Sin partido, sin equipo y sin decisiones

26/05/2020

María José Guerra, filósofa, docente e investigadora de prestigio, era la única consejera independiente del Gobierno. No supo o pudo cohesionar a unos altos cargos que no eligió ella. La comunidad educativa le reprocha la falta de directrices

María José Guerra Palmero (La Laguna, 1962) era, hasta ayer, la única persona sin carné de partido sentada en el Consejo de Gobierno de Canarias. Propuesta por el PSOE, una apuesta de Ángel Víctor Torres, la catedrática de Filosofía Moral de la Universidad de La Laguna asumió el año pasado la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes convencida de lo que podía aportar en un «momento histórico» para las islas.

Pero con el coronavirus llegó un escenario inimaginable cuando se firmó el pacto de las flores y la pandemia lo cambió todo. La gestión –o falta de decisiones– de Guerra durante la crisis sanitaria que derivó en una educativa, especialmente en este momento de desescalada y cierre del curso, ha terminado con una dimisión que este fin de semana ya pedía prácticamente toda la comunidad educativa. Es el punto final de un periplo marcado por la falta de cohesión de un equipo que no eligió ella y al que no supo o pudo unir y dirigir. El primer ejemplo fue la imposición por parte de la dirección del PSOE de Lanzarote de la viceconsejera de Educación, sin ningún perfil público en esta crisis.

Sin un partido detrás, Guerra, catedrática de gran prestigio con 35 años de experiencia como docente e investigadora, partía de una situación de debilidad para estos momentos excepcionales en los que la gestión y toma rápida de decisiones se hacen imprescindibles. El anuncio de dimisión el domingo de uno de los cargos clave de su equipo, el director general de Innovación, Calidad y Ordenación Educativa, Gregorio Cabrera, por su desacuerdo en cómo se estaba articulando la reapertura de centros en esta fase 2 de la desescalada precipitó todo. Torres aceptó ayer la dimisión de Guerra y Cabrera seguía, de momento, en su puesto.

Desde la suspensión de las clases el 13 de marzo la Consejería ha tenido que sofocar varios incendios: articular en tiempo récord la teleformación, asegurar la comida al alumnado sin recursos afectado por el cierre de los comedores o paliar la brecha digital que ha aumentado las desigualdades entre estudiantes. Pero todo ha estallado en este tiempo de desescalada, en el que los equipos directivos de colegios e institutos recriminan a la Consejería, al igual que lo hizo Cabrera en su dimisión, no dar instrucciones y protocolos claros y dejar en sus manos cómo organizar la prevención de riesgos y medidas de protección o la atención educativa al alumnado.

Dictar esas instrucciones es una competencia autonómica. Ángel Víctor Torres anunció este domingo que se publicarían ese mismo día. No fue así. Y ayer el Gobierno dijo que se haría esta semana con la firma del nuevo consejero. Está por ver si sale en los mismos términos que precipitaron la dimisión de Cabrera o hay cambios.

Las clases presenciales se retomarán el próximo curso, pero en la fase 2 de la desescalada se permitía abrir colegios para atender al alumnado de hasta seis años para facilitar la conciliación familiar. Canarias, como la mayoría de las comunidades, decidió no hacerlo por la falta de condiciones de seguridad y las advertencias de los especialistas en pediatría. Sí acordó abrir a partir del 1 de junio los centros para la atención con cita previa o en pequeños grupos al alumnado que titula, el de 6º de primaria, 4º de la ESO y 2º de bachillerato. Además, abierto el periodo de prematrícula, también se debe articular la atención a familias que no pueden ni saben hacer la gestión vía telemática. Las direcciones de los centros lo han dicho alto y claro: se sienten desasistidos y sin instrucciones claras no lo harán.

Guerra, que ya amenazó con dimitir en plena crisis por la salida del Gobierno de la consejera de Sanidad, Teresa Cruz, se va sin poder poner en marcha el proyecto educativo que imaginaba cuando asumió el cargo. En estos tiempos de pandemia, dimite más que por sus decisiones por la ausencia de ellas.