Entrevista con Antonio Doreste

«No he recibido ninguna llamada telefónica de un político»

13/10/2019

Antonio Doreste Armas (1954, Las Palmas de Gran Canaria) no se presentó a la reelección en su cargo de presidente del Tribunal Superior de Justicia de Canarias tras cinco años «agotadores», como él mismo los definió en el acto de apertura del año judicial. Ahora, tras unos días de reflexión tras el anuncio, desgrana los entresijos de su mandato, lo que significaron el Albagate y el caso Grúas y la salud de la Justicia en las islas.

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¿De veras ha sido tan duro su mandato al frente del TSJC?

— He vivido muchos problemas internos y, ciertamente, es mucho más cómodo trabajar con tus cinco o seis ponencias semanales, resolverlas y ya está. Este cargo tiene muchos problemas de gestión con 260 jueces mas los sustitutos que suman más de 300.

¿Qué recomendaciones le daría a su sucesor?

— (Sonríe). Paciencia, aguante y que no se ilusione mucho porque esto no es un chollo.

¿Y recomendaría al CGPJ a alguno de los candidatos?

— No me atrevería a hacerlo, prefiero no pronunciarme.

¿Cómo se lucha por los votos en Madrid para acceder a la presidencia?

— En mi caso me lo ofrecieron, no me moví. Hay que presentarse ante los vocales del Consejo y cada canditado tiene que vender su producto. No es una campaña electoral, sino conocimiento y trato entre los que tienen que elegir.

— ¿Y sigue pesando la asociación a la que pertenecen o la ideología del CGPJ a la hora de decantar la balanza?

— Pues creo que poco, sin ir más lejos, de mi asociación Francisco de Vitoria no había ningún vocal en el Consejo. Creo que la disciplina asociativa pesa poco y en cuanto a la ideología del Consejo, es muy difusa porque hay de todo. Creo que pesará más el perfil personal y las cualidades de los candidatos.

¿Cuándo veremos a una mujer presidiendo el TSJC?

— Pues en un futuro próximo porque cada vez hay más mujeres que hombres en la carrera judicial. Es una cuestión de trayectoria y antes había más hombres que mujeres en la carrera, pero en breve será al revés y tendremos que pedir la cuota de paridad los hombres (sonríe).

En el aspecto positivo, ¿con qué se queda?

— El aplauso final con la gente de pie que recibí el día del anuncio de mi despedida fue reconfortante. Eso indica que el saldo de la gestión visto desde fuera fue positivo y vino de personas de todo tipo.

¿Esos sinsabores a los que alude vinieron desde los operadores jurídicos o de otros estamentos? ¿Este despacho recibió muchas llamadas políticas?

— De verdad que ninguna porque no se atreven. Los problemas que he afrontado vienen desde el personal judicial o personas relacionadas por el Poder Judicial. No he recibido ninguna llamada telefónica de un político.

¿Cuándo acabarán las quejas de los jueces por la falta de medios?

— No estoy de acuerdo con la dinámica de quejarse ante la Comunidad Autónoma por falta de medios. El problema de la lentitud de la Justicia en Canarias no son los medios, ya que tienen la plantilla completa de jueces, mas otros 19 de refuerzo y otros tantos sustitutos. Hay medios suficientes. Además, está la plantilla auxiliar completa y la de la Comunidad Autónoma. ¿Qué más quieren? Hay otros factores que retrasan las causas, como las recusaciones, los recursos y las propias leyes procesales que son muy garantistas. Y, cómo no, un factor que no hay que despreciar que es que aquí somos muy cómodos, yo el primero, cuando tenemos asuntos sobre la mesa durante meses.

— En cuanto a medios materiales...

— Pues el Palacio de Justicia de Tenerife y la sede de Fuerteventura son retos a llevar a cabo. De resto, no considero que tengamos un hándicap en cuanto a sedes, más bien hay algunas que están infrautilizadas.

¿La decisión de no seguir es fruto de lo vivido o de la intuición de que, igual, no iba a continuar?

— Es verdad que soplan aires de cambio, pero todo influye. Aunque tengo que dejar claro que fundamentalmente son causas personales y familiares. A mí me gusta salir como salí y no luchando por los votos para ser reelegido.

¿Han sido los casos del juez Alba y el Grúas los más complicados con los que ha lidiado?

— Por supuesto, aunque sobre todo el de Alba, ya que el Grúas que afectaba a Clavijo fue una cuestión meramente jurídica. El de Alba fue muy complicado por la duración del procedimiento, por su carga mediática y el perfil de las dos fuerzas enfrentadas.

¿Le dolió el proceder de Alba?

— Una persona que graba a sus compañeros de Sala con los que tenía algo más que amistad personal... No solo me grabó a mi, sino a ellos también y, evidentemente, eso genera una gran desconfianza. Grabarse entre personas está mal, entre compañeros es peor y ya si son amigos, pues se agrava mucho más.

¿Ha vuelto a hablar con él tras la sentencia?

— No, porque entre otras cosas, me grabaría.

— ¿Sigue convencido de que tenía que mantenerse el aforamiento de Clavijo como sostuvo en su voto particular?

— Por supuesto que sí y la pena es que ahora, al haberse ido al Supremo, no se podrá comprobar si mi tesis era la correcta o no. Estoy convencido de que sí.

¿Y qué necesidad hay del aforamiento?

— Pues sí hay necesidad y yo incluso defiendo que haya más aforamientos. Mire lo que le sucedió a Enrique López, una persona que había estado en el CGPJ. Si a mí me pasa algo similar, ¿quién me va a juzgar? ¿Una persona que está subordinada a mí desde el punto de vista organizativo? Pero el aforamiento no debería ser ante el Tribunal Superior sino ante un tribunal distinto. En ese sentido, podríamos matizar el aforamiento porque no tiene sentido que una autoridad judicial o política tenga que verse sometida a ser juzgada por personas que podrían estar viciadas por sus cargas políticas a la hora de decidir. A mí, que me juzgue un juez de primera instancia, sí, pero de Lugo o donde sea menos de aquí que me conoce y pueda tener simpatía o animadversión hacia mi persona por cómo yo he actuado con respecto a él en aspectos gubernativos o lo he sancionado por algo. Defiendo los aforamientos y no los veo negativos. Todos tenemos un juicio formado sobre los políticos y es mejor alejar a quienes tienen que decidir sobre los mismos; que a Clavijo o a Torres no los juzgue nadie de aquí, alguien que esté lejos y tenga mayor carga de objetividad.

¿No cree que el empecinamiento de Clavijo en mantener su aforamiento puede generar una sensación en la calle de impunidad o beneficio judicial por estar en esa condición?

— No lo sé, pero puede que sí. Yo enfoqué el asunto de Clavijo desde un punto de vista jurídico, sin ser influido por ninguna ideología. Es más, en la misma época mandamos al juzgado de Fuerteventura un asunto con aforados del mismo partido político.

¿Cuánto sigue habiendo de corporativismo en esta casa?

— A veces la carga corporativista juega al revés porque la tendencia inicial de un juez es, para evitar esa acusación, ir en contra del compañero para quedar ante la sociedad como un adalid de la imparcialidad. Alguno puede actuar así, buscando alejar la sombra de corporativismo y alejando la objetividad. Por eso defiendo el aforamiento. Yo confío en mis compañeros y que están alejados de ese corporativismo, tanto para ayudar como para perjudicar para quedar mejor.

¿No hay exceso de protagonismo entre jueces o fiscales?

— Yo procuro evitar mi presencia en la prensa y es cierto que en algunos casos hay exceso de protagonismo en algunos compañeros, aunque respeto todas las posturas.

Y cuando ante determinadas sentencias se oye decir que la Justicia en España es machista... ¿Es así?

— Para nada, ni la Justicia ni las leyes, todo lo contrario, tenemos un legislación feminista. Eso no significa que automáticamente a las mujeres haya que darles la razón. Una ministra dijo recientemente que a las mujeres siempre hay que creerlas y estoy absolutamente en contra de esa afirmación. ¿Por ser mujer hay que creerla? No, hay que tratarla igual. No veo ni una Justicia machista ni una legislación machista, todo lo contrario. La legislación, a raíz de la ley de violencia contra la mujer, ha adoptado una posición activamente feminista.

Casos de corrupción que han acabado con absoluciones o penas mínimas... ¿Siente que se puede trasladar el mensaje a la sociedad de que algo en el sistema judicial está fallando o se magnificaron los procedimientos?

— Puede, pero no hay dos asuntos iguales y si los compañeros han dictado sentencias absolutorias, es porque así lo han estimado.

¿Cómo se le convence a alguien de que se puede confiar en la Justicia?

— Evidentemente se cometen fallos, pero estoy convencido de que se puede confiar en nuestro sistema judicial.

¿En Canarias el poder político tiene claro que está sujeto al control judicial?

— Por supuesto que sí e insisto, en los cinco años que llevo aquí, nunca ha llamado ningún político, nunca. Sí es verdad que hay mucho ciudadano indignado por decisiones judiciales que nos llegan y valoramos.

— Hablando de poder, usted ha estado en el Gobierno de Canarias y en el TSJC. ¿En cuál de las dos experiencias los sinsabores son mayores?

— Sin lugar a dudas, en este. Cuando estuve en el Gobierno fue hace 30 años y estuve poco tiempo. Ser político no es sencillo y es más difícil cuanto más cerca del ciudadano estás, como puede ser un concejal.

¿Volvería a la política?

— Ahora mismo no. Es verdad que tengo cierta inquietud en ese campo y ahora es diferente, mucho más profesionalizado porque antes el político tenía su carrera o trabajo, y luego ejercía como tal. Me gusta la política, pero no contemplo volver a ella.

¿Se va con más o menos amigos que cuando llegó a la presidencia?

— Con más, muchos más. La prueba del acto del otro día lo demuestra con una sala abarrotada.

¿En qué cambió su vida el cargo?

— Pues mire, por ejemplo dejé de nadar que era una de mis pasiones porque me quedé sin tiempo para nada y, por supuesto, apenas he estado con mis hijos. Tengo que estar más tiempo con ellos ya que la vida personal no existe en este cargo puesto que tienes que estar todo el día pendiente de llamadas y gestiones. Cinco años está bien.

Del uno al diez, ¿qué nota le da a la Justicia canaria?

— Bueno, soy parte y poco objetivo, pero le doy una valoración muy alta porque tenemos medios y su funcionamiento es positivo.

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