Un espacio de confianza donde se juega a conocer las emociones

19/11/2018

La asignatura Emocrea llena de sentimientos, sensibilidades y amor las escuelas canarias desde hace 4 años. Ahora, su ideólogo, el psicólogo de la ULL Antonio Rodríguez, publica un manual «amigable» para ayudar a los docentes a sacar lo mejor de sus niños y niñas y enseñándolos a enfrentarse a la vida fuera de la escuela

Antonio Rodríguez se toca el corazón para acompañar la explicación de lo que es Emocrea, la asignatura que desde hace cuatro años está llevando a los niños y niñas de las escuelas canarias a hablar de sus emociones, a decir qué sienten y cómo se sienten y a aprender qué hacer ante cada sensación, cada sentimiento, a gestionarlo. Educación emocional y para la creatividad (Emocrea) se ha convertido, explica el profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de La Laguna (ULL), en un «espacio de confianza» donde los escolares juegan con sus emociones para «subsistir» a los cambios que se producen a su alrededor, «a una sociedad ambigua, compleja, cambiante, nada predecible y terriblemente estimulada».

Hablar de miedos, tristezas, frustraciones o iras no es fácil ni para los niños, ni para los docentes, pero al cabo de cuatro años, dice Antonio Rodríguez, unos y otros «se han beneficiado», han mejorado su capacidad para gestionar las emociones y han logrado un efecto añadido: los alumnos tienen mejor rendimiento académico en el resto de asignaturas y, «de rebote», los maestros «afrontan mejor su vida y lo que implica el desgaste de estar día tras día con 30 niños a los que ayudan a aprender».

Esas experiencias las ha llevado Rodríguez al libro EducaEMOción. La escuela del corazón, que presentó la semana pasada, un manual «amigable» que edita Santillana que busca ser un «apoyo» para el maestro de Emocrea, «pero no con formato de libro par a trabajar el aula, sino para llevarlo en el bolso».

El que fuera el asesor académico de la asignatura (el currículo lo crearon dos maestros y cuatro maestras, «las madres de Emocrea»), sostiene que los niños necesitan referentes y «el espacio en el que pasan la mayor parte de su tiempo» se los tiene que proporcionar.

Vínculos

El profesor de Psicología indica que «para enseñar hay que amar» -también lo dijo recientemente la ministra de Educación. Isabel Celaá- y ese vínculo amoroso entre maestro y alumno, por supuesto, aclara, «no equiparable al de un padre por su hijo», tiene que tener una finalidad educativa. El amor educativo competente es un concepto, explica, que se introduce en el libro para indicar que «no vale cualquier amor educativo, sino que tiene que ser competente», es decir, que «tiene que estar entrenado para la empatía, la comunicación y el compromiso emocional», para, a partir de ahí, trabajar con los niños.

La implantación de Emocrea en la escuela canaria fue «algo innovador y novedoso en todo el sistema educativo español y de la Unión Europea», recuerda Antonio Rodríguez. Solo en Reino Unido y en Malta había precedentes de currículum oficial para abordar las emociones y la creatividad del alumnado y Canarias se colocó en la «avanzadilla de lo que los organismos internacionales están pidiendo». Fue, asegura, una «decisión valiente» de quien en 2014 estaba al frente de la Consejería de Educación (el socialista José Miguel Pérez) «para sacar algo novedoso».

Recuerda un año intenso de formación y de «pasar muchas horas en los centros», pero al final se logró, dice. Sin hacer aún una evaluación de la asignatura -está encargada-, si se ha hecho una «cata para ver cómo se está materializando» y los resultados, asegura, «son muy positivos». Para los docentes, porque han adquirido competencias asociadas a la gestión de emociones, para los padres, «a los que sus hijos obligan a estar comprometidos», y para los niños, que «se les nota diferentes cuando hablan de Emocrea que de, por ejemplo, matemáticas». Y algo curioso, los alumnos de 5º y 6º de primaria que no tiene la asignatura (se imparte de 1º a 4º) «la están reclamando». Rodríguez considera que también en secundaria, una etapa «emocionalmente complicada», debería impartirse Emocrea.