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Vivienda de Huétor Tájar donde ha tenido lugar el crimen. Pepe Marín
Investigan si el abuelo de Granada mató a sus nietos poco después de atrincherarse en su casa

Investigan si el abuelo de Granada mató a sus nietos poco después de atrincherarse en su casa

El homicida, de 72 años, discutió con el padre de los menores, de 10 y 13 años, al que llegó a encañonar

Camilo Álvarez y Carlos Morán

Lunes, 20 de mayo 2024

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El crimen estremeció a todo el país. José, un vecino de 72 años de la localidad granadina de Huétor Tájar, mató a sus dos nietos y posteriormente se quitó la vida en su vivienda habitual. El hombre se había atrincherado en la noche del domingo con los dos niños, de 10 y 13 años, y un arma de fuego. Previamente, había discutido con el padre de los pequeños. La pelea subió de tono hasta que el abuelo sacó la escopeta y encañonó a su yerno. El hombre tuvo que huir de la casa y los menores se quedaron con el anciano. A las 21.45, alertados por la situación, los familiares avisaron al 112 de Emergencias, que movilizó a Guardia Civil y Policía Local, además de a los servicios sanitarios. Empezaban doce horas de negociación, de tensión, que acabaron con el peor de los desenlaces. La Guardia Civil echó finalmente la puerta abajo y encontró los cuerpos sin vida de los dos niños y del jubilado.

El trágico suceso arrancaba en realidad dos meses antes, cuando el abuelo conducía su coche de regreso a Huétor Tájar y chocaba contra la entrada de un túnel. Al parecer, sufrió un desfallecimiento. En el turismo viajaba acompañado de su esposa, de la hija de ambos y de los dos nietos. La abuela y la madre de los chicos perecieron. Y el conductor no volvió a ser el mismo.

Los vecinos del pueblo admitían ayer que José, al que habían retirado el carnet de conducir, se mostraba cada vez menos hablador. Se culpaba de lo ocurrido. Al parecer, la relación con su yerno y padre de los niños se había complicado. Y el domingo por la tarde tuvieron una discusión. El abuelo llegó a encañonar al yerno con su escopeta de caza, para la que tenía licencia. El hombre tuvo que salir huyendo.

Es entonces cuando se despliega un importante operativo. Además de Policía Local y servicios sanitarios, se llama a la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil que viaja desde Madrid para intervenir en la negociación con el abuelo, que había realizado un par de disparos desde el balcón, e intentar que libere a los adolescentes. El padre de los niños sigue por allí, pasa toda la noche en vela, preocupado por sus hijos, asistiendo impotente al operativo.

Poco después del aviso al 112, el mayor de los niños llama a su padre desde el móvil del abuelo para pedirle quedarse a dormir en esa vivienda, que está en el mismo edificio que el domicilio paterno. El progenitor le pide que deje que le vea un médico primero, porque todavía tiene la pierna escayolada por las secuelas del accidente de tráfico. Los niños no parecen nerviosos, según señalan fuentes de la investigación. Pero es la última vez que se sabe algo de ellos. Después de eso, ya sólo pueden hablar con el abuelo. Nadie accede a la vivienda y el hombre baja las persianas e incluso apaga las luces.

La Unidad Especial de Intervención, el equipo de élite del instituto armado, llega durante la noche. Acuden con negociadores y con interventores. Una vez allí, tratan de ganar tiempo para que salgan con vida los tres. Trabajan con la hipótesis de que están todos vivos y dialogan con el hombre. Sobre las 5 de la mañana el abuelo se comunica por última vez. Dice que va a preparar a los niños para ir al cole. Desde entonces, silencio. No contesta al teléfono. Sobre las 08.30, los agentes usan carga explosiva para echar la puerta abajo. Fuentes cercanas a la investigación explican que «la casa está blindada, bunkerizada, no se oye nada de lo que pasa dentro».

Los agentes encuentran los tres cuerpos sin vida. Según señalaron fuentes del caso, el hombre no se disparó justo cuando entraba la Guardia Civil, sino que ya estaba muerto. Trabajan con la hipótesis de que los tres habían fallecido horas antes. Será la autopsia la que ratifique la hora exacta de la muerte, pero sospechan que a los niños los mató al poco de que hicieran la llamada a su padre. A los pequeños los encuentran a cada uno en una habitación. Uno de ellos presenta heridas de disparos, el otro no. Se cree que pudo morir asfixiado.

El padre de los niños tuvo que huir de la casa cuando el abuelo lo encañonó

Según ha podido saber este periódico, los hechos arrancan con una discusión entre el abuelo y el padre de los niños. Los motivos exactos de la discusión no han trascendido, pero parece que la relación no era buena desde que la abuela y la madre de los niños (la esposa y la hija del presunto homicida) murieran hace dos meses en un accidente de tráfico cuando iba el hombre al volante. El encontronazo ocurre el domingo por la tarde en casa de los niños y el abuelo llega a encañonar a su yerno con la escopeta. Ante la amenaza, el hombre huye con el temor de que llegue a dispararle. Pero los niños quedan con el abuelo, que se los lleva a su casa.

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