Rosa Suárez denunció por escrito que se le impide ver a su madre ingresada. / COBER

«Que no me dejen ver a mi madre es inhumano»

Todas las restricciones se suavizan salvo la suspensión de visitas hospitalarias en los niveles 3 y 4. Solo se puede acompañar a menores, embarazadas y pacientes terminales. Rosa Suárez lleva mes y medio sin ver a su madre de 95 años

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

Las guaguas y taxis ya pueden ocupar casi todas sus plazas, los bares pueden cerrar de madrugada, no hay problemas para viajar... Con el declive de la sexta ola, todas las medidas anticovid se están flexibilizando, salvo la prohibición de visitar a los enfermos hospitalizados en las islas en los niveles 3 y 4 de alerta sanitaria que, actualmente, rigen en todo el archipiélago.

La dureza de este inflexible protocolo establecido por la Consejería de Sanidad del Gobierno regional y similar al que aplican otras comunidades la sufren muchas personas. Una de ellas es la grancanaria Rosa Suárez. «Soy representante legal de una persona mayor, de 95 años, que está ingresada en un hospital y no se me permite el acceso para darle los cuidados que necesita. Cosa que no entiendo porque, a día de hoy, tenemos herramientas para hacer cribados como las PCR o los test de antígenos», sostiene la vecina de la capital grancanaria, que no ve a su madre desde el pasado 9 de enero.

Ese día, tras haber sido advertida en varias ocasiones por el personal sanitario, la policía la echó del hospital privado donde está ingresada su madre. Entonces acudió al juzgado a presentar una denuncia y le dijeron que debía formular su queja al centro sanitario. «Me sentí desamparada, incluso con la justicia. No es normal que tenga que ir a un juzgado porque quiera defender los derechos y la dignidad de una persona mayor, mi madre. Me niego a ser cómplice de este abandono y de este maltrato, por mucho que las instituciones me digan que lo haga. Hay herramientas para evitarlo y exijo que se apliquen con nuestros mayores», denuncia la afectada que entiende que las personas mayores y dependientes tienen muchas necesidades que un hospital no puede cubrir y menos aún cuando están saturados a causa de la pandemia.

Suarez está convencida de que el deterioro se habrá agravado por la soledad. «Creo que esto es un abuso que roza el delito. No se pueden vulnerar así los derechos de una persona mayor. Es una persona, no un objeto. No le pertenece al hospital ni a nadie. Yo puedo moverme, ir a cualquier lado, al fútbol, al centro comercial... y ¿no puedo visitar a mi madre que me necesita?», se pregunta indignada.

Y es que el protocolo es muy claro: en los centros sanitarios de las islas en nivel 3 y 4 «se suspenden las visitas salvo a menores de edad, gestantes, acompañamiento a pacientes terminales y cuando a criterio del facultativo lo considere necesario».

A Suárez, en el hospital, se lo dijeron de otra forma: «A no ser que tu madre se esté muriendo, no se te permite el paso».

Justo eso le pasó a la abuela de otra afectada, la teldense Rosa Pérez. Su pariente tuvo un ictus y perdió el habla. Semanas después, su estado se complicó con varias infecciones. No había forma de comunicarse con ella ni de verla. Incluso su familia se enteró de que había sido trasladada de un hospital público a otro concertado a posteri. «El personal médico ni siquiera podía llamarla por su nombre, porque en el DNI figura otro distinto al que usaba», lamenta su nieta que solo tuvo ocasión de despedirse de ella en sus últimas horas de vida. «Nos llamaron cuando la situación empeoró. Tengo que agradecer que dejaran que los nietos entráramos uno a uno y estuviéramos hasta el último momento, pero podríamos haber estado también antes para acompañarla. Aunque la visitara solo una persona, con una prueba de antígenos, con un equipo de protección, lo que fuera», comenta Pérez que no entiende cómo la mayoría de las actividades están recobrando cierta normalidad pero se impide estar al lado de un enfermo para darle la mano. «Lo hacen para evitar contagios, pero la salud mental también es importante y, sobre todo, que los enfermos no estén desamparados», recalca la afectada teldense que perdió a su abuela la semana pasada.

« Con el virus, estamos normalizando cosas que no se deben normalizar. Me niego a normalizar el abandono de los mayores», sostiene Suárez, que invita a quienes estén pasando por una situación similar a la suya a ponerse en contacto con ella a través del correo auxiliotardebqx@gmail.com. «Quiero cumplir con mi responsabilidad de tener a mi madre, el tiempo que le quede, bien. Que no le falte cariño», añade.

Este protocolo hospitalario parece ser la medida más inamovible de las fijadas en la lucha contra la covid en Canarias, mientras que horarios y aforos en el resto de actividades y espacios ya comenzaron la desescalada.

Otras comunidades, como País Vasco y Navarra, han retirado las medidas específicas para contener el coronavirus. Murcia lo prevé hacer hoy.

En Andalucía, se ha suprimido la exigencia de mostrar el certificado covid a las visitas hospitalarias. Un documento que se sigue pidiendo a quienes visitan a los hospitalizados de La Rioja.

En Extremadura, se plantean la normalización progresiva de las visitas a los hospitalizados en función de la incidencia.

En Cataluña, cada centro hospitalario tiene autonomía para fijar su protocolo en función del estado del paciente. Al igual que en Madrid, donde cada hospital fija un régimen de visitas en función de la situación epidémica.

En Canarias, la suspensión de las visitas hospitalarias en los niveles 3 y 4 está vigente hasta el 24 de febrero. Si bien, el Partido Popular ha propuesto al Parlamento de Canarias flexibilizar una medida que roza lo inhumano.