Azoteas, terrazas y balcones se reinventan

05/04/2020

La ciudadanía ha reconvertido estos espacios de sus casas en lugares para practicar deporte, dar un paseo, tomar el sol o hacer bricolaje sin que ello suponga incumplir el confinamiento impuesto para tratar de frenar la propagación de la Covid-19.

rebeca díaz / las palmas de gran canaria

Que somos seres sociales es algo que no se le escapa a nadie y más si se vive en una región como la nuestra, en la que la climatología invita a salir y disfrutar de la calle casi todo el año. De ahí que no resulte extraño que a más de uno el confinamiento al que estamos obligados por el estado de alarma decretado, con el objetivo de tratar de evitar la propagación de la pandemia que ha propiciado el coronavirus, se le haya atragantado.

No es fácil reprimir las ganas de seguir las rutinas a las que estamos acostumbrados en nuestro día a día. Si trabajar desde casa no es siempre tarea fácil, tratar de atender nuestras necesidades de ocio y esparcimiento no lo es menos. Llega un momento en el que la oferta cultural y de juegos que la mayoría tienen a su disposición ya no es suficiente y algunas personas empiezan a sentir una sensación que roza la claustrofobia.

Ante este panorama, muchas personas han optado por dotar de nuevos usos a las azoteas, terrazas o balcones de sus viviendas -cada uno dentro de sus posibilidades- y desarrollar en ellas actividades que les hagan olvidar por un rato el encierro y les permitan continuar con algunas de sus hábitos deportivos o de ocio.

Así, no es extraño ver a vecinos y vecinas subir a sus azoteas a dar un paseíto mañanero para estirar las piernas, eso si, guardando la distancia de seguridad recomendada por las autoridades sanitarias. También los hay que aprovechan para hacer estiramientos o algún que otro ejercicio suave que les saque del entumecimiento al que lleva tanto sedentarismo y convirtiendo en zona de recreo unos espacios a los que hasta la fecha no se les tenía en cuanta salvo a la hora de tender la ropa o acumular cosas inútiles en los trasteros.

La terrazas también son lugares que han tomado protagonismo a medida que transcurren los días de confinamiento. Y son aprovechadas por quienes, como es el caso de Jorge Toledo, tienen la fortuna de disfrutar de una bastante amplia y de uso exclusivo. Por eso este vecino de la capital grancanaria dedica una hora cada tarde en la suya a ejercitarse en la bici estática.

Explica que la clave para llevar adelante un encierro, que no descarta que se alargue más de lo anunciado, es levantarse como si uno fuera a trabajar y realizar las labores profesionales que en su caso le permite el teletrabajo. Luego dedica tiempo a la vida familiar y ya por la tarde llega la hora de su cumplir con su hora «de rutina de ejercicio». Una actividad que además comparte con muchas otras personas a través de los vídeos que graba y cuelga en redes. «Tengo un canal específico de Youtube de bicis y de motos», explica. Si bien habitualmente comparte en él las experiencias que lleva a cabo en el exterior, como «rutas por Gran Canaria», estos días «hago contenidos para que la gente pueda entrenar en casa».

Apunta que la nueva realidad que nos toca vivir le ha obligado a adaptar sus entrenamientos y su bici se ha transformado en estática gracias a un rodillo. Y el entrenamiento suele comenzar «con un calentamiento» al que siguen «distintos cambios de ritmo y de intensidad durante una hora». Reconoce que difiere mucho de un «entrenamiento en el exterior», pero «es muy similar a uno de spinning, pero en casa».

Algunos prefieren disfrutar de estos espacios con los pequeños de la casa -una población a la que, por sus altas dosis de energía, se le hace especialmente complicado no poder callejear- o sencillamente para darse un paseo en solitario sintiendo el sol en la cara.

Cualquier excusa es buena para tomar unos espacios en los que la sensación de encierro y agobio se rebaja y la idea de que la vuelta a la vida de antes está más cercana. Por eso Pedro no duda en realizar tareas de bricolaje en su azotea del barrio de San Juan.

Los que no disponen de azoteas o terrazas se limitan a convertir en balcones y ventanas en plataformas que les conectan con sus vecinos y sentir que aún forman parte de un todo.