Los ministros de Educación, Isabel Celaá, y de Sanidad, Salvador Illa, en una rueda de prensa. / J. J. GUILLÉN/EFE / Vídeo: EP

El Gobierno aduce que la escuela «no es un lugar de contagio»

La covid ha obligado a cerrar 2.852 aulas, lo que supone un 0,73% de ellas

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

La escuela no es un «lugar de contagio», sino un espacio de «detección precoz» del coronavirus. Así lo piensa el ministro de Sanidad, Salvador Illa, quien se reunió este jueves junto a la titular de Educación, Isabel Celaá, con sus homólogos de las comunidades autónomas.

La emergencia sanitaria provocada por la covid-19 ha obligado a clausurar 2.852 aulas en España desde que comenzó el curso escolar. Después del encuentro de la Conferencia Multisectorial entre Educación, Sanidad y las comunidades, la ministra Isabel Celaá aseguró que esta cifra supone el 0,73% del conjunto de grupos. Estos números llevaron a proclamar a Celaá que el objetivo de mantener la escuela abierta se está cumpliendo.

Por ahora el 95% de los centros educativos no universitarios se ha librado de la acechanza del virus, lo que se sido posible gracias al empeño 700.000 profesores que han velado por la correcta incorporación a las aulas de 8,1 millones de alumnos. «No ha sido fácil», subrayó Celaá, quien a pesar de los buenos augurios destacó que «no hay riesgo cero».

Para reforzar la plantilla de los colegios e institutos, los profesores que carecen del máster preceptivo para ejercer la docencia serán dispensados de su posesión de manera «excepcional y limitada». Este título es requisito imprescindible para impartir clases en secundaria, Bachillerato y FP, así como en escuelas de música y artes escénicas, artes plásticas y diseño y oficiales de idiomas. Educación prescindirá temporalmente de la exigencia del máster ante las dificultades de muchas comunidades autónomas para encontrar profesores. La disponibilidad de estos profesionales se ha reducido aún más desde que la crisis sanitaria obligó a retrasar a 2021 las pruebas de ingreso de funcionarios docentes.

Frente al temor de que algunos padres prefirieran no llevar a sus hijos a la escuela a causa de la inseguridad de la pandemia, la ministra se congratuló de que el absentismo haya sido «poco relevante». Solo tres consejeros informaron de este fenómeno en sus territorios, aunque Celaá no quiso especificar de cuáles eran.

La ministra, que negó de forma categórica que el curso haya empezado de forma caótica, como dice un sindicato, apuntó que hasta se han echado el cierre a dos centros, uno de infantil y de primaria, y «algunos otros en algún municipio de Extremadura».

Educación adaptará las pruebas de acceso a la universidad en el presente curso a la situación excepcional, siguiendo un modelo similar al del curso pasado, en el que el examen fue ya más sencillo.

Además, se introducirán cambios normativos que hagan posible modificar el currículo y las programaciones didácticas para recuperar los «aprendizajes imprescindibles» que no pudieron alcanzarse el curso pasado. Esta medida, que simplificará las enseñanzas que se han de impartir, trata de satisfacer a la comunidades, que se han quedado reiteradamente de la «rigidez del modelo curricular», muchas veces criticado por los expertos por su amplitud.

Celaá adujo que al producirse los confinamientos por grupos burbuja, cuya composición ronda los 20 alumnos, se puede garantizar sin problemas que todos dispongan de dispositivos digitales para seguir las clases. En el caso de que algún estudiante no lo tenga, se le hará un «préstamo».

Cuando fue preguntado por la situación en la región de Madrid, Illa no se anduvo con rodeos. «Vienen semanas duras en Madrid y hay que actuar con determinación para tomar el control de la pandemia. En este contexto vamos a hacer nuestras recomendaciones», sentenció.