Dos agentes de la Unidad GRS número 8 de Tenerife se acercan con bombonas de oxígeno a una casa de La Bombilla para analizar los gases. / COBER-GERARDO OJEDA

El C02 sigue en niveles insoportables

El análisis de las emisiones de gases de origen volcánico en Puerto Naos y La Bombilla dibuja un horizonte incierto para los 1.500 vecinos desalojados

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Los Llanos de Aridane

Puerto Naos y La Bombilla, los barrios costeros de Los Llanos de Aridane, se libraron de las coladas pero siguen sufriendo los efectos de la erupción. Los 1.500 residentes de estas poblaciones continúan desalojados por culpa de los altos niveles de dióxido de carbono (C02) que vienen registrando desde noviembre.

Los científicos y las fuerzas de seguridad se adentran con asiduidad en los barrios fantasma para analizar la composición del aire contaminado por los gases de origen volcánico.

Unos y otros están deseando atisbar un descenso en las concentraciones de este gas pero, de momento, esto no sucede y se siguen detectando concentraciones de CO2 letales, incluso al aire libre. «Lamentablemente continuamos registrando en puntos muy concretos índices muy altos, pero altísimos, de dióxido de carbono», dice circunspecto el brigada Esteban Morán tras medir los niveles de este gas en 14 enclaves de La Bombilla.

El agente forma parte de la Unidad GRS número 8 de Tenerife, un equipo de la Guardia Civil especializado en emergencias RBQ, radiológicas, biológicas y químicas, que viene analizando la composición del aire desde el principio de la erupción volcánica y envía los datos al Centro de Coordinación Operativa Insular (Cecopin) de La Palma.

Ahora el grupo centra esta labor en La Bombilla. Allí, cuenta Morán, la concentración de oxígeno en el aire se reduce notablemente por la presencia de dióxido de carbono. «Normalmente, el aire contiene un 20.9% de oxígeno. En La Bombilla baja a un 9%. Es muy poco», se lamenta el brigada que asegura que hay lugares con niveles tan bajos de oxígeno que «puede ser peligrosísimo adentrase en ellos sin un equipo de respiración autónoma».

Los guardias civiles Esteban Morán y Javier Nicolás se protegen para hacer las mediciones con un equipo de respiración autónoma. / cober-Gerardo ojeda

Morán va pertrechado de espaldera con atalajes, bombona de oxígeno y máscara para medir con un sensor portátil la concentración de dióxido de carbono, de monóxido de carbono, gases sulfurosos y ambientes explosivos o inflamables.

Con esta protección y acompañado del agente Javier Nicolás, se acerca a la ventana de una casa-cueva. Está ventilada porque tiene una segunda ventana abierta. A una decena de metros de la vivienda, salta la alarma del aparato. Significa que el dióxido de carbono ha superado las 5.000 partes por millón. En la misma ventana, registra 48.000 partes por millón, con una caída del oxígeno que llega al 12%. «En el interior de la vivienda, sería imposible que una persona pudiera permanecer, caería a los pocos segundos», dice el guardia civil que detecta los niveles más elevados de CO2 en «los lugares más pegados a la ladera de la montaña, lugares cerrados, casas cueva, alcantarillas y callejones donde corre poco viento.

La letalidad de estas concentraciones se aprecia en la aparición de restos de animales. « Hemos visto tórtolas, gatos y lagartos muertos y siguen apareciendo. Hoy he visto un ave en un sitio donde no estaba hasta ahora», reconoce Morán que viaja a La Palma para hacer estas mediciones cada dos semanas.

Los agentes de la Guardia Civil coinciden en La Bombilla con los científicos del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan). También analizan los gases allí y en Puerto Naos, pero de forma continuada. Cambian impresiones y datos. Coinciden. Ninguno de ellos puede dar buenas noticias sobre un descenso de las concentraciones de CO2.

« Lo normal es un contenido de 400 o 500 partes por millón (ppm) de dióxido de carbono en el aire. Y allí estamos midiendo 140.000 ppm en la calle, a veces hemos llegado a medir 200.000 partes por millón en espacios abiertos», relata el geoquímico de Involcan, Pedro Hernández.

Las dos redes de medición de gases de Involcan dibujan un panorama oscuro. «El problema aquí es bastante complejo: primero, es una zona extensa y luego hay puntos en los que los niveles de CO2 se mantienen, en otros disminuyen y en otros, aumentan», dice el científico. Actualmente, apunta, la zona cero es la Playa Chica de Puerto Naos. «Ahíhay tanto C02 que se nota hasta visualmente, como cuando el asfalto está muy caliente. El calor cambia la densidad del aire y se ve ese efecto con la imagen ondulante. Ahí hay tanto gas que te cambia la densidad del aire y se ve», apunta Hernández.

Involcán cuenta con dos redes de vigilancia de gases en la zona. Una no instrumental instalada en Puerto Naos y formada por 45 trampas alcalinas que contienen disoluciones de dióxido de potasio que disuelven el dióxido de carbono. «Están instaladas en los interiores de inmuebles. Nos permiten observar qué zonas presentan mayor nivel de dióxido de carbono y la variabilidad espacio- temporal. Podemos monitorizar la cantidad de CO2 que absorben», explica el geoquímico.

Pese a que estas trampas identifican dónde están las zonas de mayor peligro y cómo van variando, este proceso es, de momento, imprevisible. « Todavía no hemos entendido el patrón temporal de esta evolución.No hemos visto ninguna señal que indique una disminución generalizada. Aunque sabemos que este proceso tiene que terminar algún día, ahora mismo no sabemos cuándo va a ser», lamenta.

Además de estas trampas, Involcan dispone de una red instrumental de estaciones de seguimiento de la concentración de CO2 en Puerto Naos y en La Bombilla. En esta última localidad hay también una estación distinta que permite medir el flujo de dióxido de carbono que sale de una cueva. «Nos dice qué cantidad de dióxido de carbono se emite a través del suelo y podemos ver a lo largo del tiempo si aumenta o disminuye. Ahora, en La Bombilla la emisión es constante, de entre 8 y 10 toneladas al día», comenta el geoquímico sobre los datos ofrecidos por esta estación en concreto.

«Esta red nos permite medir la concentración de modo continuo, cada diez o quince minutos, y cotejar los resultados con los parámetros externos meteorológicos para saber cómo están modulando los niveles de concentración», explica Hernández sobre las estaciones; cuatro instaladas en La Bombilla y otras ocho en Puerto Naos, en colaboración con la Universidad de Azores, la Dirección General de Emergencias y la Universidad de Düsseldorf.

Según Hernández, el problema de la emisión de CO2 en estos núcleos costeros comenzó a mediados de noviembre, pasados dos meses del inicio de la erupción. Justo entonces se abrió un salidero de lava al sur del cono que afectó a parte del cementerio ubicado en Las Manchas.

El geoquímico de Involcan, Pedro Hernández, calibrando un sensor portátil. / cober-gerardo ojeda

«En esos días, de repente, la presencia de CO2 en la zona subió. Hubo algún tipo de fracturación que hizo que empezara a salir gas. No se sabe aún qué ocurrió», afirma el científico de Involcan.

Hay quienes dudan de la afección a la salud de estas concentraciones de CO2. «En el caso del dióxido de carbono, en pequeñas concentraciones no hace nada, pero por encima del 14% en el aire es letal. Aquí hemos encontrado puntos con un 70% de CO2 en el aire. En Puerto Naos, lo máximo que hemos encontrado es de un 55% en interior. Al aire libre, incluso un 30%», explica Hernández.

«Aquí hay gente que ha tenido problemas respiratorios. Si estás continuamente respirando 5.000 o 6.000 partes por millón de CO2 -aproximadamente 0,5 o 0,6%- empiezas a tener problemas de salud», abunda recordando el caso de un ingeniero que participó en la instalación de las desaladoras de Puerto Naos. «Fue quien descubrió el problema. Se metió con un equipo autónomo en un garaje y, a la mitad, se tuvieron que salir. Empezó a sentir cómo le quemaban las piernas. En ese garaje fue donde se midió una concentración del 55% de CO2. Imagínate si entrara alguien a sacar un coche. Ahí se queda», asegura el científico.

Confusión y bulos

Pero los vecinos están hartos de esperar el retorno a sus casas y negocios y son cada vez más incrédulos. De hecho han llegado a acusar a los científicos de falsear la realidad. «Se está confundiendo a la gente. Algunos irresponsables están alentando falsedades en las redes y en whatsapp. Dicen que todo esto es una mentira. Hace unos meses se nos acusó a nosotros -se lo dijeron a mi compañero- de matar gatos en El Paso y en Los Llanos y de poner aquí los cadáveres para traer pruebas», lamenta el geoquímico.

Esta crispación ha obligado a convocar una reunión en la que los expertos explicarán a los desalojados la problemática de los gases. El objetivo, evitar una protesta prevista en la entrada de Puerto Naos que podría poner en peligro la vida de quien, atendiendo a voces ajenas a la emergencia, se arriesgue a entrar en un ambiente potencialmente letal.

Los científicos explican la situación a los afectados

Los científicos explicarán a los vecinos de Puerto Naos y La Bombilla el problema que están generando las altas concentraciones de CO2 en estas poblaciones costeras, que impide el regreso a sus viviendas y negocios con garantías de seguridad. La reunión, convocada por Revivir el Valle este martes, a las 18.00 horas, en el terrero de lucha Camilo León de Los Llanos de Aridane, tiene como objetivo aliviar la incertidumbre y «la creciente controversia social» entre la población afectada que no puede regresar debido a la existencia de gases incompatibles con la presencia y actividad humana. En los últimos días, los vecinos, a través de las redes sociales, están cuestionando el cierre del acceso a ambas poblaciones y están planteándose convocar una protesta.