Imagen de archivo. / C7

«Ocho horas de tortura y angustia en un pasillo» en Urgencias del Negrín

M.ª Isabel Saúco González, enferma con dos stend en el corazón, relata en una carta su experiencia en el servicio. «Parecíamos cajas amontonadas en los pasillos sin ni siquiera tener el derecho a la intimidad, a la sanidad, a la vida», señala

CANARIAS7 Las Palmas de Gran Canaria

M.ª Isabel Saúco González, paciente con dos stent en el corazón, acudió este martes a Urgencias del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín. Tras pasar el triaje, la colocaron en una camilla en uno de los pasillos del servicio en espera de que le atendiera un cardiólogo de un fuerte dolor en el pecho. En una carta que ha enviado a CANARIAS7 relata su experiencia: «Parecíamos cajas amontonadas en los pasillos sin ni siquiera tener el derecho a la intimidad, a la sanidad, a la vida», señala.

Lea aquí la carta:

«Me pongo en contacto con ustedes para comentarle un hecho sucedido en el día de ayer, día 5 de abril. Soy una persona que tengo dos stent desde el año 2000 por tener problemas con el corazón. A eso de las doce y algo del mediodía estoy en casa y siento un dolor muy fuerte en el pecho con sudor frío y mareo, por lo que llamo para solicitar una ambulancia y me trasladan al Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín. Ahí empieza mi tortura.

Según entro, me atienden rápido y muy amablemente, pero cual sería mi sorpresa que me meten en un pasillo y, tras pasar tres horas, aparece una chica de prácticas a ponerme la vía y sacarme sangre (un encanto de niña). Vuelven a pasar tres o cuatro horas más, aguantando los gritos de otros pacientes, pidiendo agua a las enfermeras y los celadores entrando camillas y sacando camillas. Decirle que en ese mismo pasillo estaban los acompañantes sin una silla donde sentarse, personas desde las 8.00 de la mañana para subir a planta.

No podía más y me bajo de la camilla y voy a los médicos que, en primer momento, me atendieron para que por favor me quiten la vía, ya que no puedo más ver el caos y la situación que estoy viviendo. Le recuerdo que voy por un amago de infarto y tengo los nervios de punta, por lo que decido hablar con el médico y una enfermera me dice que me siente en una sala donde me paso una hora más y vuelven a sacarme sangre. Por lo que oigo, a mí no se dirigen para nada, vienen mal las analíticas desde el laboratorio, entendido algo así como que la sangre estaba licuada.

En fin, intento calmarme y no mirar el caos tremendo que hay, sin saber nada de lo que me ha pasado. Miro mi teléfono y son las ocho de la tarde y yo sin saber. Le pido al médico que me quite la vía, por lo que tengo que firmar la baja voluntaria y me dice el médico que sigue esperando al cardiólogo ¿?

Le escribo para decirle por un lado un resumen de mis ocho horas de tortura y angustia, así como quiero decir que el caos vivido no me gustaría que lo pasara nadie más. Parecíamos cajas amontonadas en los pasillos sin ni siquiera tener el derecho a la intimidad, a la sanidad, a la vida.

Me olvidada decir que tengo 76 años y he luchado mucho por la igualdad y la libertad y ayer sentí vergüenza de lo que están haciendo con la sanidad en Canarias. Y esto viene de mucho antes de la pandemia. Sentí vergüenza por primera vez de ser canaria. Quién me lo iba a decir a mis años.

No me gustaría que nadie más viviera lo de ayer en urgencias. Caos tercermundista. ¡Por favor! ¡Nunca más!

Hemos cotizado durante muchos años para que ahora tengamos al personal saturado, agobiado y teniendo que enfrentarse a las críticas mientras hacen su trabajo. ¿Es justo?

Hay que mejorar la organización, invertir en personal, aprovechar estancias del hospital no utilizadas y más presupuesto si es necesario. ¡¡Y no vale achacarle la culpa a la pandemia!! Esto viene de antes señores«