Pruebas con un maniquí para determinar el impacto sobre el retrovisor del T-Roc. / erat

Las seis lesiones de Esther López que cuadran con «la geometría» del vehículo de Óscar S.

El equipo de reconstrucción de accidentes de la Guardia Civil descarta el atropello por una furgoneta o un «utilitario»

M. J. PASCUAL Valladolid

Ni un turismo «utilitario» ni una furgoneta. El equipo de reconstrucción de siniestros de tráfico de la Guardia Civil (ERAT) concluye que las lesiones que presentaba el cadáver de Esther López cuando fue encontrado en la cuneta de la carretera de Traspinedo más de veinte días después de su desaparición son compatibles con vehículos todoterreno y SUV (Sports Utility Vehicle), un tipo de coche como el de Óscar S. M, el principal de los tres investigados en el caso de la desaparición y muerte de su amiga. Los especialistas sostienen en su informe que existe compatibilidad de las lesiones de la víctima con «la geometría» del vehículo Volkswagen T-Roc del sospechoso. Detallan seis de las once lesiones más importantes (fueron múltiples los traumatismos, pero ninguno fue mortal por sí mismo, según el informe de los forenses) y las relacionan con partes concretas de este vehículo sobre las que se habría producido un impacto directo.

Así, el borde del capó del motor, con una altura frontal de 0,80 centímetros, casa con la altura del golpe que tenía Esther (35 años, 58 kilos, 1,64 metros de estatura más los 0,03 del tacón de las botas que calzaba) bajo el glúteo izquierdo. La lesión que presentaba en el glúteo derecho es compatible con el borde del capó por encima del proyector anterior derecho. Cree el ERAT que esta se pudo producir en el movimiento de rotación que describe el cuerpo tras el primer impacto en la pierna izquierda. Hay otro golpe con hematoma en la parte posterior de las piernas, a unos 40 centímetros desde el borde del talón que se corresponde con el paragolpes.

El espejo retrovisor

En la cadera derecha, la malograda vecina de Traspinedo tenía una luxación posterosuperior de la cadera derecha, que pudo obedecer al movimiento de rotación que experimenta el cuerpo en el momento de recibir el impacto principal de la parte anterior derecha del T-Roc. El traumatismo craneal en la zona media biparietal izquierda corresponde «con un impacto directo con el espejo retrovisor derecho o bien como consecuencia de la caída y el impacto con el suelo». No se descarta que el retrovisor exterior derecho por su «geometría y morfología» hubiera podido producir a Esther la lesión que tenía en el dorso del tórax, a la altura de la paletilla.

El coche habría circulado a una velocidad de 45 kilómetros por hora. En la simulación del atropello se ha tenido en cuenta el análisis realizado por los forenses de las heridas que presentaba la víctima, que estaría caminando a unos 4,7 kilómetros por hora por un lugar todavía indeterminado ( el atropello no se produjo donde se encontró el cuerpo). Ninguna lesión por sí sola le habría causado la muerte instantánea, por lo que la velocidad del vehículo no pudo ser muy alta.

En el simulador, el T-Roc mantuvo la trayectoria rectilínea y no bajó la velocidad tras el atropello

El primer impacto de la pierna izquierda fue con el frontal del vehículo, concretamente entre el frontal y la rejilla, junto con el paragolpes delantero. Como consecuencia del impacto, el cuerpo rotó hacia la derecha y volteó por el lateral izquierdo del coche. El golpe le provocó una brusca rotación de la cadera. En ese momento, indica el informe, debió producirse la luxación de la cadera derecha, saliéndose la cabeza del fémur del hueso de la pelvis. Esther ya no podía andar. Después de elevarse, el cuerpo sufrió un latigazo cervical y se deslizó por el lateral derecho en un movimiento hacia atrás, mientras el vehículo seguía avanzando hacia adelante. Fue en ese momento cuando la joven pudo golpearse con el retrovisor derecho, primero en el cráneo y luego en el hombro izquierdo, en la escápula. Después impactó de cabeza contra el suelo con «un leve efecto rebote y arrastre» hasta su posición final.

Según la simulación utilizada por Tráfico, el Volkswagen T-Roc mantuvo su trayectoria rectilínea, sin secuencias de giro de volante ni reducción de velocidad. Solo aumentó ligeramente a 46,95 kilómetros por hora, detalla el informe. Mientras Esther fue desplazada a algo más de tres metros más allá del punto de impacto, el coche mantuvo su trayectoria sin evidencias físicas que denoten una reducción brusca de velocidad. Lo que sigue siendo un misterio es dónde se produjo ese atropello calificado de «atípico» por los especialistas.