“Lo primero es no hacer daño”

«El 12 de marzo mi madre empieza a tener un fallo multiorgánico (...). La médica de guardia con el documento de últimas voluntades en la mano nos dice ‘que allí ese documento no se va a aplicar’. Estuvo 4 días amarrada, sin sedantes ni calmantes».

Mi madre, Marcela Padrón Rodríguez, era personal de la Consejería de Sanidad, y desde la implantación, hace casi una década, del Manifiesto de Últimas Voluntades, ha sido la encargada de realizar este documento en la provincia de Las Palmas en la misma. Un documento para el que se destina escasos recurso con el fin de darlo a conocer.

Mi madre no solo realizaba su labor profesional de forma directa con este documento, sino que creía en él como una herramienta fundamental para que la población pudiera procurarse una muerte digna, y defendió y promovió el mismo tanto en su vida profesional como en su vida privada con gran entusiasmo y pasión.

Por desgracia, los hechos que relato a continuación desbarataron, no solo sus expectativas, sino la utilidad de la misma y su cumplimiento.

En este escrito haré un resumen de las circunstancias por las cuales desde la familia no solo entendemos que no se cumplió el documento de últimas voluntades de mi madre, sino que, además, debido a una interpretación torticera del mismo, sufrió un auténtico calvario en el departamento de Reanimación del Dr. Negrín de Gran Canaria.

No me extenderé pero para entender sin las circunstancias en todo su contexto basaré mi historia en 3 hechos.

1) Para el primero debo remontarme hace 4 meses atrás, cuando en el mes de diciembre (día 6) mi madre ingresó en Urgencias del Hospital, se le realizaron diversas pruebas, entre ellas una EcoPaaf (fundamental para su diagnóstico), pero debido a un error de diagnóstico y a retrasos en la entrega de los resultados, se le atribuyó un colangiocarcinoma (hígado) en grado 4 y con metástasis, por lo que la esperanza de vida que nos dieron era de semanas. Sin esperar a los resultados se aplicó el Testamento de Últimas Voluntades y se la mandó a paliativos, donde empezaron a dormirla. Hasta que llegaron esos resultados que determinaban que lo que tenía era un linfoma. Después de esto se la empezó a despertar y se la trató de urgencia con quimioterapia (8 de enero)

Destaco este episodio no solo por las carencias sanitarias, sino porque vivimos la cara amable del documento. Cuando su aplicación es de fácil cumplimiento. Recuerdo esos días con mucho cariño en el que hablamos con ella de la muerte con naturalidad, sobre cómo iba a ir el proceso, y lo que ella deseaba que hiciéramos cuando falleciera. Arregló sus asuntos terrenales y la acompañábamos en su sueño previo.

«Debido a una interpretación torticera del documento de últimas voluntades de mi madre, sufrió un auténtico calvario»

2) Comenzamos el tratamiento y mi madre puso sobre la mesa el documento, con el compromiso que se hiciera cumplir si las cosas no iban bien, ya que nos advertían de un proceso tratable con posibles complicaciones. Y un porcentaje de entre un 50 y 60% de curación.

La última y más grave complicación se produjo el 8 de marzo, una semana antes de fallecer .

Mi madre estuvo ingresada durante 9 horas en la salida de emergencias del Hospital incumpliendo el protocolo establecido para estos enfermos. Se realizaron varias reclamaciones y el propio personal advierte de la negligencia que supone eso. La respuesta del Servicio Canario de Salud es reveladora.

3) El día 12 de marzo mi madre empieza a tener un fallo multiorgánico, los médicos no tenían claro lo que estaba pasando, y además detectaban una sepsis. Deciden su entrada en Medicina Intensiva, aunque al no haber cama se traslada a Reanimación.

En la primera visita que tuvimos un par de horas después de su entrada, la médica de guardia con el documento de últimas voluntades en la mano nos dice «que allí ese documento no se va a aplicar».

Al día siguiente nos dicen que existe un problema de etimología en el documento por lo que no se aplica. Según ellos el documento tiene las palabras curable, incurable, reversible, irreversible. Sin embargo desde el departamento de Hematología lo habían catalogado de tratable.

Durante 4 días mi madre estuvo amarrada a la cama, sin sedantes ni calmantes porque, según la interpretación de la responsable del departamento, si se le ponía calmantes o sedantes se reducía la tensión cardíaca y podía provocar una intubación, algo que sí entendía no le permitía hacer el documento. Mi madre sufría un dolor extremo porque además la tenían con diálisis, tratada con Noradrenalina, lo que provocaba la concentración de la sangre en el torso y el poco riego sanguíneo en los dedos de pies y manos. Provocando su necrosis, por lo que se valoraba además para un futuro posibles amputaciones. Además de los problemas respiratorios, infecciosos, inflamatorios que tenía en diversas partes del cuerpo y por distintas patologías, fallo en corazón, riñones...

Mi madre además estaba consciente, aunque no podía hablar ni comunicarse, lo más que lograba como grito de auxilio era una agitación con un patrón claro cuando intuía que estábamos en la habitación en las escasas horas que nos permitían verla.

Mi madre tenía hasta sal cristalizada en los lagrimales, lo que supongo le generarían también sufrimiento, además de que intuimos que se había quedado ciega, algo que preguntamos a los doctores y tampoco nos supieron confirmar.

Aun así, y solicitando la aplicación del documento, nos decían que les diéramos tiempo, que si queríamos la sedaban, pero que era arrebatarle la oportunidad de vivir (lo importante de esto, es que va en contra totalmente del documento y de su forma de aplicación, porque ella además nunca quiso que nosotros tomáramos esa decisión y no soportar esa carga, y así lo estableció).

Se solicitó incluso la asistencia del Comité Ético Asistencial, una herramienta que estos propios responsables argumentaron que era absurda, ridícula y sin utilidad.

Afortunadamente el día 15 de enero, a las 19.00 y ya sin la presencia de la responsable, la médico de guardia decidió su sedación aprovechando un mínimo empeoramiento.

Aridani González Padrón