Los geólogos y la población se alían para vigilar la caída de rocas

10/09/2019

Investigadores del IGME están diseñando una aplicación de acceso ciudadano para registrar los desprendimientos que se producen en Canarias. Quieren involucrar a todos en la gestión del riesgo

Los grandes relieves que hay en Canarias, con zonas acantiladas muy verticales e importantes escarpes, la convierten en una zona de riesgo por desprendimientos y por eso, además de la vigilancia por parte de las administraciones, resulta fundamental implicar a los ciudadanos «porque son los primeros que llegan» cuando se producen un derrumbe. El Instituto Geológico y Minero (IGME) acaba de iniciar un proyecto para intentar involucrar a la población en la gestión del riesgo a través de una aplicación bidireccional, en la que quienes aportan información también son los receptores.

«Es como si tuviésemos miles de ojos observando, porque nosotros no llegamos a todo», explica Inés Galindo, jefa de la Unidad de Proyectos del IGME en Las Palmas de Gran Canaria. Y lo que la gente observe y fotografíe se incorporaría a un banco de datos de eventos que se explotará, por un lado, para la confección de mapas de riesgo en las zonas más sensibles y susceptibles de desprendimientos, y, por otro, para la modelización de los puntos donde caerían la rocas, de tal manera, explica Galindo, «que la gente aporte datos para crear bases de datos, pero también que los utilice».

Para eso, el IGME está trabajando en la elaboración de una aplicación para que los observadores vuelquen ahí su información, pero también «para que sea fuente de información para la ciudadanía», explica la geóloga Inés Galindo, responsable del piloto en Canarias del proyecto AGEO, que está financiado por el programa Interreg Espacio Atlántico con fondos Feder Atlantia, destinado a fomentar la cooperación entre países europeos de la zona atlántica. Participan, además de España, Portugal, Francia, Reino Unido e Irlanda y su principal objetivo es el fomento del uso de productos y servicios provistos por las infraestructuras de datos europeas como Copernicus.

Otro de los objetivos del proyecto es confirmar la capacidad de los observatorios ciudadanos a la hora de mejorar los sistemas de gestión del riesgo. Y en Canarias se trabajará en tres islas: El Hierro y zonas de Gran Canaria y Tenerife, donde los desprendimientos son frecuentes y donde los datos que aporten los ciudadanos mejorarán los que ya hay, facilitando una mejor comprensión de los mismos y una mejor evaluación de los riesgos.

Puntos calientes

El Instituto Geológico y Minero de España tiene muy clara la fotografía geológica de Canarias y cuales son los lugares más conflictivos en los que a desprendimientos se refiere. Inés Galindo, jefa de la Unidad de Proyectos del IGME en La Palmas de Gran Canaria, explica que «la foto de Canarias» está definida porque en las islas «los relieves son muy fuertes» y están conformados por «capas de distintos tipo de materiales rocosos que se comportan de forma diferente».

Las zonas acantiladas, muy verticales, fracturadas y con distinto grado de erosión causada por el agua, el viento, el crecimiento de sales en las grietas o el oleaje si están en contacto con el mar hacen que «se descalcen» y se produzcan grandes derrumbes.

Toda la isla de El Hierro es una punto caliente, lo mismo que los macizos de Teno y Anaga y otros lugares de Tenerife y zonas de Gran Canaria como los acantilados por los que discurre la carretera de La Aldea o el centro de la isla, con relieves petrificados de rocas que no son homogéneas, como los que hay en Tejeda o Artenara.

«Los desprendimientos se producen porque hay rocas inestables que caen», concluye Inés Galindo.