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¿Cómo se organiza una orquesta sinfónica?

Los violines son los más numerosos porque si no, no se oirían

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

Pregunta de Trivial: ¿Cuántos músicos componen una orquesta sinfónica? ¿40? ¿85? ¿110? Todas las opciones son válidas. ¿El motivo? Que actualmente existen más instrumentos que antiguamente y que, además, cada obra requiere un número distinto de ellos. Así, las orquestas del siglo XVIII tenían alrededor de 40 instrumentistas; las del siglo XIX llegaban a los 60 y las del XX, hasta los 110. «Hoy rondan los 85-95 músicos», afirma Joaquín Turina, portavoz de la Orquesta Sinfónica de Madrid.

Estos grupos de músicos se dividen en familias de instrumentos: cuerda, viento y percusión. La primera, a su vez, se fracciona en cuerda grave y cuerda aguda, mientras que la segunda se subdivide en viento madera y viento metal. Determinar la cantidad de ellos al interpretar una obra depende del autor, y después del director, pero ahora también de las medidas de distanciamiento social, que complican, en muchos teatros y auditorios, reunir a todos los músicos en un mismo foso o escenario. De hecho, para la representación de 'Sigfrido', durante el pasado mes de febrero en el Teatro Real de Madrid, hubo que ocupar los palcos de platea, porque los músicos no cabían. «'Sigfrido' tiene seis arpas, que ocupan lo mismo que doce violines. ¿Dónde las metemos si tienen que estar a metro y medio unas de otras? Además, si mantienes todas ellas, no puedes quitar muchos violines, porque si no no se les oye. El problema real es encontrar el equilibrio entre los instrumentos», explica Turina.

En hallar esa armonía consiste, precisamente, la organización de una orquesta, cuya estructura está muy influenciada por el proceso histórico. El compositor austriaco Joseph Haydn, durante el Clasicismo (segunda mitad del siglo XVIII), fue quien comenzó a definir la distribución instrumental que conocemos actualmente. Sin embargo, en aquel momento solamente la cuerda (violines, violas, violonchelos y contrabajos) había alcanzado el perfeccionamiento técnico que el resto de herramientas musicales adquirió a finales del siglo XIX, mientras que otras todavía ni existían.

Más volumen que antes

Cuando los instrumentos de viento y percusión evolucionan, su sonido aumenta mucho. Las flautas, por ejemplo, pasan de ser de madera a ser de metal y su volumen se potencia considerablemente. Al mismo tiempo, se incorporan a la orquesta instrumentos de otros orígenes, como las trompetas, utilizadas tradicionalmente en las marchas militares; o las trompas, características de la caza, ambos con sonoridades muy fuertes. Todo ello obliga a aumentar el número de instrumentos de cuerda, cuyo tañido no se puede intensificar técnicamente, con el fin de que no queden completamente eclipsados. Por eso los violinistas son los más numerosos del grupo y la cantidad de ellos determina la del resto de instrumentistas.

Un detalle curioso de que ahora las orquestas tengan más sonoridad que antiguamente por esta mejora técnica es que, cuando en la partitura original indica un cierto grado de suavidad al tocar –piano piano (pp), por ejemplo, que es muy suave– se duplica y se interpreta como 'pppp'. Si se tocase como aparece, el sonido sería demasiado fuerte.

«Con la batuta, el director recuerda las pautas que ha dado en los ensayos»

Joaquín Turina

«Lo primero que se hace al organizar la orquesta para una determinada obra es fijar los instrumentos de cuerda. Por ejemplo, el director suele pedir 12 o 14 primeros violines. Desde ahí, se quitan dos instrumentistas para cada grupo de cuerda. Es decir, si pide 14 primeros violines, habrá 12 segundos violines, 10 violas, 8 violonchelos y 6 contrabajos», explica Turina. «Hecho esto, se determinan los instrumentos de viento. Las maderas se suelen fijar de a dos o de a tres. Por ejemplo, dos flautas, dos fagotes, dos clarinetes y dos oboes. Los metales se precisan uno por uno, según la obra, pero generalmente hay 2-3 trombones, 2-3 trompetas y 5-6 trompas. Lo que no se especifica nunca es la percusión».

La disposición de los músicos en sectores dentro de un semicírculo se determina en el siglo XIX y se atribuye al compositor italiano Gaetano Donizetti. Tradicionalmente, cada grupo de instrumentos se colocaba en semicírculo, cual capas de media cebolla. Más tarde, el compositor francés Héctor Berlioz reorganizó el orden de los instrumentos para armonizar su sonido y dio algunas pautas técnicas, como la forma en la que debía sujetarse la trompa, con el pabellón hacia atrás, para que sonase menos. Desde entonces, no ha habido grandes modificaciones, pero sí algunas incorporaciones nuevas, como la del saxofón.

Lo que también hay son versiones. Es decir, según con qué y con cuántos instrumentos se toque una obra, sonará diferente. La clave está en que no pierda la esencia de la pieza original, lo cual corresponde al director. Por su parte, que los músicos actúen según marca el maestro cuando mueve la batuta proviene de un entrenamiento previo. «Dichos movimientos son solo un recordatorio de las pautas que el director ha dado en los ensayos y que cada instrumentista tiene apuntadas en su partitura. De modo que, si este se confunde al dar una indicación, ellos sabrán cómo continuar», señala Turina. También destaca que «hay instrumentos indispensables en cualquier obra, como los violines, y que otros, como el arpa o el piano, no siempre forman parte de las obras».

Orquesta sinfónica de Bilbao. / RC

¿Por qué los músicos clásicos visten de negro?

No siempre fue así. La tradición se instauró en el siglo XIX. Por entonces, el público de los teatros era de alto poder adquisitivo y vestía de etiqueta al acudir a los recitales, así que se decidió que los músicos deberían ataviarse igual de elegantes. En aquella época, las orquestas las componían hombres, así que se estableció el frac como uniforme. Cuando se incorporaron las mujeres se acordó que también vistiesen de negro para no desentonar.

La elección de este color también tiene un componente práctico: muestra uniformidad e igualdad entre los músicos y distraer menos a los espectadores.