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Exterior de la discoteca Alcalá 20 en Madrid. R. C.
Los peores siniestros en discotecas: Alcalá 20, Flying y la estampida de Madrid Arena

Los peores siniestros en discotecas: Alcalá 20, Flying y la estampida de Madrid Arena

El fuego y el humo atraparon mortalmente a 125 personas en dos locales de ocio de Madrid y Zaragoza en 1983 y 1990, mientras que cinco jóvenes más fallecieron en la avalancha humana del pabellón madrileño en 2012

Mateo Balín

Madrid

Domingo, 1 de octubre 2023, 11:19

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El incendio de tres locales de ocio contiguos durante la madrugada del sábado al domingo en la zona de Atalayas de Murcia, que deja por ahora trece fallecidos y cinco desaparecidos, ha vuelto a revivir las grandes tragedias mortales en discotecas o salas de conciertos del país. Dos incendios en 1983 y 1990 dejaron 125 muertos en locales de Madrid y Zaragoza, respectivamente, y otras cinco jóvenes más perdieron la vida en 2012 una macrofiesta de Halloween que superó con creces el aforo previsto. Entre medias, otras 29 personas han muerto en los últimos 45 años en diferentes incidentes registrados en salas de fiesta.

Interior de la discoteca Alcalá 20, tras el incendio.
Interior de la discoteca Alcalá 20, tras el incendio. Efe

Alcalá 20, la chispa mortal

Eran las 4:45 de la madrugada del 17 de diciembre de 1983, apenas un minuto después de que se parara la música y el personal de la sala ordenara a los jóvenes abandonar el local, ubicado en los sótanos del Teatro Alcázar de Madrid. Ninguno de los casi 200 que aun permanecían en la discoteca poniéndose el abrigo o apurando sus copas podían imaginarse que, en apenas unos segundos, la discoteca donde poco antes se divertían bailando despreocupados se convertiría en una trampa mortal de fuego, humo, cenizas y escombros.

La chispa de un cortocircuito prendió las cortinas y las llamas se propagaron rápidamente por todo el local, decorado con más de 5.000 kilos de textiles, plásticos y cartón piedra, materiales todos altamente inflamables. En menos de medio minuto el humo se extendió por la sala, por los dos palcos que flanqueaban la pista, donde murieron las primeras víctimas por asfixia. Tras caer inconscientes al suelo por la falta de aire, eran alcanzados por las llamas.

Fue allí donde los bomberos se encontraron amontonados al menos 20 cadáveres. Muchos otros jóvenes trataron de huir por las puertas de emergencia, pero se las encontraron cerradas o bloqueadas en lo que fue una trampa mortal. De las 82 víctimas, 36 murieron por asfixia o aplastamiento, 32 carbonizadas y otras 13 más intoxicadas. La última fue la hija de un matrimonio que vivía en uno de los pisos superiores del edificio y cayó por la terraza al vacío.

La discoteca Alcalá 20 se había inaugurado tres meses antes sin guardar, tal y como dijo la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid 11 años después, «la más elemental diligencia». Por ello, se condenó a dos años de cárcel a los cuatro propietarios del la sala , al electricista que puso la «deficiente» instalación eléctrica y al inspector del Ministerio del Interior que «no vio las muchas irregularidades del local», aunque la condena a este último fuese rebajada considerablemente por el Tribunal Supremo.

El Estado fue declarado responsable civil subsidiario y tuvo que pagar 2.000 millones de pesetas (12 millones de euros) en indemnizaciones a las familias de las víctimas, aunque esa ayuda no llegó hasta 1997.

El interior de la discoteca Flying, tras el incendio en 1990.
El interior de la discoteca Flying, tras el incendio en 1990. Eduardo Bayona / Heraldo

Flying, la trampa del falso techo

El incendio de la discoteca Flying de Zaragoza ocurrió la madrugada del domingo 14 de enero de 1990. Murieron de forma casi instantánea 43 personas al inhalar los gases provocados por el fuego. El incendio se produjo en similares circunstancias al ocurrido en la discoteca Alcalá 20 de Madrid siete años antes.

El local se encontraba en la esquina de las calles Trinidad y Don Teobaldo del barrio de la Magdalena, en el casco histórico de Zaragoza. Se componía de dos plantas, una planta calle con una barra y otras dependencias y otra sala en un sótano al que se accedía por una escalera desde la planta calle. Además disponía de una escalera de emergencia.

La noche del incendio estaba programada la actuación de la orquesta Imágenes. En el local se encontraban más de 70 personas. El fuego se inició poco después de las 2:30 de la madrugada, y según investigaciones posteriores, comenzó por un fallo eléctrico. En un momento determinado se produjo un apagón, ante lo cual el encargado del local subió las escaleras para comprobar los cuadros de luces, percatándose de que había saltado un limitador. Tras intentar sin éxito retornarlo a su posición, descubrió llamas sobre el falso techo.

En ese momento el incendio estaba extendiéndose a través del falso techo, y aunque el encargado y algunas otras personas pudieron salir del local, el sótano ya se había convertido en una trampa mortal. Una de las personas que pudo salir con vida fue el cantante de la orquesta, que se salvó tras subir las escaleras al sentir un olor extraño y ver las llamas.

Según el relato de los bomberos, algunos cadáveres fueron encontrados en las escaleras, tanto en la principal como en la de emergencia, pero muchos otros fueron hallados en la misma sala inferior, algunos todavía sentados. Esto indicó que, mientras algunas víctimas trataron de huir tras haberse dado cuenta de la situación, otras murieron tras un primer desvanecimiento por la inhalación de gases.

Los diversos procesos judiciales, civil, penal y contencioso-administrativo se alargaron durante más de 20 años. Desde el primer momento se apuntó al fallo en la instalación eléctrica. Fueron investigadas las empresas que efectuaron la instalación y posteriores modificaciones, como el tendido de un cable eléctrico a través del falso techo y su aislamiento. A pesar de ello el origen exacto del incendio nunca pudo ser acreditado.

En la vía penal, el encargado de la discoteca fue procesado junto al propietario por un homicidio por imprudencia. Ninguno de los dos hicieron frente al pago de las indemnizaciones, al fallecer el primero y declararse insolvente el segundo. Con posterioridad el propietario fue además condenado a dos años de prisión por insolvencia fraudulenta al considerar que había ocultado su patrimonio para eludir el pago de las indemnizaciones.

Una de las fotos que se mostró en el juicio de Madrid Arena.
Una de las fotos que se mostró en el juicio de Madrid Arena.

Madrid Arena, la negligencia de la avalancha humana

El siniestro del pabellón Madrid Arena ocurrió la madrugada del 1 de noviembre de 2012 en este recinto propiedad del Ayuntamiento de Madrid, en el que fallecieron cinco chicas durante una macrofiesta de Halloween protagonizada por el DJ Steve Aoki. Rocío Oña, Cristina Arce y Katia Esteban, todas de 18 años, murieron esa misma noche, mientras que la menor Belén Langdon de 17 años y María Teresa Alonso de 20 años lo hicieron en el hospital una y cuatro semanas más tarde respectivamente.

A raíz de esta avalancha mortal salieron a la luz múltiples irregularidades entre la empresa promotora de la macrofiesta, Diviertt, y el Ayuntamiento de Madrid, si bien la causa fundamental fue el exceso de aforo y la apertura de un portón de carga que, al ser utilizado súbitamente por miles de jóvenes ante el comienzo de la actuación de Aoki, saturó la pista central y sus pasillos de evacuación, provocando en uno de ellos la avalancha humana que, poco antes de las 4 de la mañana, terminaría con la vida de las jóvenes.

En marzo de 2018, el Tribunal Supremo confirmó la condena a cuatro años de prisión impuesta por la Audiencia Provincial de Madrid a Miguel Ángel Flores, presidente y administrador de la empresa Diviertt y promotor de la fiesta, como autor responsable de cinco delitos de homicidio y catorce de lesiones por imprudencia grave. El tribunal también ratificó los tres años de prisión por los mismos delitos a Francisco del Amo, responsable de Madrid Espacios y Congresos S.A. (Madridec), y a Santiago Rojo, director general de Diviertt; dos años y seis meses de prisión a Miguel Ángel Morcillo, jefe de personal de Diviertt, y a Carlos Manzanares, socio de Kontrol 34 (empresa encargada de controlar el acceso al recinto).

Por último, la Sala anuló la absolución del médico Simón Viñals, que era el encargado de atender y de dirigir el servicio médico la noche de los hechos, y le condenó a un año y medio de prisión por un delito de imprudencia grave con resultado de muerte, en la modalidad de imprudencia profesional.

Los bomberos trabajan en la labores de extinción en la discoteca Siete Siete de Valladolid en la noche del 6 de octubre de 1996.
Los bomberos trabajan en la labores de extinción en la discoteca Siete Siete de Valladolid en la noche del 6 de octubre de 1996. R. C.

De la Scala al Siete siete

En Barcelona, en la sala de fiestas Scala también tuvo lugar un incendio, que dejó cuatro personas muertas en 1978. En este caso, hubo implicaciones políticas y policiales, por el protagonismo en los hechos de un confidente infiltrado en el sindicato CNT. La sentencia condenó a 17 años de prisión a tres personas como autores de un delito de homicidio involuntario y por fabricación de explosivos; y otros dos más por complicidad y encubrimiento.

Un año después, en la localidad de Ubrique (Cádiz), salió ardiendo un local que dejó seis víctimas mortales y diez heridos. Todos moradores de las viviendas contiguas, ya que la discoteca estaba cerrada cuando se originó el fuego. Los tres acusados, dos arrendatarios y un propietario, resultaron absueltos en 1988.

En Madrid, también en 1979, un incendio en la discoteca 'Charada' provocó la muerte de cuatro personas y en 1988, en el pub 'Dickens' de Vitoria, tres personas perdieron la vida por un incendio. En 1992, cuatro personas murieron en el 'Miami Club' de Barcelona, y en 1996, en Valladolid, fallecieron otras cuatro personas, dos de ellas bomberos, en el incendio de la discoteca 'Siete siete', el local de moda en la ciudad.

El incendio comenzó en «un solo foco sin poder determinarse su origen, por lo que las causas no llegaron a esclarecerse de forma oficial aunque los testigos afirmaron que las llamas pudieron deberse a una colilla o un papel prendido bajo unos sillones o incluso a un problema con el panel de interruptores.

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