¡Echo de menos a mis compañeros!

Pasará la pandemia, pero se queda el teletrabajo, que ya no tiene tan buena prensa

SOLANGE VÁZQUEZ

Quién hubiera dicho hace solo unos meses, cuando muchos iban con cara de tubérculo a su centro de trabajo y lamentaban la amarga suerte de tener que compartir tarea y metros cuadrados con algunos seres bordes, trepas o simplemente insoportables, que al final acabaríamos echando de menos pasar horas en la empresa, donde los buenos compañeros y las risas no parecían compensar los malos tragos. Son ‘milagros’ de la pandemia y del teletrabajo forzoso (que, en los peores momentos de la crisis, ha afectado parcial o totalmente a la mitad de los trabajadores españoles): ahora muchos profesionales, tras dos meses ejecutando sus obligaciones laborales en casa, están hartos.

El 73% de los españoles desea volver a sus empresas... ¿Escarmentados del teletrabajo, ese sueño dorado que ya no lo es tanto? Bueno, no del todo: los empleados sostienen que les gustaría utilizar esta opción, pero sólo algún día a la semana, como algo puntual. Solo el 10% afirma que, por ellos, no volverían nunca. No añoran ni a sus compañeros, ni la impresora buena... ni siquiera su silla ergonómica. Así lo revela un estudio de Actiu, compañía especializada en el ámbito laboral y en el diseño para mejorar las condiciones de trabajo.

Las razones que esgrimen los nostálgicos del centro de trabajo es que echan en falta una mayor relación con los compañeros (56%), los momentos de desconexión (33%), tener un espacio y mobiliario adecuados (32%) y disponer de herramientas tecnológicas ágiles y flexibles (22%). Según el dosier, los trabajadores –400 de toda España, de diferentes sectores y perfiles– consideran que lo peor del teletrabajo es la sensación de que la jornada laboral no termina nunca (46%), seguida de la falta de interacción con los compañeros y con el equipo, el no salir de casa, el aislamiento, la pérdida de vinculación con la empresa, la pereza, una menor iniciativa, menos competitividad... y también el engorde, porque trabajar en casa incluye, por lo visto, demasiadas visitas a la nevera. Además, hay un 30% de los encuestados que cree que el teletrabajo puede ser un hándicap en su progreso laboral. Vamos, que no es la bicoca que se creía. ¿Qué ha pasado?

Cuestión bioquímica

«Pues que no somos tan autosuficientes como creíamos y esto del teletrabajo forzoso nos lo ha demostrado. Va a ser un punto de inflexión –indica Soledat Berbegal, consejera de Actiu y promotora del estudio–. Una sonrisa o un simple ‘hola’ nos hace conectar con la gente y va directo a la psique. Hasta bioquímicamente estar con otras personas nos produce bienestar». Según explica, en el estudio se puso de relieve que cruzarse con los compañeros por el pasillo, verse junto a la máquina del café, una palmadita en el hombro cuando algo sale mal o, simplemente, contar los traspiés del día a día a los que tienes al lado para sentir su empatía eran cosas que los ‘teletrabajadores amateur’ echaban extraordinariamente de menos. ¡Y también las discusiones! «’Una buena bronca me da la vida’, nos han dicho algunos», desvela Soledat Berbegal. Al final, tanto los sentimientos de compañerismo y amistad, como los de debate y mal genio nos ‘activan’. De ahí que una de las bestias negras del teletrabajo repentino haya sido la falta de motivación, de creatividad y de compromiso de muchos trabajadores. El quedarse en ‘stand by’, como sin pilas.

En casa se añoran cosas como charlar en la máquina del café, contar tus penas o esa palmadita que te da el amiguete en el hombro cuando algo te sale mal

Y las dificultades para concentrarse, ya que, en muchos casos en casa no disponen de un espacio adecuado para trabajar y deben hacerlo, además, con niños alrededor. El más difícil todavía. Según un estudio de la OCU, el 44% de las personas que han conservado su empleo –no olvidemos el drama de que uno de cada tres empleados ha sufrido un ERTE o un despido a causa de la pandemia– asegura que su concentración ha empeorado al trabajar en casa. Entre los que tienen hijos a su cargo, este porcentaje asciende al 50%. Y, claro, la consecuencia de no poder prestar la atención necesaria redunda, a juicio de los encuestados, en que se resiente la calidad de lo que hacen. Así lo confiesa el 39% de los encuestados sin hijos y el 50% de los que tienen retoños pululando cerca de su ordenador. Ya saben, esos trabajadores que luchan por sacar adelante sus tareas mientras sus peques se pegan, piden ayuda con los deberes, demandan inflexiblemente la tableta o los dibujos animados o gritan barbaridades escatológicas en medio de videoconferencias con el jefe... un festival, vaya.

Alegría inicial del reencuentro

Este tipo de teletrabajo, el puesto en marcha de la noche a la mañana por la pandemia, es muy sui géneris. No se trata de teletrabajo ‘normal’. «Estar en casa trabajando a gusto, en otra situación, sin hacer labores domésticas y sin niños no es lo mismo, claro... Eso puede inclinar la balanza y hacer que tengas mala opinión de esta forma de trabajar, que, evidentemente, va a ir a más en el futuro», vaticina Enrique García Huete, director de Quality Psicólogos y profesor de Psicología de la Salud en la Universidad Cisneros.

Según explica, el regreso a las empresas y el reencuentro con los compañeros será emotivo y entrañable en muchos casos. «Inicialmente, cuando apreciemos lo que habíamos perdido». ¿Luego se nos olvidará? «Depende de muchas variables. Para empezar, de la personalidad de cada cual –sentencia el experto–. Los de personalidad introvertida, que no necesitan gente alrededor para funcionar bien, tal vez echen de menos su casa, pero los más extrovertidos, que precisan estímulos constantes y contacto personal, estarán encantados».

En cifras

50% es la proporción de personas con hijos que asegura que trabajar en casa afecta a su concentración.

73% es la proporción de ‘teletrabajadores’ por la crisis del COVID-19 que desean volver a sus empresas.

46% es el porcentaje de personas que cree que la sensación de que la jornada laboral nunca acaba es lo peor de teletrabaja