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MARIA PICASSÓ I PIQUER
Ellen DeGeneres, la presentadora amable que se convertía en ogro

Ellen DeGeneres, la presentadora amable que se convertía en ogro

Denuncias de intimidación, acoso, racismo... El ambiente laboral tóxico surgido en torno a su show televisivo, que lleva 17 años en antena en Estados Unidos, amenaza la trayectoria de esta mujer, icono mediático y pionera en salir del armario

Sergio garcía

Sábado, 22 de agosto 2020, 23:20

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Definitivamente, este no es el año de Ellen DeGeneres, la presentadora mejor pagada del mundo –con permiso del radiofónico Howard Stern–, al frente del show televisivo que lleva su nombre desde hace 17 años. Un magazín por el que ha sido candidata a los Emmy en 171 ocasiones y con el que ha ganado 61 estatuillas en todas las categorías imaginables. No es que los rumores sobre el ambiente de trabajo que ella propicia la situaran nunca en un pedestal, pero ¿cómo vas a desconfiar de alguien que cada mañana repite como un mantra a sus telespectadores 'Be kind to everyone' (Sé amable con todos), al tiempo que regala dinero y viajes con la prodigalidad del rey Midas?

Bien, pues parece que la realidad es muy distinta. Los empleados de DeGeneres han sacudido los cimientos de su imperio con un alud de acusaciones de intimidación, acoso laboral y racismo. Trabajadores despedidos por ausentarse para ir al médico, castigos por tomarse unos días para atender asuntos familiares, broncas monumentales por dirigirle la palabra... Nada que ver con la imagen que todos tenían en Estados Unidos de esa mujer luchadora, influyente como pocas, ferviente demócrata y estandarte del colectivo LGTBI desde que hizo público su lesbianismo saliendo del armario, cómo no, por televisión.

El escándalo se ha desatado con la furia de una tormenta de verano. El «ambiente laboral tóxico» creado habría llevado a la estrella mediática a barajar su dimisión, extremo este todavía sin confirmar. Su futuro es terreno abonado para la especulación. Mientras 'Vanity' asegura que DeGeneres seguirá al frente del programa, el 'Daily Mail' da por buena su marcha. Entretanto, los responsables de la cadena NBC han abierto una investigación y dicen estar introduciendo cambios para recuperar la sintonía tras mantener contactos con un centenar de empleados.

De cualquier manera, el tsunami está lejos de calmarse. En plena fiebre del movimiento #MeToo, las pesquisas realizadas han sacado a la luz supuestos casos de abuso y acoso sexual que apuntan a tres de los productores ejecutivos del show, Ed Glavin, Kevin Leman y Jonathan Norman, y que esta semana han sido despedidos.

Una «cárcel» con piscina

Abril comenzó mal con un comentario en apariencia inocuo, bastante snob, pero de repercusión nacional. Una entrevista en tiempos del coronavirus donde Ellen, de 62 años y un sueldo anual que ronda los 50 millones de euros, aseguraba desde el amplio salón de su casa de Montecito (California) –8 habitaciones, diez baños, servicio doméstico, piscina y vistas al jardín– que «esto es como estar en la cárcel. Llevo la misma ropa desde hace 10 días y aquí todo el mundo es gay». Risas, las suyas.

No es que el chiste no tenga su público, pero a DeGeneres le reventó en la cara pese a los esfuerzos de su esposa, la actriz Portia de Rossi, por mostrarse cercana en la cocina, donde le saltaba el aceite o se cortaba mientras confesaba que su pareja no es muy fan del curry ni de los garbanzos. Los ricos también lloran y DeGeneres no tardaría en empezar a hacerlo. Ese mismo mes, 'Variety' desveló las irregularidades cometidas con el personal del programa durante la pandemia, a quienes se habría reducido un 60% el sueldo sin informarles. Un tuit del humorista Kevin Porter, animando a sus seguidores para que contaran anécdotas sobre los malos modos de la presentadora se tornó viral y acabó de encender la mecha. Obtuvo 2.500 contestaciones, a cada cual más vitriólica.

DeGeneres, nacida en Metairie (Luisiana) en 1958, se ganó el favor del público como monologuista, después de haber desempeñado oficios tan variados como pintora, camarera o bailarina a tiempo parcial. Su participación en la comedia televisiva 'Ellen' la catapultó a la fama, que luego cimentarían las entregas de los Oscar en 2007 y 2014, y sobre todo 'El Show de Ellen DeGeneres', por donde han pasado desde su alter ego Oprah Winfrey o Paris Hilton hasta George Bush y Michelle Obama. Cuando ganó su último Emmy el pasado junio en la categoría de Entertainment Talk Show, prometió usar su programa «para el que todavía quedan unos años» como «plataforma para el cambio». Dos meses más tarde, no parece que vaya a poder cumplir su palabra.

«Un lugar de alegrías»

DeGeneres no ha dejado desde que estallaron las críticas de mostrar su consternación por lo ocurrido, de pedir perdón, y de jurar y perjurar que no es el monstruo en que la han descrito cuando la califican de «farsante» y de no practicar lo que predica, en alusión al 'buen rollito' que destila con los famosos que invita a su programa y la mala baba que reserva para sus subordinados. Hace unos días, el 'New York Post' publicaba que la artista está «devastada» e «histérica» al comprobar cómo todo por lo que ha luchado se desmorona.

Como no podía ser de otra forma, el asunto ha saltado a las redes sociales y creado dos frentes: el de quienes la defienden a capa y espada –Katy Perry, Ashton Kutcher o Scooter Braun– y quienes sostienen que es más falsa que un duro de 4 pesetas, como Brad Garrett, Lea Thompson o Hedda Muskat, exproductora de DeGeneres y a quien esta retiró su favor.

«Cuando empezasteis a trabajar aquí os dije que este sería un lugar de alegría. Obviamente algo ha cambiado y estoy decepcionada de saber que no ha sido el caso. Lo siento», ha comunicado DeGeneres a sus empleados en una carta publicada en 'The Hollywood Reporter'. Los rumores, sin embargo, no dan tregua a la presentadora. «Siente que la única manera de recuperar su marca es cerrar el programa».

El sensacionalista 'The Sun' va más allá. Afirma que la NBC estaría ya buscando un sustituto y da un nombre, el del showman James Corden, que podría ofrecer una «transición fácil» para un proyecto hecho a la medida de su creadora caída en desgracia. Si esto fuera uno de los guiones que DeGeneres ha escrito a lo largo de su carrera, todos estarían pendientes de dos palabras: fundido y cierre.

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