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Momento de la sesión sobre gestión de las emociones en la clase de sexto curso de primaria del colegio Roque Aguayro, en Agüimes. COBER

Cuando la enfermera se convierte en maestra: clases para vivir más y mejor

Dos proyectos pilotos llevan a las aulas isleñas la figura de la enfermera escolar, una educadora en salud que asiste al alumnado con patologías crónicas

Carmen Delia Aranda

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 5 de mayo 2024, 02:00

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Irene jamás se hubiera imaginado que los cereales con chocolate que desayunaba cada mañana fueran tan poco saludables. La niña, que ahora ronda los doce años, descubrió la cantidad de azúcar que ocultaban los copos de arroz y trigo chocolateados en una de las sesiones de enfermería escolar que ofrece el colegio público Roque Aguayro, uno de los once centros de Agüimes incluidos en el proyecto piloto para la educación y la promoción de la salud entre los escolares.

En aquella clase, de la mano de la enfermera escolar Pilar Escudero, el alumnado investigó la composición y la cantidad de azúcares que contienen algunos de los alimentos que consumen con frecuencia, desde salsas a batidos.

A su compañera Nerea, aparte de las claves de la nutrición saludable, lo que más le ha interesado de las sesiones de enfermería escolar son los aspectos relacionados con la salud mental y la gestión de las emociones. «Me parece súper importante y, de la manera en la que lo explica, se te queda grabado», comenta la compañera de clase.

En la sesión de esta semana exploraron el universo de las emociones y descubrieron, en el fondo de una caja, a la persona más importante de sus vidas, la que siempre les acompaña y con la que mantienen un diálogo infinito: ellos mismos.

Aprender jugando

A través de juegos, dinámicas de grupo, sorpresas y hasta un 'scape room', Escudero les instruye en la práctica de los primeros auxilios e incluso en cómo actuar en casos de máximo riesgo.

«Nos han enseñado a reanimar a alguien si tiene un ataque cardíaco, a corregir las malas posturas, a comer más saludable y a reconocer las emociones», resume Manu segundos antes de exhalar un quejido de dolor y mostrarle a la enfermera su dedo lesionado por un pisotón accidental. «No ha sido nada. Échate agua fría», dice la enfermera tras echarle un vistazo.

La presencia de la profesional en el colegio insufla cierta tranquilidad a los docentes, responsables de que los niños salgan enteros de las aulas.

«Estamos para lo que surja. Si hay que intervenir en alguna situación, también actuamos, pero no solo estamos para una caída en el patio. Nuestra función principal es la de la promoción de la salud, pero si hay algún niño con necesidades especiales, como una diabetes o una alergia, también intentamos estar pendientes de su cuidado y de la ayuda que pueda precisar esa familia a la hora de resolver alguna duda. También resolvemos las que nos plantea el personal docente y no docente», comenta la sanitaria y educadora.

Personal formado para una urgencia

De hecho, las primeras sesiones de enfermería escolar las protagonizaron el profesorado y el personal del comedor escolar, que fueron entrenados para resolver cualquier urgencia con un curso de primeros auxilios, señala la enfermera.

El segundo semestre se dedicó a transmitirle al alumnado la importancia de la actividad física, la higiene postural y la alimentación saludable para vivir más y mejor. Ahora, en el tramo final del curso, andan embarcados en el bienestar emocional y en la prevención de las adicciones, relata Pilar Escudero.

«Nos dieron una charla sobre los videojuegos y vimos cómo nos afectan mentalmente y todas las consecuencias que pueden tener», comenta Rubén sobre una iniciativa que contó con la colaboración de la fundación Yrichen y que a él, personalmente, le pareció la más divertida de todas las planteadas en este proyecto piloto para introducir la figura de la enfermera en las aulas, auspiciado por el Colegio Oficial de Enfermería de Las Palmas y los ayuntamientos de Gáldar, Santa Brígida y Agüimes, en Gran Canaria, y Tías, Tinajo y San Bartolomé, en Lanzarote.

En total, esta iniciativa, en la que participan nueve enfermeras, abarca a alrededor de 13.500 alumnos de 40 centros educativos de las dos islas. La intención del órgano colegial es presentar un proyecto a la Consejería canaria de Educación para la expansión paulatina de la figura de la enfermera escolar en todos los centros de Canarias.

«Nuestra misión es ofrecer sesiones siempre relacionadas con la salud con la idea de generar habilidades y destrezas para que, el día de mañana, sean capaces de autogestionarse en cuanto a los cuidados, que tengan capacidad y seguridad en ellos», explica Pilar Escudero, cuyas sesiones educativas se basan es la definición de 'salud' de la Organización Mundial de la Salud, que engloba tres niveles; «el físico, el psicológico y el social».

Esta amplia descripción le permite abordar temas muy dispares con el alumnado que, gracias a este conocimiento, podrá generar en su entorno conductas sanas.

El proyecto del Colegio Oficial de Enfermería, iniciado en septiembre de 2022 en tres municipios de Lanzarote y ampliado en febrero de 2023 a otras tres localidades de Gran Canaria, no es el único que ha introducido a la enfermera escolar en los centros de educación primaria y secundaria de Canarias.

Segundo proyecto piloto

También el Gobierno de Canarias ha puesto en marcha una iniciativa similar desde el curso 2022-2023.

En concreto, el proyecto piloto coordinado por las consejerías de Sanidad y de Educación ha implantado la enfermería escolar en 62 centros educativos a través del trabajo de 22 enfermeras del Servicio Canario de la Salud. Siete de estas profesionales están destinadas a las escuelas de Gran Canaria, otras seis llevan a cabo el proyecto en Tenerife, tres en Fuerteventura; dos en Lanzarote, dos de La Palma, una en La Gomera y otra en El Hierro.

En total, la enfermería escolar se ha desplegado sobre un censo total de 15.000 estudiantes, instalando sus bases en los centros educativos con mayor prevalencia de alumnado con ciertas patologías o enfermedades crónicas.

En el curso pasado este proyecto ofreció 1.126 sesiones al alumnado y a la comunidad educativa, en más de un millar de horas y con la asistencia de 22.109 personas.

Además de fomentar el autocuidado en el alumnado con patologías crónicas, a través de 51 unidades didácticas se abordaron temas como el acoso, la alimentación saludable o el ejercicio físico.

Ambos proyectos buscan lo mismo: que las nuevas generaciones ganen en salud y felicidad.

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