El padre ha sido penado a seis años de cárcel y la madre a 18 meses

Condenan a un matrimonio por maltratar y abusar de sus dos hijas

20/02/2019

El fallo estima que la pareja las obligaba a dormir en el suelo con animales, a asearse con agua fría en el jardín, a hacer su necesidades en un cubo, las golpeaban e incluso el padre abusó de ambas.

Un matrimonio residente en Gran Canaria ha sido condenado a penas de cárcel por los delitos de abusos sexuales y malos tratos cometidos sobre sus propias hijas. Según el fallo emitido por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas, el padre de las niñas –que habían sido adoptadas– se aprovechó sexualmente de ambas en solitario, mientras que en compañía de su esposa, las maltrató de forma habitual. Por estos hechos, el varón ha sido penado a seis años de prisión y el pago a las víctimas de 11.000 euros en concepto de responsabilidad civil, y la mujer, a 18 meses de cárcel y 5.000 euros de indemnización.

Según el fallo de la magistrada ponente Pilar Parejo, en fechas no determinadas pero en todo caso a lo largo de los años 2005 a 2013, los acusados residían en compañía de sus hijas en El Carrizal y, más tarde, en Teror de forma repetida. En esas fechas y «con voluntad de menoscabar la integridad moral y física de sus hijas, las obligaban a dormir en colchonetas en el suelo de la cocina junto con animales domésticos, en el suelo sin colchón, a asearse diariamente con agua fría en el jardín, a hacer su necesidades en un cubo, así como a lavar su ropa a mano, llegando a golpearlas en repetidas ocasiones o dejarles sin comer cuando el comportamiento de las menores no se ajustaba a la voluntad de sus progenitores», relata la resolución.

Por otro lado, en una fecha imposible de determinar pero en todo caso entre los años 2005 a 2013, el investigado, «con intención de satisfacer sus instintos sexuales, besaba en la boca y realizaba diversos tocamientos por nalga, vagina y clítoris a sus hijas menores», que habían sido adoptadas por ambos tras varios viajes a Rusia.

Como consecuencia de estos hechos, una sufrió una sintomatología depresiva compatible con las vivencias sufridas y la otra, un desajuste personal totalmente compatible con los hechos que cometieron sus padres adoptivos.

El padre ha sido penado a seis años de cárcel y la madre a 18 meses

Entrando en el fondo del fallo, el mismo considera probado que cada año «aumentaban los castigos» de los padres a las hijas adoptivas, «las penas eran mucho peores y cuando se portaban mal las separaban de habitación». Las niñas contaron que en Carrizal, una de ellas se tenía que ir a pernoctar al patio «y las castigaban con dormir en el suelo o con la bisabuela que se hacía pis en la cama». Ya en Teror, «dormían las dos hermanas juntas en la cocina donde los acusados les pusieron una litera» y cuando fue la primera visita a la casa, les quitaron la misma «y dormían en un colchón». Además, «no tenían acceso a la parte superior de la casa, se aseaban en el jardín y hacían pis en un cubo y, si era caca, en una bolsa de plástico que ponían en el mismo». También declararon que a una de ellas «la obligaron a comer comida de gato».

Relató una de las víctimas, según la sentencia, que la madre les «pegaba dándoles bofetones, les pegaba con la chola, les partió la nariz a ella y a su hermana, llegando a sangrar por la nariz» y cuando se ausentaban, la acusada «les mandaba hacer copias y si no las hacían a tiempo las castigaban sin comer».

También contaron que «fueron objeto de acoso escolar porque no se aseaban bien, iban llenas de pelos de gatos y los niños de la guagua se reían de ellas», detalla la sentencia.

Con relación a los abusos sexuales, narraron que cuando la madre se quedaba dormida, su padre las tocaba «por encima de la ropa, por los pechos, encima de las bragas» y más adelante, ellas dejaban que lo hiciera «porque él les daba la llave para ver la tele». La última vez de los tocamientos fue «por debajo de la ropa».

Determina el fallo que la madre adoptiva les decía a ambas cuando eran pequeñas «que las iban a devolver a Rusia porque ellas no valoraban nada y que iban a traer a otras niñas que lo merecieran más».

Tras el análisis de la prueba, entiende la Sección Segunda que las dos víctimas declararon en el acto del juicio oral, con unos testimonios que «a este Tribunal le resultaron sinceros y sin que en ningún momento quedara acreditado que las perjudicadas tuvieran algún padecimiento, como el síndrome alcohólico fetal en el que tanto insistió la defensa y los acusados», determina.

Problemas neurológicos.

En la vista, los acusados –representados por la letrada Elba Benítez– negaron los hechos y responsabilizaron de todo lo sucedido a una de las menores, manifestando que la relación con ella era «mala hasta el punto de que al final tenían miedo de llegar a casa». El acusado apuntó que una de ellas «tenía un problema neurológico, síndrome de alcoholismo fetal», que el Tribunal no consideró probado tras la práctica de la prueba.