arte del equipo que presta servicios a las personas afectadas por trastornos de conducta alimentaria en la Asociación Gullasègue . / JUAN CARLOS ALONSO

Gull Lasègue, el reto de atender con los mismos recursos al doble de personas con bulimia y anorexia

La incidencia de los trastornos alimentarios ha crecido tras la pandemia y la asociación asiste a 140 pacientes en Las Palmas. Recibe la misma cuantía de Sanidad desde 2013

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

Los trastornos de conducta alimentaria (TCA) son graves afecciones de la salud mental que requieren una atención sanitaria específica que el sistema público de salud apenas ofrece. Para cubrir esta laguna, nació en 1999 la Asociación Gull Lasègue que, 23 años después, sigue cumpliendo esta función a duras penas. «No somos más que un grupo de familiares que fundamos la asociación ante la carencia del sistema para tratar estos trastornos como requiere una enfermedad de tal gravedad», explica el presidente de la asociación, Miguel Suárez.

Hace unos días, el colectivo lanzó una campaña en change.org para alertar de la escasez de medios destinados a abordar trastornos como la bulimia o la anorexia y reclamar más recursos para dar respuesta al aumento de demanda que está asumiendo esta asociación. «Ahora mismo atendemos a unas 140 personas afectadas y tenemos a otras 20 en lista de espera», señala Lindsay Ramos, trabajadora social de la asociación, que asegura que, tras la pandemia, se ha duplicado el número de personas asistidas por el colectivo radicado en el Centro Fátima, en la capital grancanaria. «En 2021 atendimos a 145 nuevos pacientes y en lo que va de 2022 a otros 40 nuevos», detalla Ramos sobre la labor de la asociación cuyo principal sostén económico es una subvención anual de Sanidad de 100.000 euros, cuantía que no ha variado en los últimos nueve años.

DATOS DEL SERVICIO

  • Incidencia En el primer semestre de 2021, la media de diagnósticos diarios de TCA en Canarias era de 6,3 casos al día

  • Centro de día Unas 35 personas usan a diario el comedor terapéutico de Gull Lasègue y reciben terapia psicológica

  • Atención ambulatoria Semanalmente 130 personas van Gull Lasègue para tratar su trastorno

  • Recursos Los pacientes de TCA se derivan a las unidades de salud mental. Sanidad prevé crear este año unidades específicas para estas patologías

La mayoría de quienes llegan a la asociación lo hace por recomendación de sus médicos de familia, de profesionales de las Unidades de Salud Mental o de médicos especialistas, pero no son derivados por canales oficiales. «Lo ideal sería que hubiera un protocolo para los casos de ingreso hospitalario, pero todo depende del profesional. Del Insular Materno nos llaman para que vengan al centro de día y tengan un seguimiento», explica Ramos sobre los casos más graves que requieren hospitalización por tener un índice de masa corporal inferior a 15. « Tras el alta hospitalaria, esa persona no sale curada del trastorno. Se limitan a que coja un peso corporal mínimo», explica Ramos sobre una dolencia que se ha disparado en los jóvenes. Así, mientras que en 2019 y 2020 la media de casos diarios de TCA diagnosticados en el archipiélago era de 2,2 al día, en 2021 la media diaria subió a 6,3, es decir, el triple. «Es la enfermedad crónica más común en los adolescentes», afirma Ramos.

Sin embargo, añade la trabajadora social, no hay una unidad específica para abordar los trastornos de conducta alimentariaNo se puede combatir un trastorno alimentario con una cita cada dos o tres meses, sino que requiere una labor de choque con un equipo interdisciplinar que aborde el problema desde el punto de vista psicológico y nutricional, a través del comedor terapéutico», apunta Suárez.

Desde el Servicio Canario de Salud, afirman que existe desde 2009 un protocolo de actuación para abordar los TCA que establece equipos multidisciplinares para abordar la enfermedad en las 33 unidades de salud mental del archipiélago. Esta red cuenta con dos hospitales de día infanto-juveniles, aunque los ingresos hospitalarios se realizan en las plantas de hospitalización de Pediatría o en las Unidades de Internamiento Breve de Psiquiatría. La Consejería de Sanidad prevé disponer de unidades de salud ambulatoria y de hospitalización específicos para pacientes con TCA a lo largo de este año.

Mientras eso llega, Gull Laségue afronta en solitario el aumento de la demanda con los mismos recursos que hace una década.

Desoídos por Sanidad

La principal fuente de recursos de la Asociación Gull Lasègue es una subvención anual de 100.000 que viene recibiendo desde 2013. Desde entonces, la demanda ha crecido, al igual que el número de profesionales y los servicios que prestan a las personas afectadas por los trastornos de conducta alimentaria (TCA), pero la cuantía de la subvención se mantiene invariable. «Desde la Consejería de Sanidad no se ha visto que quieran ayudarnos. Estamos intentando mantener una reunión con Blas Trujillo desde hace seis meses y nos está dando largas», explica Miguel Suárez, presidente de la entidad declarada de utilidad pública en 2011.

En Gull Lasègue trabaja un equipo de 16 profesionales de la psicólogía sanitaria, la nutrición, la enfermería, la administración, el trabajo social, la cocina y los servicios de limpieza. Estas personas se encargan de informar y asesorar a las personas afectadas por TCA y sus familiares y ofrecerles un tratamiento nutricional, psicológico y social.

El Cabildo de Gran Canaria, que aporta 60.000 euros para el comedor terapeútico, cede a la asociación las instalaciones del centro Fátima a las que asisten diariamente 35 personas. Allí almuerzan, meriendan y reciben un tratamiento invididualizado, además de participar en terapias de grupo. Otras 130 personas acuden semanal o quincenalmente para recibir tratamiento ambulatorio.

« La supervivencia económica de la asociación no está garantizada», reconoce Suárez que pide al Servicio Canario de Salud que «se moje al igual que lo hace con otras enfermedades».

En todo caso, Suárez confía en que la asociación desaparezca cuando la sanidad pública atienda estos trastornos. «Mientras no lo hagan»-dice- «seguiremos vigilantes y exigentes».