Reptiles sin cobijo. Ejemplar de Gallotia galloti. / Jörg Hempel

En peligro la fauna de la Isla Bonita

Ecosistema único. Aves, lagartos, peces y crustáceos se ven amenazados en la Reserva de la Biosfera canaria por la lava, el dióxido de azufre y la eliminación del oxígeno en el mar

JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

Desde hace una semana, los cantos de la pardela cenicienta atlántica han sido silenciados por el estruendoso rugido del volcán de Cumbre Vieja. Más allá de las casas, las plataneras o los gigantescos bosques de pino canario de La Palma, la fauna de la 'isla bonita' canaria sufre con la erupción volcánica. Reserva mundial de la Biosfera, La Palma, con casi 710 kilómetros cuadrados de superficie terrestre, cuenta con una tercera parte de su territorio protegido. Desde aves marinas hasta reptiles están amenazadas por las toneladas de dióxido de azufre (SO2) expulsadas, la «exposición al humo y a los gases tóxicos».

Debido a su 'aislamiento', la isla situada al oeste de la provincia de Santa Cruz de Tenerife ha creado un ecosistema único y particular. «Unas 34 especies de aves pueden haberse visto afectadas por la erupción del volcán de La Palma», señala SEO/BirdLife.

De ellas, algunas son aves endémicas, es decir, que se encuentra solo en este área específico, como la paloma de Laurisilva, los pinzones, los gavilanes, el cuervo canario o las grajas. «La lava está localizada cerca de las pocas zonas de nidificación en la isla de la subespecie de alcaraván, cuya conservación es delicada», destaca la asociación ecologista.

Pero no sólo los pájaros que allí anidan están en peligro. La vida corre riesgo en todas sus vertientes. En una erupción como la de Cabeza de Vaca, «la vegetación es la que más sufre», afirma Eugenio Fraile, investigador del Instituto Español de Oceanografía (IEO / CSIC).

«En la pesca artesanal de bajura se notaba algo raro. Desde principios de año, la pesca no era normal»

En este ecosistema, el peligro es circular. Afectadas las plantas, aumenta la desprotección de la fauna. Por ejemplo, sobre los pinos canarios y las laurisilvas palmeras, las aves autóctonas buscan cobijo del sol y la lluvia canaria. Pero, escondidos en las rocas volcánicas de otro tiempo, la especie 'Gallotia galloti palmae', también conocido como lagarto tizón, buscaba calentar su sangre fría. Pero ahora las coladas de lavas ya han dejado varios ejemplares calcinados de esta especie ya en peligro por «las perturbaciones humanas», según la revista 'Science of the Total Environment'.

Este pequeño lagarto, que apenas alcanza los 30 centímetros, es un reptil endémico capaz de coronar cumbres como el Teide tinerfeño. El mismo destino enfrentan el diurno «barbazul», conocido así por la reluciente papada de los machos, o el perenquene, otro tipo de lagarto más pequeño y robusto de apenas siete centímetros, que se esconde bajo las piedras palmeras y tinerfeñas. Allí no encuentra salvación esta vez.

La preocupación de los vulcanólogos e investigadores es conocer si la colada del Cumbre Vieja llegará al Atlántico. La lenta procesión por la ladera del nuevo volcán de momento hace impredecible saber cuándo tocará las aguas del océano o, incluso, si llegará a ellas. En este momento se genera un fenómeno conocido como «laze», una mezcla entre el término «lava» y «haze» (niebla, en inglés).

Sabia naturaleza

Del mismo modo que el Instituto Geográfico Nacional (IGN) y el Involcán canario vigilaban desde principios de septiembre los temblores de la superficie palmera, la naturaleza «sabia» avisaba también, y ya algunas especies estaban en alerta. Lo sabían en las pesquerías.

«En la pesca artesanal de bajura se notaba algo raro», señala Nicolás Sanluis, secretario de la Cofradía de Pescadores Nuestra Señora del Carmen de Tazacorte (La Palma). «Desde principios de año, la pesca no era normal». La flota local suele capturar atún, gamba y camarón, principalmente, y «de coger unos 20 kilos al día, pasamos a ocho», detalla Sanluis. «No era normal y pasaba especialmente desde abril».

Dicen desde la cofradía que cuando trasladaron esas señales a las autoridades la respuesta fue: «Será un año malo». Y así era. La facturación en el último ejercicio se redujo hasta la cuarta parte «de lo habitual» por la caída de las capturas y la desaparición de algunos caladeros. «Este año no he cogido ni dos kilos de camarón», dice Sanluis.

Será en el ecosistema marino donde se producirá el mayor daño, ocasionado por la cantidad de gases que se liberarán en la reacción química de la mezcla de lava y océano. «El material magmático tiene una gran cantidad de azufre y eso elimina el oxígeno del agua», detalla Fraile. «En El Hierro en los tres primeros meses, más del 90% de la comunidad marina estuvo afectada y fue destruida», explica. Frente a la desaparición de los animales y las plantas, un deseo: «yo prefiero que todo vuelva a la normalidad», sentencia Sanluis.