Crónica

En lugar de carne y hueso, cartílago

25/05/2020

Teresa Cruz le salió rana al presidente y Guerra es de la misma especie. Las dos en el peor momento.

El sindicato de las ranas tiene motivos para estar molesto. Cada vez que alguien no da la talla en su gestión, se asocia con esa especie: «Es que salió rana». Según la Academia Andaluza -sí, existe- la expresión tiene su origen en la actividad pesquera, pues era un cántico de decepción expresado por los pescadores cuando subían la red, pensaban que se encontraban con un pez de grandes dimensiones y aparecía entre los hilos una rana. Siguiendo con el símil, Ángel Víctor Torres creyó haber pescado un pez filosofal para la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias y al final le salió rana. Otra rana, pues habría que incluir en la misma categoría -con el debido respeto a las personas. faltaría más- a la que fuera consejera de Sanidad, Teresa Cruz.

De hecho, la suerte de ambas ha ido de la mano aunque con orígenes bien diferentes pero con idéntico resultado: la salida del Gobierno. Cruz Oval fue destituida porque hasta el final se atrincheró en su castillo, mientras que Guerra optó por la dimisión pero eligió el peor momento para hacerlo. Irse en plena pandemia, con docentes y padres y madres de alumnos esperando a saber cómo acaba el curso y cómo puede ser que empiece el siguiente deja bien claro que no era la persona idónea para la gestión. O al menos para gestionar en estos tiempos tan complicados, cuando hace falta una dosis extra de resiliencia, esfuerzo, templanza y, por supuesto, capacidad para trabajar en equipo.

Si atendemos a lo que cuentan desde dentro y a lo que se oía de fuera, la consejería en cuestión se había convertido en algo así como una tertulia de Sálvame o La Sexta Noche en plena fase de efervescencia: cada uno de los presentes elevaba el tono, intentaba imponer su tesis, nadie escuchaba al de al lado y al final todos se iban a su casa y el espectador, sentado en su casa y asistiendo al espectáculo, se quedaba con la impresión de que con esas mentes pensantes no se podía ir ni a la esquina.

Ya el domingo el presidente Torres dio un puñetazo en la mesa. Es lo que corresponde cuando se tiene la más alta responsabilidad y se ha dado al subordinado más de una, dos y tres oportunidades para que enmiende el error. Pidió en su día a sus consejeros que fueran de carne y hueso, y algunos le han salido cartilaginosos, como las ranas. Ahora le toca recomponer, hacerlo con prudencia y tener claro que, con el escenario que tiene Canarias por delante, hace falta gente con compromiso, lealtad y, ya puestos, humildad para corregir cuando se equivocan.