Ian y Laia, mellizos con nueve días de diferencia

Vinieron al mundo en un parto diferido, él el 17 de enero con 1,1 kilos y su hermana, el 26 para ganar tiempo y posibilidades de supervivencia. «Los médicos me dijeron que yo era la mejor incubadora», dice su madre

José Antonio Guerrero
JOSÉ ANTONIO GUERRERO Madrid

Ian y Laia están bien. Diez meses después de venir al mundo en sendos partos de riesgo, los dos hermanos siguen ganando peso a buen ritmo. Ambos nacieron prematuramente con poco más de un kilo y ya rondan los siete. Son mellizos (su madre los gestó en un embarazo de riesgo en bolsas diferentes), pero entre el parto natural de Ian y el parto por cesárea urgente de su hermana Laia pasaron nueve días. Es lo que se conoce como parto diferido, un procedimiento poco habitual que los profesionales ponen en práctica en los partos de gemelos extremadamente prematuros. Así lo hicieron en el Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, donde nacieron los niños. En esa unidad han llevado a cabo en los últimos cinco años ocho partos de este tipo, entre ellos el alumbramiento de unos gemelos con una diferencia... ¡de 48 días!, la mayor registrada en España.

Ian nació a las 28 semanas y tres días con un peso de 1,1 kilos, mientras que Laia lo hizo a las 29 semanas y cinco días, con 1,19 kilos. Se adelantaron casi tres meses. Son los primeros hijos de Laura Pupo, cubana de 35 años, y José Carlos Martins, portugués de 34, una pareja que lleva media vida en Barcelona. A Ian lo trasladaron inmediatamente a la unidad de cuidados intensivos neonatales. Y los médicos se plantearon retrasar el máximo tiempo posible el nacimiento del segundo bebé para aumentar así su edad gestacional y sus probabilidades de supervivencia. «Yo pensaba que era cuestión de aguantar unas horas, pero los médicos me dijeron 'tú eres la mejor incubadora', así que fue pasando el tiempo y fuimos sumando días y días. Yo les decía sacadla ya, y ellos me explicaban que cada minuto ahí dentro era oro. Quería que estuviéramos todos juntos cuanto antes, pero me di cuenta de que el tiempo que Laia pasara en mi vientre era importantísimo para ella. Cada segundo contaba. De hecho nació más fuerte y no requirió apoyo respiratorio, como sí necesitó Ian durante dos meses», recuerda ahora la feliz mamá.

Laura vivió aquellos momentos con angustia. «Fue duro porque a Ian lo vi cuando nació e inmediatamente se lo llevaron y no lo pude volver a ver hasta pasados tres o cuatro días... Y luego toda la incertidumbre de qué estaba pasando con la niña. La bolsa de ella se rompió cuando nació su hermano y ya no la sentía tanto. Me hacían un seguimiento con analíticas, cultivos, ecografías... para ver las constantes de ella… Y, de diferente manera, yo tenía mucha preocupación por los dos, por uno porque era muy pequeñito y no podía estar con él, y luego por lo que podía estar pasando dentro de mí con ella. No sabía en qué momento iba a salir y cómo iba a hacerlo».

A los nueve días del primer parto, una complicación indicó a los médicos que no había tiempo que perder y que había que traer ya a Laia al mundo para no poner en peligro su vida. Fue una césarea de urgencia. No dio tiempo ni de avisar al padre de la criatura. Nació el 26 de enero. Dos cumpleaños para los mellizos en diferido. «Pero la fiesta será común», añade Laura con una sonrisa.

Los niños permanecieron tres meses en el hospital y en abril les dieron el alta. Ahora la pareja disfruta de sus hijos en su casa de San Cugat. «Mi embarazo era de riesgo extremo y gracias al excepcional equipo del Sant Joan de Déu todo ha salido bien. Yo tenía dudas porque había oído de nacimientos de mellizos con horas de diferencia, ¡pero no con días! Enseguida me di cuenta de que estaba buenas manos. Estoy muy feliz».