Lucía, en el comedor de la Asociación de Gull Lasègue. / cober

«La sociedad aplaude la delgadez sin saber qué hay detrás»

Una joven cuenta su experiencia con la anorexia, un desorden alentado socialmente

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

Lucía Rodríguez comía poco, muy poco, menos de lo saludable. Contaba calorías, registraba en su cabeza lo que ingería y, sobre todo, lo que no. Además, para acentuar su delgadez, se valía de métodos purgantes como laxantes y diuréticos y compensaba la ingesta calórica con ejercicio físico. Así estuvo unos diez años, desde la adolescencia. Ahora, esta joven de 27 años sigue buscando reconciliarse con la comida y, sobre todo, descubrir las razones profundas que originaron su anorexia.

«Toqué fondo en la pandemia, después del confinamiento. Seguía teniendo este tipo de estas conductas porque llevo mucho tiempo con ellas, desde la adolescencia. Lo tenía normalizado, pero viendo los Instagram de psicólogos y de feministas me di cuenta de que este tipo de conductas no eran normales ni saludables. Un día llamé al centro Gull Lasègue y pedí ayuda», cuenta la joven graduada en Educación Social que se enteró de la existencia de la asociación a través de la madre de una conocida que tenía problemas y estaba recibiendo ayuda en el centro.

Lucía reconoce que le costó mucho tiempo darse cuenta de que algo iba mal. En su entorno no se percataron de su problema. Nadie la empujó a cuestionar su modo de actuar. « La sociedad fomenta y refuerza estos comportamientos. Está súper normalizado que hagas dieta, que después de las navidades te sometas a una dieta restrictiva o vayas al gimnasio a quemar los polvorones que has comido. Estos son factores de riesgo para desarrollar un TCA (Trastorno de Conducta Alimentaria», dice Lucía que aconseja a quienes sufran este tipo de desorden que pidan ayuda lo antes posible. «Es un proceso lento, mejor cogerlo cuanto antes», recomienda.

«La sintomatología más visible de los TCA muchas veces se fomenta a través de la sociedad: la dieta, el culto al cuerpo, los cuerpos estereotipados... Al final, vivimos en una sociedad gordofóbica y muchas veces se aplaude la delgadez. Lo he dicho mucho en mis redes sociales: 'no puedes aplaudir la delgadez porque no sabes lo que hay detrás de eso'. No sabes si hay un TCA, si hay una depresión, si hay ansiedad...», asegura la joven.

La bajada de peso, comer a escondidas, la restricción de alimentos o pasar mucho tiempo en el baño son los signos visibles de un problema que esconde otros como la baja autoestima, las autolesiones, el aislamiento social o la irritabilidad.

Una de las prácticas más habituales en la TCA es el ayuno intermitente. «He pasado 20 horas sin comer. Está de moda. Es muy peligroso. La sociedad valida esta conducta, por eso mucha gente no sabe que tiene un problema, te lo refuerzan», dice la afectada cuyo aspecto no denota el problema. «La gente se confunde y piensa que para tener anorexia tienes que estar muy delgada».

En todo caso, sostiene que los trastornos de conducta alimentaria son manifestaciones de problemas multifactoriales; traumas, abusos, pérdidas o problemas familiares, entre otros. «Los TCA actúan como un factor protector. Quieres controlar tu entorno y no puedes, pero sí controlas tu cuerpo y la comida. No solo se desarrollan por el contexto sociocultural y la presión estética, esos son factores de riesgo que ayudan a perpetuar el problema», dice Lucía, que cada vez entiende mejor su problema gracias a la intervención psicológica.

Los TCA afectan a todos los ámbitos de la vida, sobre todo, al social y relacional. «Más allá de la comida, también puede crear malestar exponerse corporalmente en sociedad», comenta Lucía a la que el momento de comer sigue generándole tensión. «Se da una dicotomía. Me genera pensamientos de amor/odio. La comida me encanta y es mi enemiga», afirma la joven, una de las 170 personas de La Palma, Tenerife, Lanzarote, Fuerteventura y, sobre todo, de Gran Canaria, atendidas en la Asociación Gull-Lasègue.

En lo que va de año, 155 personas nuevas han acudido al colectivo para afrontar sus TCA, diez más que en todo 2021, explica la trabajadora social Lindsay Ramos. La mayoría son adolescentes, aunque la asociación tiene pacientes de entre 10 y 55 años.

«Cada año se supera el número de personas atendidas», apunta la trabajadora de Gull Lasègue, donde una plantilla de 17 personas brindan tratamiento nutricional, psicológico y social. Sin embargo , los recursos no aumentan. La asociación recibe 100.000 euros del Servicio Canario de Salud desde hace nueve años y el Cabildo de Gran Canaria aporta 60.000 euros para el centro de día.

Tampoco el sistema de salud dispone de recursos específicos para abordar la anorexia y la bulimila. «El plan de salud mental 2019-2023 establecía una línea específica de tratamiento del trastorno de la conducta alimentaria. A día hoy no hemos visto que se haya materializado nada», lamenta Ramos.

Un día para concienciar sobre un problema invisible

Con motivo del Día de la lucha contra los Trastornos de Conducta Alimentaria, la asociación Gull-Lasègue ha organizado una serie de actividades para visibilizar un problema invisible en una sociedad que aprecia los cuerpos extremadamente delgados. Este miércoles 30 de noviembre, habrá un stand en Triana donde se informará sobre trastornos alimentarios y se ofrecerá un desayuno saludable. La sede del colectivo en el centro Fátima acogerá una jornada de puertas abiertas con alumnos de psicología y de nutrición y dietética que conocerán el trabajo realizado allí. Además, en el Cicca, a las 19.30 horas, se representará la obra teatral 'Kintsukuroi', protagonizada por personas usuarias de la asociación Gull-Lasègue.