Salud Mental

Pacientes y profesionales de la salud mental vapulean el plan de Baltar

14/06/2018

Las asociaciones médicas y los usuarios denuncian que la Consejería de Sanidad les ha cerrado la puerta a participar en un documento que «sigue tratando la locura como una enfermedad incurable»

El plan de salud mental de Canarias 2018-2023 tenía que haber estado concluido en septiembre del año pasado y, a estas alturas, con todas sus acciones ya en marcha, pero no fue hasta finales de abril cuando la Consejería de Sanidad «invitó» a las asociaciones de usuarios y a los profesionales de la salud mental a hacer «una valoración del borrador institucional», un documento «insufrible» de 560 páginas que el Gobierno pretende aprobar por decreto y sin pasar por la Comisión de Sanidad del Parlamento y «del que desde hace un mes» no han vuelto a saber nada.

Las asociaciones de enfermos, familiares y profesionales de la salud mental han dejado transcurrir ese mes desde que acabara el plazo que Sanidad les dio para «opinar» sobre el plan antes de salir a la opinión pública. Y lo hacen, decía este miércoles Francisco Rodríguez Pulido, presidente de la Asociación Canaria de Neruopsiquiatría y Salud Mental, porque temen que sus aportaciones a un documento para cuya elaboración ni se les ha tenido en cuenta acaben en saco roto. «Lo más probable es que solo acepten aquellas que no alteren la normalidad institucional, que no supongan un contratiempo y las de naturaleza menor», dicen tanto Pulido como Alcira Sosa, presidenta de la Asociación Integral para la Salud Mental Espiral, Guillermo de la Barreda, de la Asociación Canaria en Defensa de la Sanidad Pública, y Ana Concepción, de la Asociación Tinerfeña en Lucha por la Salud Mental.

Tras afirmar que en esta legislatura la salud mental ha sido un «campo de propaganda política» sin apenas iniciativas eficaces, calificaron el plan, cocinado al albur de una «participación sesgada», dicen, de «estrategia» y «banco de acciones y propuestas» que rompe con la visión estratégica del III Plan de Salud de Canarias.

El vapuleo al plan que en última instancia firmará el consejero José Manuel Baltar no tiene desperdicio, pues uno detrás de otro criticaron duramente no solo el contexto de su elaboración sino su contenido -que la opinión pública aún no conoce-. Y fue aquí donde todos convinieron en que se trata de un plan que, además de carecer de ficha financiera y de unas prioridades, «no va a resolver los problemas reales», ni pinta un escenario de transformación asistencial porque «sigue tratando la locura como un déficit y una enfermedad incurable».

Privatización

Las asociaciones de usuarios, familiares y profesionales de la salud mental desgranaron ayer el futuro plan de salud mental que el Gobierno de Canarias tiene listo para aprobar, y son pocos los aspectos que, a su entender, son salvables.

La ausencia de ficha financiera y la inexistencia de prioridades anuales encabezan una larga lista de déficits que acaban dejando muy mal paradas las 12 líneas estratégicas entre las que, según la Consejería de Sanidad, se incluyen la rehabilitación psicosocial, la prevención y reducción del estigma y la coordinación, cuyo primer apartado versa sobre la coordinación entre salud mental y el insolayable ámbito sociosanitario.

«Nada de eso es cierto», aseguró ayer Francisco Rodríguez Pulido, para quien el plan está orientado a los servicios, con una visión otra vez hospitalocentrista» y, según Alcira Sosa, «anclada en los años ochenta» porque no se atiende a los derechos de las personas con enfermedades mentales cuando «el plan -dice- debería estar impregnado de ellos». Muestra de esto es que al mismo tiempo que habla del incremento de plazas hospitalarias contradictoriamente lo hace de la potenciación de la atención domiciliaria, que es, dicen, hacia donde hay que caminar. Ese sería, afirman, un «verdadero escenario de transformación asistencial».

Aseguran que el plan que les han presentado «ni prioriza, ni presupuesta» y temen que «no servirá para profundizar en una reforma psiquiátrica inconclusa» y que carece de una propuesta estratégica y de una gestión moderna», sino que se presenta como una «estrategia de ideas para que el gestor tire de ellas». Además, enfatizan que ni tan siquiera llega a contemplar las plazas necesarias u óptimas» para hacer efectivos sus programas y subprogramas. No clarifica qué personal será necesario para los cuatro años y emplaza en el propio documento la elaboración de la carta de servicios, cuando, «la tendría que contener ya definida». El plan, dicen, «no articula una respueta integral que priorice a los grupos más vulnerables y de alto riesgo», ni tampoco la atención infato-juvenil.

Un aspecto que preocupa mucho a las asociacioens es que el plan de Sanidad «servirá de vía de externalización de la asistencia sanitaria psiquiátrica a manos privadas», descapitalizando la asistencia pública.

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