Foto de archivo de un gesto de cariño y compañía durante la eutanasia de una paciente en Valencia. / efe

Un año de la ley de eutanasia en Canarias: «Mi madre murió feliz, por ella y por salvar tres vidas»

Mercedes es una de las ocho personas que han recibido ayuda para morir en las islas. Lo hizo en un hospital para poder donar sus órganos

Teresa Artiles
TERESA ARTILES Las Palmas de Gran Canaria

Antes de morir, Mercedes desayunó los churros con chocolate que había pedido el día anterior entre risas y el amor de sus hijos. También compartieron ese momento único el médico, la enfermera y la psicóloga que la acompañaron en el proceso de dos meses y medio desde que solicitó la eutanasia hasta que ejerció su derecho reconocido una mañana de finales de abril en el hospital José Molina Orosa de Lanzarote.

Conocía la fecha de su muerte, que decidió retrasar dos semanas a pesar de su deterioro para poder donar sus órganos. Se fue «súper tranquila y feliz, por ella y porque iba a poder salvar tres vidas», relata emocionada su hija Claudia, quien quiere contar su experiencia de vivir tan de cerca una eutanasia para «honrar» a su madre y su valentía.

También para defender una ley que permite morir dignamente a quienes afrontan el final de su vida con un horizonte de sufrimiento por una enfermedad incurable y reconocer el papel, tanto sanitario como emocional, del equipo profesional que recorrió con ella este camino.

Hoy hace un año que entró en vigor la ley de eutanasia en España y Mercedes es una de las ocho personas que la han recibido en Canarias. En su caso, para poder donar sus órganos, murió en el hospital, pero normalmente las personas eligen hacerlo en casa, decidir con quién, cómo, el cuándo.

A este derecho se pueden acoger las personas mayores de edad que padezcan una enfermedad grave e incurable o un padecimiento crónico e imposibilitante que cause «un sufrimiento físico o psíquico intolerable» sin posibilidad de curación o mejoría, dice la ley. Mercedes es una de las seis personas con enfermedades neurodegenerativas que han recibido ayuda médica para morir en el archipiélago. Las otras dos sufrían un cáncer terminal.

«Pasó de ser una persona autónoma a ser totalmente dependiente, no podía hacer nada, y su perspectiva era vivir sufriendo encamada», relata su hija, quien no esconde las dudas que le surgieron cuando su madre le dijo que había pedido la eutanasia.

«Hizo la solicitud y no nos dijo nada, cuando lo supe me enfadé muchísimo», dice. Eso fue a finales de enero y en los días siguientes hasta esa mañana de abril en el hospital pasó por todas las fases del duelo hasta la aceptación de una decisión libre de una persona especial y muy vital.

«Mi madre no tenía otra salida que sufrir, su enfermedad no tenía tratamiento, solo parches y parches para evitar el dolor», cuenta. Ella decidió que no quería morir así y, tras el escrupuloso proceso que marca la ley, la Comisión de Garantías y Evaluación, formada por cinco profesionales de la medicina, dos de la enfermería y cinco juristas, le reconoció su derecho a recibir la eutanasia. Genio y figura hasta el final, cuando lo supo llamó a sus personas allegadas para decirles el día que iba a morir, «así, sin paños calientes».

Claudia solo tiene palabras de agradecimiento para el geriatra Javier Alonso, la enfermera Sara Fernández y la psicóloga de su madre, Silvia Camino, por el apoyo constante. «Nos dieron siempre desde el mayor respeto un sostén sanitario y emocional hasta el día de su muerte, y hoy seguimos manteniendo ese vínculo», cuenta.

«Una paz increíble»

«Cuando Javier Alonso me propuso si quería ser la enfermera responsable del caso de Mercedes me temblaron las piernas, pero ahora puedo decir que es lo más memorable que he vivido en mis 13 años en la profesión», cuenta también emocionada Sara Fernández. Esta sanitaria relata los sentimientos contradictorios que le han brotado al ayudar a su paciente a morir, «una mezcla de dolor y sentirte viva, una paz increíble».

Más palabras para un momento que le ha hecho avanzar como enfermera y persona: risas y llanto, emotividad, intimidad, dignidad, sentirte útil, ayudar como sanitaria a las personas en una etapa crucial de su vida, contribuir a cumplir un derecho reconocido.

La enfermera entiende los miedos que compañeros de profesión pueden sentir al afrontar un caso como este, pero defiende como sanitaria la necesidad de respetar ese derecho individual que recoge la ley, a la que el sistema sanitario está obligado a dar respuesta para no alargar el sufrimiento de quienes reclaman la ayuda. Y siempre como un acto de vida.

19 expedientes abiertos

En un año en Canarias se han abierto 19 expedientes de personas que han solicitado la eutanasia. «Desde el minuto uno de la aprobación de la ley hemos intentado crear los mecanismos para dar una respuesta ágil y rápida» a estos pacientes, afirma Elizabeth Hernández, directora general de Programas Asistenciales del Servicio Canario de Salud (SCS). Solo un caso ha sido rechazado, dos las personas murieron antes de recibir la ayuda y en otros ha habido discrepancias entre los médicos responsables de los casos y los consultores, que tienen que ser resueltos. La sanitaria destaca el «compromiso impresionante» de la Comisión de Garantías y Evaluación, que tiene la última palabra para aceptar o no la eutanasia, así como de los y las médicos que llevan directamente a los pacientes. Dar una respuesta a las personas solicitantes dentro de los plazos que marca la ley, algo más de 40 días, es uno de los objetivos del SCS, que pondrá en marcha un «completo» plan formativo para resolver las dudas y dat todo el asesoramiento al personal sanitario.

Seis mujeres y dos hombres han recibido la eutanasia en Canarias en el año en vigor de la ley. De estas ocho personas, seis sufrían enfermedades neurodegenerativas y dos un cáncer en estado terminal. El paciente más joven que ha recibido ayuda para morir en Canarias tenía 40 años y el mayor, 80, aunque la mayoría tenía entre 60 y 69 años. Tres eutanasias se realizaron en 2021 y cinco este año.

149 sanitarios objetores

En las islas 149 profesionales de la sanidad, entre personal médico, de enfermería y farmacéuticos hospitalarios, se han declarado objetores de conciencia a la ley de eutanasia, lo que supone menos del 0,8% del conjunto de estas categorías. La lista gestionada por el Servicio Canario de Salud es confidencial y de acceso restringido, para uso exclusivo de los directivos hospitalarios con el objetivo de llevar una correcta gestión del derecho de la ayuda para morir.