Entrevista: Guillermo Fernández

«La salida de la crisis ha producido un crac en la sociedad canaria»

20/09/2019

El coordinador del informe Foessa sobre exclusión social indica que el relato de esta problemática en Canarias está marcado por la «polarización» de la situación económica en las islas, donde «los que menos tenían antes de la crisis ahora tienen todavía menos, mientras que los que más tenían ahora tienen todavía más». Alerta de la inestabilidad de un amplio espectro de canarios.

— El informe es demoledor...

— Son resultados más comedidos que los que ha dado el Instituto Nacional de Estadística, que está dando alrededor de un 35% de exclusión social en Canarias. Nosotros damos seis puntos menos. Intentamos mirar la situación en la que haya tantos elementos en los que unos se compensan con otros. No es lo mismo tener una vivienda en propiedad y una pensión baja, que tener una casa alquilada y una pensión baja. O una circunstancia que se da en muchas ocasiones, que es tener un sueldo bajo y padecer una enfermedad que no está cubierta por el sistema de protección. Damos una cifra más cercana al fenómeno.

— Imagino que estos resultados en Canarias no les sorprenden...

— No es una sorpresa. Y no lo debería de ser tampoco para la clase política. Lo sorprendente es que alguien crea que como él sí que está viendo la recuperación los demás lo están viviendo con la misma intensidad. Hay que ser muy pedagógicos para explicar a la sociedad que no todo el mundo se ha visto beneficiado de la misma manera y que el modelo de recuperación que estamos teniendo lo que nos genera es una forma de participar en la sociedad tremendamente débil. Cuando ahora mismo los jóvenes van saltando de un contrato a otro, si es que lo tienen. Eso supone que no se puede poner en marcha un proyecto vital. O tiene un mal impacto en la demografía, porque es un proceso verdaderamente complejo.

— ¿Eso condena a determinadas generaciones a vivir siempre con una estabilidad a corto plazo?

— Totalmente. Y eso es algo que viene de lejos. En el año 2007, cuando teóricamente parecía que en esta país todo iba fenomenal poníamos encima de la mesa que había un 18% de exclusión social en el país y la gente no se lo creía porque no lo veía. Y a eso se suma un cierto grado de indiferencia en la población, cada vez miramos más a nosotros mismos y tendemos a culpabilizar sobre el otro lo que le está pasando. Y eso es tremendamente injusto.

— El informe habla de 250.000 personas que caerían en exclusión social en caso de una nueva recesión económica. ¿Estamos lo suficientemente alerta al respecto?

— Con la diferencia de que en esta ocasión no tenemos el colchón que había la otra vez. De hecho hay mucha gente transitando permanentemente en esa situación. Gente que está con multicontratos, con ingresos muy débiles, yendo del campo a la ciudad. Están siempre cruzando en esa línea. Y es un grupo de gente muy numeroso. En las grandes cifras ese gran grupo de 250.000 personas son las que primero van a caer. Y lo van a hacer en un grupo que está ahí aunque a veces se nos olvida. La construcción social de la realidad la hace la media de la población, que vive más o menos bien, y cree que lo importante es lo que les sucede a ellos. Pero hay que poner el dedo en ver lo grave que es la situación.

«La construcción social de la realidad la hace la media de la población, que vive más o menos bien»

— Entiendo de sus palabras de que no hay una conciencia real de lo grave que es ese estado...

— Se está adoptando una cierta situación de normalidad. La gente va asumiendo que el modelo, que al principio se discutía, de salida de la crisis es algo normal. Con lo cual se está dejando de tener conciencia, individual y política, de la situación.

— ¿Con una tasa de exclusión social del 29% se puede adoptar la frase hecha de salir de la crisis?

— Evidentemente no. Si para ese 30% que ha logrado salir y mejorar su situación, pero se ha producido un crac en la sociedad canaria porque ha aumentado el grupo de los que peor están, pero también lo ha hecho el de los que mejor están. En relación al año 2013 se ha producido una mayor polarización.

— ¿Qué claves se deben activar para que eso cambie en Canarias?

— Somos una unidad de diagnóstico, no nos dedicamos a la prospección política ni de recursos. Pero en alguna medida estamos poniendo sobre la mesa que ya conocemos las causas de lo que está generando todo esto, sabemos el diagnóstico y es muy compartido. Pero no creemos en que la gente se esté poniendo de acuerdo para tomar decisiones sobre lo que tenemos que hacer. Hay que ponerse de acuerdo hacia donde tirar, independientemente de ideologías o creencias.

— ¿Se abre un debate sobre si el sistema de protección del bienestar es el adecuado?

— Por ejemplo estamos viendo que aumentan los problemas en el ámbito de los cuidados, tanto de las personas mayores como de los niños. Porque la demografía está cambiando y hay que cambiar el modelo porque no podemos hacer caer sobre las familias y, particularmente, sobre las mujeres todo ese proceso. Tenemos que construir un nuevo mecanismo, un nuevo sistema, donde haya una combinación de diferentes agentes que puedan cambiar los hábitos del cuidado.

— ¿El informe destierra a su vez mitos sobre la migración?

— Efectivamente. La exclusión social es española. Es verdad que ser inmigrante te da muchas posibilidades de estar en el espacio de la exclusión, pero los recursos cuantitativamente se están tomando principalmente con la población española. Por lo tanto no es cierto ese discurso de que los inmigrantes se están llevando las ayudas, cuando están aportando muchas cosas.

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