Luis Rojas-Marcos, durante su intervención en el acto. / EFE

«Sentía un dolor enorme y lo único que quería era quitarme de en medio»

Casi 4.000 personas se suicidaron en España en 2020, pero la pandemia ha disparado los intentos, sobre todo, entre adolescentes y jóvenes

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTO Madrid

Durante el confinamiento de 2020, José (nombre ficticio) y su pareja decidieron acabar con la relación. Pero el divorcio se complicó y este hombre, que tiene ahora 43 años y vive en una ciudad del norte de España, se vio ante la perspectiva de dejar de convivir con su hijo, al que adora, y de tener que abandonar la casa, pagada en su mayor parte por él. «Entré en un estado de bloqueo y no veía salida», cuenta José. Una mañana subió a la azotea y se asomó, literalmente, al precipicio. «Sentía un dolor enorme y lo único que quería era acabar con todo, quitarme de en medio». Pero en el último momento, dio un paso atrás y pidió ayuda. Un psicólogo primero y un psiquiatra más tarde atendieron a José, que ahora, gracias a su tratamiento, vuelve a tomarse la vida con esperanza. «Acordé con mi pareja la custodia compartida de mi hijo, me quedé en la casa, he recuperado a mis amigos y vuelvo a tener vida social», explica. Pero sabe que no puede bajar la guardia: una de cada cinco personas que ha querido suicidarse lo intentará de nuevo.

José es un superviviente, pero responde al perfil del suicida: un hombre de entre 40 y 54 años que sufre un gran trauma personal. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2020 (último año con datos disponibles), se quitaron la vida en España 3.941 personas, casi 11 cada día. De ellas, 2.930 eran hombres (el 74%) y 1.011, mujeres (26%). En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora este sábado, los expertos constatan que la pandemia ha disparado los factores de riesgo, como los problemas de salud mental, y ponen el foco de la preocupación en los más jóvenes.

En el acto 'Esperanza y acción contra silencio. Salud mental y suicidio en jóvenes y adolescentes', la ministra de Sanidad, Carolina Darias, anunció que el teléfono 024 va a contar pronto con un servicio de chat para atender a los adolescentes con ideas suicidas. «De esta manera, los jóvenes a los que les cuesta más llamar podrán expresarse y recibir ayuda», dijo Darias. Desde que el 10 de mayo se puso en marcha, el 024 ha atendido a más de 43.000 personas (más de 360 de media cada día, se han derivado más de 1.700 a servicios de emergencias 112 y se han detectado más de 700 suicidios en curso.

Al teléfono llaman más mujeres que hombres y el 30% de los usuarios son menores de 30 años. Pero también hay muchos profesores «y sobre todo, profesoras» que se ponen en contacto con los especialistas para «pedir herramientas que les permitan abordar las posibles conductas suicidas de sus estudiantes», señaló Darias.

Mientras, especialistas y supervivientes reclamaron más medios para luchar contra este problema de «salud pública». «En general, la tendencia no es buena desde 2016, pero tras la pandemia, en algunos hospitales han detectado hasta cuatro veces más intentos de suicidio entre los adolescentes y uno de cada tres de ellos ha intentado autolesionarse para regular sus emociones», explica el psicólogo Alejandro de la Torre, investigador principal del Proyecto Survive, que busca estudiar la conducta suicida en España. «Además, desgraciadamente, solo estamos viendo la punta del iceberg», lamenta De la Torre, que cree que faltan «datos globales».

Los expertos lamentan el «estigma» que acompaña a las personas que han intentado acabar con su propia vida y también a sus familias. «No solo se sienten solos y abandonados, sino también señalados. ¿Cómo puede vivir así una persona? Es muy difícil, casi imposible», argumenta Dolors López, superviviente, coordinadora del Plan de Formación del Profesorado contra el suicidio la Comunidad Valenciana y autora del libro 'Te nombro'.

A este estigma se refirió en su intervención Luis Rojas-Marcos, miembro de honor de la Sociedad Española de Psiquiatría y antiguo responsable del sistema de salud pública de Nueva York. «Debemos trabajar para terminar con el rechazo social que existe sobre el suicidio», explicó por videoconferencia Rojas-Marcos, que al igual que otros expertos, avisó de que las estadísticas se quedan cortas y «no reflejan la magnitud total del problema». «A la hora de identificar un suicidio, se necesita que exista una nota de despedida o se identifica por la autopsia, pero sabemos que muchos accidentes son a la vez intentos de suicidio».

El psiquiatra sevillano, que ha desarrollado la mayor parte de su carrera en Estados Unidos, subrayó la importancia de abordar el suicido desde «la Atención Primaria, las Urgencias y todas las especialidades médicas, pero también en los centros docentes». «El acoso escolar conduce a la depresión y la depresión, al suicidio, y en muchos colegios aún existe una nube de silencio», aseveró. Y finalmente, pidió que se trabaje para «limitar el acceso a los medios letales» relacionados con el suicidio, como «el alcohol, los medicamentos (especialmente los opiáceos), las drogas o las armas de fuego».