El adiós magistral del profesor Valladares

09/05/2018

El catedrático de Parasitología se jubila y deja la dirección del Instituto de Enfermedades Tropicales. En su despedida, recordó la trayectoria del centro y apuntó hacia al futuro que se encamina, el de la globalización, para lo que requiere, dijo, de financiación estable, pública y privada

Al profesor Valladares le invadió el llanto, disimulando con una repentina y nerviosa tos, cuando por tercera o cuarta vez se dirigió a su esposa y a sus tres hijos para reconocer que les había «robado innumerables horas de estar en familia» para dedicarse en cuerpo y alma a la parasitología y a su cuarta criatura, el Instituto de Enfermedades Tropicales. «Pero bueno, ahí está el trabajo», decía ayer a modo de conclusión señalando a la pantalla donde había proyectado durante casi hora y media la trayectoria del departamento de Parasitología de la Facultad de Farmacia de la Universidad de La Laguna (ULL), del Instituto de Enfermedades Tropicales e, indefectiblemente, la suya propia.

El catedrático Basilio Valladares dio ayer su última clase magistral antes de su jubilación haciendo un repaso a la Historia de la Parasitología en la ULL, de la que él y la mayoría de los que acudieron a oír la última lección del profesor han sido y son protagonistas. A estos últimos les cedía el legado de 44 años de trabajo, el tiempo en el que, tanto él como sus compañeros de departamento, lograron que aquella «parasitología de lupa y microscopio» de 1974 se convirtiera en la «parasitología global» que es en la actualidad.

A los que quedan, los encomió a que den el «salto cualitativo» que necesita el Instituto de Enfermedades Tropicales para abundar en la excelencia que, «más allá de publicar mucho en revistas científicas», pasa por convertirlo en un «destacado centro de salud global». Valladares los animó a «aliarse con socios estratégicos que refuercen la presencia e impacto global» del instituto para alcanzar ese objetivo, que es lo mismo, dijo, hacia lo que tiene que avanzar la propia universidad. También, dijo, que la continuidad del instituto depende de su financiación, que tiene que ser fija y no depender solo de la universidad. La fórmula, apuntó, debe ser la de un instituto mixto.

El profesor Valladares, parafraseando al recientemente fallecido Stephen Hawking, invitó a los que continúen al frente del Instituto de Enfermedades Tropicales, del que, al igual que de sus clases, se despedirá definitivamente cuando concluya el curso, a «mirar siempre hacia las estrellas y no abajo hacia tus pies».

Eso hicieron los que pusieron en marcha en 1974 el departamento de Parasitología. Y recordó el primer Estudio de Parasitos en Humanos en Canarias, que luego fue su tesis doctoral, o el catálogo de parásitos de peces de su compañero Fernando de Armas -«que entonces era el mejor del mundo», dijo-; también la primera tesis doctoral que dirigieron en el departamento y el «cambio de rumbo» que se dio a la disciplina en 1992, cuando se creó el grupo de investigación de Enfermedades Tropicales, «sin infraestructura científica, sin medios económicos, pero con mucha ilusión, determinación y compromiso», aseguró.

Despegue

Por esa época lograron que el expresidente del Gobierno de Canarias, Manuel Hermoso, siendo vicepresidente, les comprara el primer termociclador, «aunque a él aquel nombre le sonó a bomba», recordaba ayer Valladares imitando el asombro del político cuando le dijo cómo se llamaba el aparato de laboratorio fundamental para amplificar las distintas hebras de ADN. El segundo termociclador llegó gracias al Cabildo, que se los regaló a cambio de «un trabajo sobre parasitos en cabras». Costó dos millones de pesetas», recordaba ayer. Luego llegaron la centrifugadora y la refrigeradora y, con ese equipo, el departamento empezó a despegar, a «creer» en capacidad y a ver que estaban al nivel de centros de prestigio.

El inicio de esa proyección nacional e internacional coincidió en el tiempo, recordó en su repaso histórico, con los movimientos migratorios y no precisamente de África, que también, sino de «los emigrantes canarios que volvían de Venezuela con enfermedades que no se conocían».

Cuando en 2003 se creó oficialmente el instituto ya eran muchas las personas que llegaban con enfermedades de las que Canarias estaba libre, como la fiebre amarilla o el dengue. Diez años después se encargó al Instituto de Enfermedades Tropicales la vigilancia de los puertos (el proyecto Mosquimeat) «por los que llega de todo». En la erradicación del Aedes aegyti, el mosquito transmisor del dengue que en noviembre de 2017 se detectó en Fuerteventura (y que desde febrero no se ha vuelto a ver) está ahora enfrascado el centro.

Valladares desatacó el «grupo estable y puntero» que conforma el centro, una treintena de profesores e investigadores, algunos extranjeros que se forman en él, «más de 40 de 18 países en 10 años; una actividad muy importante del instituto y de la universidad, que está siendo emisora de conocimiento», certificó. También resaltó la labor que el instituto ha desarrollado en cooperación internacional con países de Suramérica y África, como Perú, Cabo Verde, Guinea Ecuatorial o Senegal.

«¿Y ahora qué?», se preguntó el investigador y uno de los artífices de la iniciativa Campus África: pues «seguir trabajando porque esto -dijo- no es un trabajo personal, sino de un equipo», donde él es «el de más edad» y por eso es «el primero que se jubila».

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