Una trabajadora, en los laboratorios de BioNTech. / Efe

Un gran hito que empezó a gestarse hace 13 años

El laboratorio BioNTech, que ha desarrollado la vacuna de Pfizer, trabaja desde hace más de una década con la tecnología del ARN mensajero

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTO Madrid

Los corredores de velocidad saben bien que para ganar una carrera cien metros tiene que haber detrás muchos años de trabajo silencioso, y una analogía similar serviría para los descubridores de la vacuna contra el coronavirus. La ciencia ha esprintado de una manera nunca antes conocida en el último año para lograr el antídoto contra la pandemia más grave del último siglo, pero no se partía de cero: buena parte del trabajo ya estaba hecho.

La tecnología que ha permitido desarrollar la vacuna de la farmacéutica Pfizer y del laboratorio alemán BioNTech, que ya ha comenzado a inyectarse en Reino Unido y Estados Unidos y que el 27 de diciembre se empezará a administrar a los ciudadanos de la Unión Europea, nació hace más de una década, aunque entonces sus creadores no buscaban en particular una solución contra los virus respiratorios.

«Estamos trabajando desde hace 13 años con la idea de que con la tecnología ARNm (o ARN mensajero, ácidos ribonucleicos mensajeros) podíamos lograr triunfos en la lucha contra distintas enfermedades», contó la semana pasada Uygur Sahin, durante una videoconferencia con la canciller alemana Angela Merkel. Sahin y su socia y pareja Özlem Türeci, hijos los dos de inmigrantes turcos en Alemania, pensaron primero en utilizar esta tecnología para la lucha contra el cáncer.

El 'procés' dejó a Barcelona sin la Agencia Europea del Medicamento

La Agencia Europea del Medicamento, que este lunes analizará y previsiblemente aprobará la vacuna de Pfizer, tiene su sede en Ámsterdam, pero la podría haber tenido en Barcelona. Cuando el organismo, que estaba asentado en Londres, debió buscar otra sede tras el 'brexit', la capital de Cataluña partía con ventaja. Pero la elección se produjo el 20 de noviembre de 2017, apenas un mes después del referéndum ilegal del 1-0, y las imágenes de disturbios en la calle acabaron con las opciones de ubicar en Barcelona una institución con 900 funcionarios y 35.000 visitantes al año. «No me puedo quitar de la cabeza que podría estar en Barcelona», se lamentó hace un mes el ministro Salvador Illa.

La vacuna de Pfizer/BioNTech y también la de Moderna, la segunda más avanzada y que probablemente sea aprobada por la Unión Europea el 6 de enero, se basan en la misma técnica: inyectar en el organismo una molécula larga llamada ARNm o ARN mensajero, que está modificada genéticamente para producir en las células los antígenos (sustancia que desencadena la formación de anticuerpos) específicos para el virus que desatan la respuesta del sistema inmunitario.

«La ciencia tenía una buena base. Hace diez años, cuando surgió otro coronavirus, el MERS, ya se empezó a trabajar en él con la tecnología del ARN mensajero. Aquel virus no fue tan dañino y la investigación se dejó de lado, pero ahora ya había un bagaje que ha permitido acelerar los plazos», cuenta Amos García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología, que califica como «hecho histórico» el descubrimiento de la vacuna contra el SARS-CoV-2.

Desde enero

Allá por enero del 2020, cuando la humanidad apenas había oído hablar del nuevo coronavirus, que por entonces era solo una crisis sanitaria sólo en China, comenzaron a darse los pasos para enfrentarse a él. El 10 de enero, científicos chinos publicaron su secuencia genética y el 13, los investigadores de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos y la empresa estadounidense Moderna ya habían diseñado una vacuna que la farmacéutica comenzó a probar en humanos el 16 de marzo, sólo dos días después de que España decretara el estado de alarma y el confinamiento domiciliario. Pfizer y Moderna trabajaron en paralelo: el 9 de noviembre, la primera compañía anunció que su vacuna tenía un 90% de eficacia. Una semana después, la segunda elevó la eficacia hasta el 94,5%.

El pasado jueves, la revista 'Science' calificó el descubrimiento de este remedio contra el coronavirus como el logro científico del año y se felicitó por la velocidad con la que se habían obtenido resultados exitosos. Uno de los editores de la revista, Jon Cohen, aseguró: «Nunca antes tantos competidores habían colaborado de manera tan abierta y frecuente, nunca antes tantos candidatos habían avanzado hacia pruebas de eficacia en gran escala de manera, virtualmente, paralela. Y nunca antes los Gobiernos, la industria, los académicos y las organizaciones sin fines de lucro han volcado más dinero, esfuerzo e inteligencia en la lucha contra la misma enfermedad y en tan poco tiempo».

García Rojas incide en que jamás se habían invertido recursos siquiera parecidos en la búsqueda de una vacuna y que todo el camino avanzado, tanto por los que lograrán un remedio efectivo como por los que se quedarán por el camino, constituirá «una gran base para consolidar el futuro de las vacunas». «Mi único temor es que, una vez pasado este coronavirus, se olvide de nuevo el papel de las vacunas y de la salud pública en el bienestar de la sociedad», apunta el presidente de los vacunólogos, antes de pedir que el conocimiento científico sirva también para convencer a aquellas personas (más de la mitad de la población española, según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas) que dudan si ponerse la nueva vacuna.

«Hay que hacer comprender que la vacuna es la única forma de modular la pandemia», subraya. «En este proceso es fundamental no perder la confianza de la población para no favorecer los movimientos antivacunas. Por eso es importante una total transparencia que asegure que solo se autorizan las vacunas por criterios científicos», corrobora Ignacio López-Goñi, profesor de Microbiología de la Universidad de Navarra.