Foto de archivo de una concentración a favor de la ley de eutanasia

«Mi paciente me dio una lección de vida; me sentí feliz de haberlo ayudado a morir»

Candelaria Casanova llevó como médica el caso de un paciente que recibió la eutanasia en Tenerife. Al principio tuvo miedo, pero fue «un momento bonito»

Teresa Artiles
TERESA ARTILES Las Palmas de Gran Canaria

«Fue una experiencia muy bonita, al principio sentí miedo pero cambió totalmente mi forma de pensar; yo antes con la eutanasia pensaba 'uff, esto de que la gente decida cómo se muere'. A mi me educaron para curar o paliar el dolor, y mi paciente me dio una lección de vida».

Quien habla es Candelaria Casanova, médico de familia con 35 años de experiencia que acompañó durante algo menos de dos meses a un hombre que recibió ayuda para morir en Tenerife, un caso imborrable en su trayectoria profesional y una experiencia que repetiría. «Llevo conmigo los abrazos de sus hijas en ese momento, como nos repetían 'gracias, gracias, gracias por haber ayudado a mi padre'».

Recurrieron a ella tras varias negativas de otros compañeros a llevar el caso, «muchas veces por miedo y desconocimiento porque no nos han formado para esto», y lo aceptó no sin dudas sobre cómo aplicar una ley que recién acababa de echar a andar.

«Fui a conocerlo a su casa, estaba arropado por sus hijas, y además de todos los informes sobre su enfermedad terminal me dijo 'mira, he sido muy afortunado en mi vida, con mi familia, he sido feliz, pero hace seis meses mi vida se truncó y no quiero sufrir'», rememora la sanitaria. Su paciente, con un cáncer con metástasis en su fase final, tenía terror al encamamiento y quería evitarlo. «Me dijo 'doctora, acepto mi muerte pero déjenme vivirla como yo quiero, por qué tengo que sufrir si me quedan pocos meses de vida y solo deterioro'», relata Casanova.

La médico insiste una y otra vez en todos los filtros y la supervisión que garantizan que la ley de eutanasia se cumpla de forma escrupulosa, con el visto bueno final del Comité de Garantías formado por médicos, enfermeras y juristas.

«En cada cita le repetía que se podía arrepentir en cualquier momento, pero él contaba los días», explica la sanitaria, quien cree que esos filtros necesarios y lo nuevo de la ley, que impide que el proceso discurra con fluidez, «hacen que a veces se superen los plazos de tiempo y ves cómo en el paciente y su familia crece la angustia porque avanza el deterioro que quieren evitar con la eutanasia».

Administrar los fármacos

El día que la petición recibió el visto bueno la médico fue corriendo a casa del paciente a decírselo. «Cuando le pregunté cuándo quería ser me dijo 'mañana'», cuenta. Recibió la eutanasia tres días después, en su casa, con su mujer y sus hijas, Casanova y un equipo asistencial «excepcional» formado por una médico y una enfermera con experiencia que se encargaron de administrar los fármacos para la sedación y la muerte.

El paciente junto a su familia pudo decidir cómo iba a morir, en qué habitación, si con música, en qué ambiente y con qué compañía. «Fue un momento de emociones tan bonito... creo que hay que quitar el drama», reflexiona la médica tinerfeña. «Su familia estuvo con él hasta que se durmió, lo besaron, le dijeron cuánto lo querían y lo felicitaron por haber logrado morir como había decidido».

La médico reitera en la conversación telefónica todos los filtros para constatar que quienes reciben ayuda para morir tienen una patología incurable e imposibilitante que causa o causará en breve un sufrimiento intolerable. «Creo que es una ley muy importante para este tipo de pacientes y nosotros debemos garantizar que se cumpla este derecho», sostiene.

Acto médico

Casanova destaca que la eutanasia es un acto médico y cree que la clave para que el personal sanitario la afronte es escuchar al paciente sin prejuzgar y con empatía. «No podía dejar de ayudarlo, tenía razón, es su derecho, y no podía aceptar que se muriera como no quería morirse; si en algunas enfermedades los paciente pueden decidir no pasar por un calvario final, por qué no», dice. Al día siguiente de aplicar la eutanasia se sintió «feliz de haberlo ayudado como médica, a él y a su familia».

El sistema sanitario se ha organizado para garantizar el cumplimiento de la ley. Clara Gironés, directora médica de la Gerencia de Atención de Primaria de Tenerife, señala la importancia de apoyar al personal sanitario que lleva un caso de un paciente candidato a la eutanasia para que la ayuda a morir «se dé de la manera más natural posible y en el domicilio, porque el bien morir es un derecho, con la despedida que ellos quieran tener y vivir, con quienes quieran y acompañados de su médico».

Gironés cree que es clave para superar las situaciones de miedo y aclarar dilemas éticos la formación. «Hay sanitarios que tenían claro que la eutanasia es una manera más de atender y hacer nuestro trabajo como sanitarios y otros están en contra, pero hay varios con miedo a estar solos en el proceso, y ahí es donde tenemos que garantizar el apoyo con todos nuestros recursos para acompañarlos y resolver sus dudas», añade.