Los sanitarios, solos ante el peligro del coronavirus

El personal de los hospitales ha trabajado sin tener equipos de protección óptimos, doblando turnos y con un elevado estrés.

DOMÉNICO CHIAPPE / MADRID

Minutos de silencio en las puertas de los hospitales. Aplausos a las ocho en honor a los sanitarios. La tasa de contagio del personal que trabaja directamente con los enfermos de la Covid-19 en los distintos centros de salud puede llegar a acercarse al 30%, según la cantidad de pacientes que hayan ingresado, seis veces superior al resto de la población. Por ejemplo, en el Hospital de Alcorcón (Madrid), uno de cada tres de sus médicos, enfermeras, celadores y personal de limpieza ha sido infectado con el coronavirus; y en el Ramón y Cajal, el 25%.

¿Por qué los sanitarios siguen tan expuestos al virus dos meses después de decretarse el estado de alarma? Las razones son «multifactoriales», explica María Montoya, inmunóloga del CSIC y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Inmunología. «Los sanitarios están expuestos a enfermos, que tienen una carga viral alta. Sabemos que mientras más se exponen a esa carga viral hay más probabilidades de infectarse. Las medidas de seguridad y equipos de protección deben ser extremadamente importantes».

Sin embargo, desde el día cero los sanitarios denunciaron falta de elementos de protección, como mascarillas, guantes, trajes o pantallas faciales. Y en algunos casos, cuando llegaron, estaban defectuosas. «Todavía la disposición del material no es óptima», asegura Jesús Díez Manglano, miembro de la Sociedad Española de Medicina Interna e internista del Hospital Royo Villanova de Zaragoza. «El personal todavía no está bien protegido». Las medidas higiénicas se han hecho estrictas poco a poco, región por región, pero los problemas de distribución y calidad todavía crean incertidumbre.

Para garantizar unas adecuadas condiciones de trabajo, a los sanitarios se les hubiera debido someter a continuos test, para determinar si portaban el virus o no, explican los expertos consultados, porque tienen contacto cercano no solo con personas contagiadas. También con sus propios compañeros. Los asintomáticos podían transmitir el virus más de dos semanas después. «Se debería haber hecho pruebas a todos los sanitarios, y sobre todo a los que estaban en contacto directo con pacientes de la Covid-19», denuncia Díez Manglano, a quien le hicieron el primer test dos meses después de estar atendiendo a pacientes con coronavirus. «Me hicieron uno serológico con sensibilidad del 70%. Su resultado es más que cuestionable por su baja calidad».

Sus probabilidades de contagio, al igual que a los sanitarios que trataban a los pacientes diagnosticados, eran mayores debido al tiempo de exposición a esos casos positivos. «Estar más expuesto a cantidad más altas de virus aumenta las posibilidades de infectarse», afirma Montoya. «Cuando tienes solo un contacto puedes infectarte o no. Pero si tienes diez la posibilidad es mucho más alta. Todavía no está claro si la gravedad de la enfermedad depende de la cantidad de virus ni sabemos la dosis mínima para infectarse».

Bajas permanentes

Hay casi 50.000 sanitarios contagiados, sin contar con los asintomáticos, puesto que los test de seroprevalencia no se han realizado en esta población específica. Pero el Gobierno rebaja las cifras a un 5,4%, colocándolos junto al resto de trabajadores de actividades esenciales, aunque los demás no estén tan expuestos. «Una cifra del 5% de contagios a nivel de población general no se puede extrapolar al personal sanitario», refuta Díez Manglano. «Es más fácil que pueda infectarse el personal sanitario».

La exposición del personal sanitario al virus se multiplicó durante la emergencia sanitaria, no sólo por la cantidad de pacientes. También por la necesidad de cubrir los despidos y las vacantes de más de una década. «Venimos de una época de recortes importantes a causa de la crisis de 2008 y en algunos hospitales el personal tuvo que doblar turnos en el pico de la infección», analiza Montoya. «No puedes inventarte los médicos o enfermeras que se han ido de España porque aquí no encontraban trabajo o les ofrecían contratos que no eran estables. Los que sí estaban aquí han tenido que trabajar muchísimas horas para poder salvar la vida de la gente».

Otro factor adicional que influye en la tasa de contagio del personal sanitario se relaciona con la carga de trabajo y la frustración por no poder salvar más vidas. El estrés debilita el sistema inmune. «El sistema inmune tiene un papel muy relevante en el desarrollo de la enfermedad y su gravedad, y en general el estrés no favorece el desarrollo de una buena respuesta inmune». En una encuesta entre médicos internistas, que han atendido a gran parte de los casos no críticos de la Covid-19, el 67% ha tenido insomnio, el 43% se alimenta peor y el 60% se ha deprimido. «Si viene un segundo brote nos cogerá agotados», vaticina Díez Manglano.