Foto de archivo de un curso impartido por Yrichen, junto a la atención a las adicciones, la formación es otro fin de este tipo de entidades. / C7

La demanda de ayuda para afrontar adicciones creció un 15% en la pandemia

La crisis económica ha propiciado nuevos consumos. El 40% de los usuarios de recursos contra las adicciones viven en la pobreza extrema

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

La crisis socioeconómica generada por la pandemia ha sido un buen caldo de cultivo para acceder a nuevas adicciones y agravar las preexistentes. Así lo asegura el director de la Fundación Canaria Yrichen, Juan José Pérez, organización que forma parte de la Asociación de Entidades Canarias de Adicciones (AECAD) que recientemente presentaron un informe que resume el impacto de la pandemia en los hábitos de consumo en materia de adicciones en Canarias.

« La pobreza y la desigualdad -la falta de medios propios para subsistir, para tener una vivienda y para cuidar la salud física y mental- y las adicciones se retroalimentan. Estos problemas conducen a las adicciones y las adicciones conducen a estos problemas», sostiene Pérez, que entiende que la precariedad socioeconómica sufrida por la población canaria en los dos últimos años se ha apreciado en un incremento de los usuarios que buscan el apoyo de las entidades de atención a las dependencias.

«Hemos calculado que, con la pandemia, ha aumentado la demanda de los recursos entre un 15 y un 20%», afirma el director de Yrichen, que reconoce que, con los actuales medios, están desbordados para atender a estas personas. «Ha aumentado la lista de espera. Hay más peticiones de ayuda y se ha ralentizado la atención de las que ya estaban en proceso. Estamos atendiendo a más gente con los mismos recursos que teníamos antes de la pandemia», lamenta el coordinador de la veterana fundación grancanaria.

Nuevas adicciones

Además, señala que la crisis sanitaria ha propiciado la irrupción de nuevas adicciones, como el uso crónico y no saludable de fármacos adictivos; ansiolíticos, antidepresivos y tranquilizantes. «Se está dando una respuesta cronificada y farmacológica a problemas que son, principalmente, sociales», asegura Pérez.

También en los últimos años han cobrado fuerza las adicciones conductuales relacionadas con el abuso de las tecnologías y el juego patológico virtual.

En todo caso, los nuevos comportamientos adictivos surgidos con la pandemia, principalmente, han estado ligados a la cronificación del uso de psicofármacos y el aumento de los problemas relacionados con el alcohol.

El documento presentado recientemente por la AECAD -integrada por Proyecto Hombre-Fundación Canaria Cesica, las asociaciones Integración Social Calidad de Vida, Cooperación Juvenil San Miguel, Antad y la Asociación Palmera para la Prevención y el Tratamiento de Toxicomanías, además de Yrichen- determinó que el 80% de las personas que acuden a estas organizaciones en busca de ayuda son hombres, frecuentemente de entre 35 y 55 años. La mayoría, el 75%, carece de empleo y sobrevive gracias a las prestaciones sociales o directamente carece de ingresos. De hecho, subraya Pérez, el 40% de estas personas sufre una situación de pobreza extrema. Una situación económica que ha empeorado durante la pandemia para el 30% de los usuarios consultados.

Además, el 60% de las 1.255 personas encuestadas convive con su familia, mientras que un 25% vive sola.

Prevalencia del consumo

Con la pandemia y la crisis económica, la mayor parte de las personas encuestadas ha mantenido sus hábitos de consumo, si bien en un 20% han añadido o cambiado la sustancia consumida.

La heroína (28%), la cocaína (23%), el alcohol (21,7) y el cannabis (19%) son, en ese orden, las sustancias más empleadas entre los usuarios de estos recursos.

Otro elemento preocupantes es que el 16% de las personas encuestadas y que tienen un problema de adicción o abuso de sustancias también reconocen tener problemas de adicción comportamental o sin sustancia.

En el informe, la AECAD hace un llamamiento a las autoridades para que las adicciones sean consideradas como una prioridad en la salud pública de Canarias, sobre todo ante el aumento de consultas y demandas de ayuda de personas a las que la pandemia ha puesto en una situación límite en el ámbito de la salud mental.