El geriatra René de Lamar participa en las II Jornadas de Enfermería, Envejecimiento Activo y Cuidado de la Salud Mental. / gerardo ojeda, cober

«Si envejecer supone una marejada, todos los profesionales sanitarios tenemos que ser un faro»

El geriatra René de Lamar destaca la importancia de la salud mental y sensorial en los mayores, en unas jornadas celebradas en la UFPC

Dánae Pérez
DÁNAE PÉREZ Las Palmas de Gran Canaria

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que una actividad física adecuada evita cinco millones de muertes al año. Pero, si se fomentara de igual manera el entrenamiento mental, la estimulación del cerebro, de forma que se evite el aislamiento o la soledad en las personas mayores, ¿en cuánto se podría retrasar el paso del deterioro cognitivo a la demencia?

Esta reflexión la lanzó al aire el geriatra René de Lamar en las II Jornadas de la Enfermería, Envejecimiento Activo y Cuidado de la Salud Mental, celebradas el jueves 12 de mayo (Día Internacional de la Enfermería) en la Universidad Fernando Pessoa Canarias (UFPC) y ante un público paradójicamente joven. Estos chavales de mirada atenta eran, precisamente, estudiantes de enfermería de la citada universidad.

Se trata de un pensamiento relevante, si se tiene en cuenta que el 18,7% de la población en España tiene más de 65 años, porcentaje que aumentará a un 25,6% en 2031 y a un 34,6% en 2066, según apuntó de Lamar. Actualmente, además, existe una clara «feminización del envejecimiento», ya que las mujeres alcanzan una esperanza de vida media de 86,3 años, mientras que los hombres de 80,3.

El experto desveló estos datos en la ponencia 'Visión de la neurodegeneración en el S. XXI', en la que también desentrañó los entresijos de la geriatría y enumeró los diferentes factores para impregnar la vejez de calidad. Entre ellos figuran viejos conocidos como los hábitos de vida saludables, la alimentación y el ejercicio físico (la referida por la OMS como actividad física adecuada).

Imágenes de la ponencia de René de Lamar 'Visión de la neurodegeneración en el S. XXI'. / gerardo ojeda, cober

No obstante, de Lamar quiso poner el foco en aspectos más olvidados, pero igual de vitales a la hora de envejecer bien: la salud mental y sensorial. Respecto a la primera, destacó que la jubilación, la viudedad, la pérdida de seres queridos y del estatus económico y social tienen un impacto significativo en los adultos mayores.

En cuanto a la segunda, resaltó la importancia de atender la visión y audición. Señaló que hoy en día nadie tiene problemas para operarse de cataratas o llevar gafas o lentillas. Sin embargo, se tiende a descuidar la audición, cuando la pérdida de esta lleva al aislamiento (al no poder participar de la conversación), al deterioro cognitivo y, finalmente, a la demencia.

Otro aspecto fundamental para que hacerse mayor sea un viaje agradable y llevadero es la autonomía. El especialista, de hecho, señaló que lograr que los pacientes de edad avanzada logren la mayor autonomía posible es el gran reto de la geriatría moderna. La autonomía se refleja, por ejemplo, cuando un adulto mayor sale a comprar el pan por su propio pie o va en coche al centro de salud.

Destaca la importancia de cuidar la audición, cuya pérdida puede derivar en aislamiento, deterioro y, finalmente, demencia

Para alcanzar dicha autonomía, entra en juego otro factor primordial: la prevención. Con la prevención es más probable que se retrase el deterioro de la salud y, a última instancia, la discapacidad. En este punto, de Lamar aclara que «en adultos mayores todo se mide en términos de función y no de edad cronológica», lo que explica que personas de 90 años sean capaces de correr una maratón sin apenas cansarse.

Particularidades de la geriatría

Lo cierto es que la geriatría está preñada de particularidades. Una de ellas es que «las cosas no son lo que parecen», según desveló de Lamar a los futuros enfermeros. Con esta premisa, el médico hizo referencia a la presentación atípica de enfermedad, un fenómeno «muy usual» en esta disciplina.

Por ejemplo, un paciente mayor padece neumonía, sin embargo, no presenta ni tos ni fiebre, y el motivo por el que acude a consulta es porque se ha caído o manifiesta confusión mental. A esto se suma otro reto relativo a la anamnesis (exploración clínica), que con este tipo de pacientes no es igual que con adultos jóvenes.

Y es que, un adulto joven puede expresarse de manera clara y precisa, incluso compartir edad con el médico que le atiende. «Cuando hacen una anamnesis con un adulto de 90 años, él ha vivido cosas que ustedes no, tiene una percepción de las cosas que ustedes no y eso tenemos que entenderlo, comprenderlo y actuar en consecuencia», enfatiza el especialista.

El alumnado de Enfermería de la UFPC antiende a las palabras de René de Lamar. / gerardo ojeda, cober

Por ello, en estos casos, la anamnesis puede llevar cierto tiempo. «Hay que tener mucha paciencia y, en ocasiones, nos damos cuenta de que una primera visita puede no ser completa; primero, porque puede haber deterioro cognitivo (lo que lleva a olvidos); y segundo, porque muchas veces no disponemos de todo el tiempo que cada paciente requiere», puntualiza.

Esta situación lleva a los geriatras a ser todavía más exhaustivos en sus exploraciones. Tanto es así que «la capacidad cognitiva nunca puede darse por buena y satisfactoria hasta que no se compruebe, lo que requiere de una valoración instrumental, porque una persona con un elevado nivel cultural y educacional nos puede confundir», desvela el doctor.

Esto, a su vez, está relacionado con el efecto iceberg. «En geriatría, muchas veces tenemos que medir la enfermedad, no a través de sus causas, sino de sus consecuencias», aspecto en el que entra en juego la regla de las íes: iatrogenia, inestabilidad, incontinencia e intelecto deteriorado. Esta norma, asegura el experto, «ayuda muchísimo» a identificar las dolencias del paciente, ya que «muchas veces no se debe a un solo problema, sino a varias alteraciones de la salud».

René de Lamar, por último, hizo hincapié en que los mayores merecen disfrutar de las cosas pequeñas de la vida, como un amanecer o el vuelo de un pájaro, y que, si en algún momento envejecer se convierte en una marejada, «todos los profesionales sanitarios tenemos que ser un faro para que nuestros pacientes lleguen a puerto de la mejor manera posible».

El geriatra René de Lamar junto con la directora del departamento de Enfermería de la UFPC, Melba Estupiñán. / c7

El reto de atender a los pacientes maduros de forma multidisciplinar

Javier Alonso, geriatra en el Hospital Insular de Lanzarote y también ponente en las II Jornadas de Enfermería celebradas en la Universidad Fernando Pessoa Canarias (UFPC), puso de relieve la importancia de atender la salud de los más mayores desde múltiples disciplinas, en lo nutricional, físico y cognitivo, entre ellas, realizando paralelamente un acompañamiento y diagnóstico precoz.

A este respecto, Melba Estupiñán, directora del departamento de Enfermería de la UFPC, señaló que las enfermeras y Canarias son pioneras en este tipo de procedimientos, ya que en 2002 activaron el papel de la enfermera gestora de casos, gracias al que diferentes especialistas tratan a un mismo paciente, ya no de forma aislada, sino con un objetivo común.

Por su parte, René de Lamar quiso destacar el papel de la enfermería tanto en el sistema sanitario en general como en su especialidad médica, poniendo énfasis en que las enfermeras son la piedra angular para la óptima atención al mayor.