica que cuando hablamos de inflación, nos referimos a la causa de que el dinero pierda valor año tras año, y a excepción de la caída del pasado 2020 con motivo de la crisis económica derivada del Covid-19, no ha dejado de subir. En el caso de España, desde 1999, siempre ha llevado una línea ascendente, y, de hecho, en 2007, había marcado la cifra récord de los últimos años al situarse en el 4,22%. Cifra superada en este 2021 con un 6,5% en diciembre, el nivel más alto en tres décadas, desde mayo de 1992.

Los bienes suben su valor

Muchos son los productos más caros que hace 15 años. Y solo hace falta mirar en la cesta de la compra para darse cuenta de lo que podríamos comprar por cien euros no llega ni a la mitad de lo que por ese valor se compraba algún lustro atrás. Productos como el pan, el aceite, el pollo o la leche costaba en 2002 una media de 5.5 euros frente a los alrededor de 11.5 euros que supondría hoy en día. Si tenemos también en cuenta el incremento del precio de la gasolina, algo tan sencillo como ir a comprar el pan en coche costaría en la actualidad casi un 209% más que en 2002.

De hecho el gasto medio de los hogares españoles en estos días asciende a casi 27.000 euros, mientras que en 2003 la cifra se situaba en los 21.494 euros, según los datos del Instituto Nacional de Estadística reflejado como gasto el dinero que destinan a vivienda, transporte, ropa, comida, etc.

Invertir o no invertir

Pero si todo sube tanto año tras año y yo dispondo de dinero ahorrado ¿Guardo el dinero debajo del colchón o invierto? «Tener el dinero en una cuenta corriente o inactivo supone que cada año, debido a la inflación, éste pierde valor adquisitivo», apunta el experto, que recomienda meter nuestro capital ahorrado - sea la cantidad que sea- en una cartera de fondos de inversión de manera diversificada. «En él se agrupa a un gran número de personas que realizan aportaciones de dinero, y un gestor decide dónde invertir. Las opciones son múltiples: acciones, renta fija, derivados, otros fondos de inversión... O incluso una mezcla de todos ellos», explica Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas.

«Una de las principales ventajas fiscales de éstos es no tener que tributar hasta el momento del reembolso definitivo y hasta ese momento no pasas por Hacienda, pudiendo mover el dinero de un fondo a otro sin coste según sea el interés de cada uno», apunta Pedraza. Eso sí, aquí no hay magia alguna y hay que tener en cuenta que mayor rentabilidad implica también asumir un mayor riesgo y se debe tener claro el perfil inversor antes de contratar cualquier producto financiero. «Todos los meses el gestor te advierte cómo va tu cartera contratada; si eres un inversor miedoso tu dinero se metería en una cartera preparada en fondos diversificados en los que el riesgo es menor, con mucha renta fija (es menos rentable, pero más estable) y menos acciones, por ejemplo», detalla el economista. Si quieres incursionar de lleno en el mercado de valores y tener un gran futuro como inversor, es más probable que lo logres a través de participaciones en acciones, con una rentabilidad variable. Si por el contrario quieres mantener tu capital y tener una fuente de ingresos segura y confiable -aunque toda inversión posee riesgos asociados a la misma- se debería invertir en instrumentos de renta fija según los especialistas. Por otro, cuenta, hay sectores que históricamente han funcionado mejor a la hora de invertir. Uno de estos es la vivienda a través de socimis. «Un inversor puede meter ahí 1.000 euros por ejemplo, y lo que haces es comprar una ínfima parte de un edificio para obtener un porcentaje de la rentabilidad que obtengan», señala.