Durante la manifestación, este lunes. / COBER

El ruido y las goteras soliviantan a la Escuela de Arte y Superior de Diseño Gran Canaria

Alumnado y profesorado salen a la calle a protestar por las malas condiciones de las infraestructuras y la afectación del tráfico de la GC1 junto al centro

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO Las Palmas de Gran Canaria

Estudiantes y docentes de la Escuela de Arte y Superior de Diseño Gran Canaria salieron este lunes a protestar por las condiciones en las que se lleva a cabo la enseñanza en el centro educativo, uno de los más grandes de España en su modalidad.

Las goteras y el ruido son los principales problemas a los que se enfrentan profesores y alumnado sin que la Consejería de Educación de respuesta a sus demandas, denuncian.

«Desde hace muchos años sufrimos dos problemas: las cubiertas, que provocan inundaciones con una lluvia mínima, y el ruido de la GC1», explico uno de los portavoces de la Escuela.

Con el paso del Hermine la escuela estuvo «tres días cerrada», recuerdan.

Imágenes de aulas afectadas por la lluvia. / C7

Vídeo. Inundaciones en la Escuela de Arte y Diseño / C7

Además, tienen que soportar el ruido constante del tráfico de la GC1, «Hay un malestar acústico» continuo y «a raíz de la pandemia es insoportable». Precisamente por la covid se tuvo que comenzar a dar clase con las ventanas abiertas. « La normativa de la ley del ruido obliga a que no sea más de 40 decibelios. Nosotros hemos hecho mediciones y tenemos picos de hasta 70 con un continuo de entre 55 y 65 decibelios», critican.

La Escuela de Arte y Superior de Diseño de Gran Canaria cuenta con 1.400 estudiantes y 145 docentes. «Es una escuela enorme, por lo que hay muchos afectados», lamentan. Además, cuentan con programas Erasmus y es «una escuela con mucho músculo, pero a pesar de las reiteradas demandas no hemos recibido respuesta».

Según el profesorado, la Consejería sacó a licitación un proyecto para arreglar las cubiertas, sin embargo, quedó desierto «porque el presupuesto no era suficiente». Y para mitigar el ruido directamente no hay presupuesto». «Trabajar así es muy incómodo. Nuestro trabajo es crear un espacio agradable pero el ruido de la autovía es un enemigo extra. A veces cerramos las ventanas, pero hay que abrirlas para ventilar».

El ruido es tan alto, señalan, que en ocasiones han dado clases online con el alumnado en el centro para que puedan seguir las explicaciones con los auriculares conectados al ordenador.

Con las lluvias se añade el problema de tener que salvar los equipos. «Cuando empieza a llover cubrimos los ordenadores, desenchufamos las cosas… ha habido momentos en que hemos dado clases con cascadas dentro. Es una locura absoluta», critican.

Durante la manifestación, este lunes. / COBER