Los colegios serán los últimos en recobrar la normalidad

08/04/2020

Los expertos destacan que los niños desarrollan la enfermedad sin que muchas veces se note, pero insisten en que pueden transmitirla

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La recuperación de la actividad educativa, suspendida a causa del coronavirus, tardará en llegar. Si nos atenemos a lo que han hecho países que han sufrido antes el golpe del Covid-19, la retirada de ciertas medidas de confinamiento se hará de forma escalonada. En el caso de la vuelta a las aulas, será una de las últimas cosas que se acometa. Se trata de un reto supeditado a que se practiquen pruebas serológicas de proporciones masivas para observar el verdadero alcance de la pandemia.

María Luisa Villar, jefa de Servicio de Inmunología del Hospital Ramón y Cajal, se muestra extremadamente prudente, dado que la abrogación del encierro es una decisión que concierne a la política sanitaria. No obstante, a la vista de lo que ha hecho China, que se supone es el principal referente, la suspensión del confinamiento le parece un «futurible». «Los niños desarrollan la enfermedad sin que muchas veces se note pero sí pueden transmitirla a los mayores. Cualquier madre sabe que si un niño tiene varicela, enseguida la coge toda la clase entera. No tenemos todavía respuestas a estas preguntas».

Para Villar, los primeros que se podrían incorporar a la vida activa son quienes, habiéndose sometido a pruebas serológicas, sus análisis demuestren que han superado la enfermedad y desarrollado inmunidad al virus. En Wuhan, por ejemplo, se está empezando a levantar el confinamiento de forma muy controlada y gradual. «Son cosas con las que por ahora nosotros no podemos ni soñar. Aquí no se están haciendo por ahora test de manera masiva; sólo a la gente con síntomas y no a todos».

El SARS-CoV-2, el virus causante de la enfermedad, como el de la gripe, tiene una alta tasa de mutación, de modo que la inmunidad adquirida por quienes han sufrido la dolencia se sospecha es solo estacional. «Esa es la razón por la que hay vacunarse de la gripe todos los años».

En materia educativa, el Gobierno de Italia ha aprobado un decreto con el que concede un aprobado general a todos los estudiantes este curso. Con esta medida se busca que ningún alumno se quede atrás como consecuencia de la emergencia del coronavirus, que ha causado más de 16.000 muertos. En España, al menos 30 universidades han suspendido la docencia presencial en este curso.

A juicio de Gabriel Reina, microbiólogo de la Clínica Universidad de Navarra, es «importante no perder el terreno ganado» levantando prematuramente el confinamiento. Antes que los escolares, quienes deberían recobrar la actividad diaria deben ser las empresas de sectores no prioritarios. «La readmisión de los niños en las aulas creo que se alargará en el tiempo, aunque no se han visto especialmente afectados por la infección. Parecen tener un papel importante en la transmisión por su mayor actividad física y social. Es más difícil que ellos respeten las medidas de distanciamiento social», argumenta Reina.

Si es verdad que el 10% de la población (unos siete millones de españoles), ha padecido ya la covid-19, habrá un segmento demográfico protegido para afrontar un posible rebrote. «En la medida que ese número aumente, nos encontraremos con algo problemático, pero también tiene una vertiente positiva, por cuanto habrá un mayor número de personas protegidas, lo cual dificultará más una diseminación de la infección», explica Reina.

Incertidumbre

En cualquier caso, la relajación de las medidas de confinamiento y, especialmente, el fin de la cuarentena en los centros educativos, será una decisión que se tome «con mucha incertidumbre y una información muy incompleta». Quien así opina es Joan Ramón Villalbí, de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas). «Nos vendrá muy bien ver qué pasa en Italia», asevera Villalbí. Este experto también advierte del peligro de que una laxitud de la reclusión se traduzca en la reaparición de nuevos casos.

«Esto no se acabará hasta que tengamos una mayoría de población con defensas, las que se obtienen después de pasar la infección, y las podríamos conseguir si encontráramos una vacuna, pero esto tardará entre año y medio y dos años». Entretanto, hay que ir encontrando formas «menos brutas» que el confinamiento para ir proteger a las personas vulnerables. «Porque la pobreza también mata».

Acometer una vigilancia epidemiológica que se apoye en la atención primaria se antoja fundamental. De acuerdo con Alberto Infante, analista de la Fundación Alternativas, los hospitales están teniendo enorme importancia en la tarea de atajar el virus, pero los médicos de familia son «un aliado de extraordinaria importancia para los equipos de salud en todas las comunidades».

«Los médicos de familia son un aliado extraordinario para los equipos de salud en todas las comunidades» alberto infante

Infante subraya que debe ser el Consejo Interterritorial de Salud, donde están representados el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas, los que determinen la «vuelta a la cotidianeidad y la actividad productiva de manera escalonada, paulatina y con vigilancia epidemiológica reforzada».

Infante piensa que la reapertura de colegios y las grandes concentraciones de gente «serán lo último que deba aprobarse». «También hay que evitar », prosigue, «que reintroduzcamos casos importados, lo cual exige un control riguroso de las fronteras aéreas, terrestres y marítimas».

Si se dan las circunstancias adecuadas, parece razonable que el Gobierno o las comunidades permitan que padres con hijos de corta edad puedan pasear un rato por la calle. «Debe ser una opción que se contemple por territorios, dependiendo de cómo evolucionen los casos»