Tribunales

Se acusan entre ellos de haber apedreado la cabeza de la víctima

30/06/2020

Los investigados se dividen en dos bandos. Unos incriminan a Adonay y otros a Rubén de asestar dos pedradas letales al italiano. Todos declararon que nadie «quería matarlo», sino «solo robarle el dinero que había cobrado» por el traspaso de un club de cannabis

La primera sesión del juicio por el asesinato y robo al italiano Davide Fervorini en septiembre de 2018 en Barranco Seco finalizó con los cinco acusados de su fallecimiento divididos en dos bandos. Por una parte, Sophia Valinhas G. B. M. y el hijo de su pareja Adonay Santiago G. C., dijeron que fue Rubén P. S. el autor de las dos pedradas letales que asestaron a la cabeza de la víctima, mientras que el resto declararon que el autor del ataque fue el propio Adonay a instancias de la mujer que presuntamente le incitó a ello.

Ayer declararon los seis acusados –cinco por asesinato y robo y uno por tráfico de drogas– en el primer juicio con jurado popular que se celebra en la provincia de Las Palmas después del confinamiento, una vista sometida a estrictas medidas de seguridad para prevenir de posibles contagios. En esta causa, la fiscal María Eugenia Rodríguez interesa penas que van desde los 34 años de prisión a los 4 años y seis meses para una presunta banda que, según su tesis, organizó y perpetró el robo y posterior asesinato del italiano residente en El Fondillo.

La primera en prestar declaración fue Sophia Valinhas G. B. M., que admitió ser la autora intelectual del robo porque se había enterado que Fervorini cobró 8.500 euros del traspaso de su local. Dijo que hizo de «gancho» porque «era politoxicómana» y «necesitaba dinero», por lo que le propuso el robo al hijo de su pareja, Adonay S.G., que fue quien «se encargó de buscar» a los otros tres acusados.

Sobre los hechos, confesó que quedó con la víctima y se fue con él a un alpendre abandonado en Barranco Seco donde esperaba el resto de la banda, pero «no participó en la agresión ni la vio», pues «estaba fumándome mientras un porro acostada en el coche con Adonay». Solo reconoció haber visto a Rubén «dando patadas» a Fervorini cuando ya estaba inconsciente y que éste dijo que «le iba a tomar el pulso» por si estaba muerto. Sophia negó haber gritado o incitado a que lo mataran como así declararon varios de los acusados.

Incluso, detalló que al ser detenida lloró «del alivio» después de tres meses «muy difíciles para mí. Estoy arrepentida de todo».

Por su parte, Adonay Santiago G. C. admitió que organizó junto a Sophia el robo y también que traficaba con drogas. Dijo que mandó un mensaje a Fervorini haciéndose pasar por la mujer quedando con él en Barranco Seco. Todos llevaban «guantes y pasamontañas» y cuando llegó el italiano, «nos abalanzamos sobre él. El bate de béisbol lo llevaba Wilson y Rubén fue quien le dio con la piedra en la cabeza dos veces. Yo solo le hice un mataleón –estrangulación– y lo dejé inconsciente mientras los demás lo golpeaban», detalló al jurado.

Negó haber entrado en la casa del italiano para robarle: «Me quedé fuera con Sophia» y «nunca» quiso su parte del botín, manifestó.

Por otro lado, el resto de los acusados incriminó a Adonay de forma directa o indirecta en la autoría de las pedradas que recibió la víctima. Rubén P. S. afirmó que era quien llevaba el bate y le dio «un par de golpes» a Fervorini. Cuando quedó inconsciente, «escuché a Sophia gritar nerviosa ‘mátalo, mátalo’» y que «iba a por ella y había que matarlo» y luego «Adonay le tiró una piedra dos veces. Le pregunté qué había hecho y me dijo que estuviera tranquilo, que estaba vivo y no había problema».

Por último, admitió que le «tomó el pulso» y que «ninguno de nosotros pudo interceder» para que Adonay «no le tirase la piedra».

«Le grité a Adonay ‘qué vas a hacer hijo de puta, qué vas a hacer’».

Los acusados Rubén P. S., Alejandro A. S. y Wilson Enrique Q. B. coincidieron en señalar a Adonay Santiago G. C. como el autor de las dos pedradas que recibió la víctima en el cráneo. Matizaron que la paliza que dieron a Fervorini era «para reducirlo y no para matarlo» y que, al marcharse, la víctima «aún estaba viva pero inconsciente».

«El plan era robarle el dinero que había cobrado por el traspaso de su club y solo queríamos retenerlo en la casa usando cintillos y una cuerda», declaró Alejandro A.S., que inició su interrogatorio exclamando que «estaba arrepentido» y que quería «decir toda la verdad».

Señaló que las pedradas que recibió el italiano se las asestó «Adonay cuando metió el cuerpo dentro de la habitación después de que Sophia comenzara a gritar nerviosa dentro de la casa diciendo que el chico la había reconocido. Wilson le tapó la boca y fue en ese momento cuando vi a Adonay con una piedra en la mano y le grité ‘qué vas a hacer hijo de puta, qué vas a hacer’ y se la tiró. Me quedé impactado hasta que escuché otro golpe. Luego Adonay vino y me contestó ‘cállate loco cagón, estáte tranquilo», manifestó. «Los golpes que le dimos no eran mortales, yo he recibido palizas peores. El único acto mortal fue el de la piedra», añadió el acusado.

El acusado Wilson Enrique Q.B., un colombiano que llevaba unos meses en la isla, reconoció haber accedido al robo porque «estaba mal de dinero».

Sobre la pedrada, dijo haber oído «un golpe fuerte» pero no llegó a ver en qué lugar del cuerpo habían golpeado a Fervorini. «No vi quién fue, pero solo estaba Adonay y Alejandro le había gritado ‘para hijo de puta’. Luego salió Adonay y nos dijo ‘venga, vámonos’». Finalizó diciendo que nunca pensó «que hubiera una persona muerta» y que por eso no huyó a su país.

Por último, Layonel S. G., acusado de narcotráfico, dijo que la droga encontrada en su casa «no era suya», sino de Rubén P. S.